“Si lo reeligen, Uribe terminará muy mal”

La senadora Cecilia López inscribirá su nombre esta semana para disputar la candidatura del Partido Liberal a la Presidencia. Asegura que no se amilana por los bajos porcentajes del liberalismo en las encuestas.

Dice que ser la única mujer en la consulta interna contra varios hombres es una ventaja. Y señala que no le preocupa buscar votos en un país mayoritariamente de derecha.

La semana entrante será de mucho movimiento en el liberalismo porque se aproxima el cierre de fechas para los que decidan, finalmente, participar en la consulta interna del partido como precandidatos presidenciales. Muchos nombres han estado sonando pero algunos no se concretarán. La senadora Cecilia López, destacada parlamentaria que ha obtenido varios reconocimientos a la mejor congresista, estuvo madurando la idea durante meses y el miércoles dará el paso formal para su inclusión en la contienda, cuando inscriba su nombre. En los días siguientes también se inscribirán Alfonso Gómez Méndez y Rafael Pardo, los dos aspirantes que llevan más tiempo cultivando votantes. Meditan todavía si toman ese camino, Aníbal Gaviria, Iván Marulanda y otros dos hombres públicos que se sumaron a última hora a la posibilidad de ampliar la carta: el ex procurador Edgardo Maya y el senador Juan Fernando Cristo.

La otra mujer que podría disputar la candidatura liberal, Piedad Córdoba, ha dicho que no le interesa el tema. Sin embargo, es sabido que con los políticos profesionales nunca se sabe si un no es un sí, o a la inversa. De cualquier manera, es casi seguro que Córdoba se mantendrá en el escenario de la paz y del intercambio humanitario, que le ha brindado más réditos que toda su carrera pública. En consecuencia, la senadora López será la única representante del sexo “débil” en la competencia interna, aunque ella no se ajusta a ese calificativo discriminatorio, debido a la fortaleza de su carácter. Por este motivo, y sobre todo porque el juego de la política es rudo, sus rivales masculinos no le concederán ninguna gabela.

Curiosamente, López les lleva una ventaja para esta época de crisis nacional y mundial: es experta economista con gran trayectoria en la ejecución de políticas macroeconómicas y cuenta con buena fama en los organismos internacionales del sector. No obstante, tiene al frente varios obstáculos que ella se niega a aceptar como tales: es mujer en una región que, pese a los avances, aún posee fuertes rezagos de conducta machista; no tiene cómo financiar su campaña y es tan dura crítica de Álvaro Uribe y del Gobierno, que muchos la descalifican tachándola de izquierdista en un país que sospecha de quien no es de derecha recalcitrante.

Cecilia Orozco Tascón (C.O.T.)– Para la precandidatura y una eventual candidatura, ¿su condición femenina le da ventajas o la pone en desventaja?

Senadora Cecilia López (S.C.L.).– Es una ventaja. Este es un buen momento para las mujeres políticas de América Latina: hay un gran número de precandidatas presidenciales en Brasil, Ecuador, Panamá y Costa Rica y se había pensando que aquí habría por lo menos cuatro aspirantes. Tenemos presidentas en Chile y en Argentina. Michelle Bachelet cuenta con un reconocimiento interesante por haber hecho un manejo muy distinto de la economía, ahorrando en épocas de opulencia. Esa decisión no la tomaron presidentes hombres, como el de Colombia.

C.O.T.– El Liberal es un partido de centro. Por eso es curioso que allí surjan dos mujeres de izquierda tan caracterizadas como usted y Piedad Córdoba. ¿A qué le atribuye ese fenómeno?

S.C.L.– A que somos mucho más sensibles en todas las áreas de los temas sociales. Eso lo ha demostrado Piedad con su gran lucha por la paz y por la liberación de los secuestrados. Por mi parte, creo que he sido clara en mi compromiso con los desplazados, con los desempleados y con los empleados informales. Estos son temas más asociados con un ala de centro-izquierda que con la derecha.

C.O.T.– Siendo de tendencia de izquierda, ¿se siente cómoda con su partido?

S.C.L.– He estado cómoda en el sentido de que no me han frenado. En el liberalismo no hay delitos de opinión y por eso puedo apartarme de sus posiciones, como por ejemplo en relación con el TLC. En el debate sobre libre comercio, me dolió que el partido me dejara sola después de haberme ‘matado’ durante meses estudiando mi ponencia y me gustaría que fuéramos más fuertes en ciertos temas. Aún así, no me he sentido incómoda porque nunca he sido maltratada a pesar de que muchas veces tengo posiciones más duras que las que preferirían ciertos sectores del liberalismo.

C.O.T.– ¿Por qué decide lanzar su precandidatura con el gran costo que esa decisión tiene, si en todas las encuestas el Partido Liberal aparece en los últimos lugares?

S.C.L.– Considero que tengo una profunda responsabilidad con la gente después de veinte años de vida pública y de casi treinta de vida profesional. Eso me ha dado una visión que le puede aportar sustancia al debate de ideas en el país. No me preocupa si tengo éxito personal aunque, obviamente, uno se prepara para ganar. Pero me dejaría tranquila si el Partido Liberal es capaz de presentar una plataforma de propuestas concretas. Es ahí donde puede estar mi gran contribución.

C.O.T.– En caso de que no logre ser la precandidata del liberalismo, ¿se presentaría en marzo de 2010 para el Senado?

S.C.L.– Acepto lo que decida el partido. Si dice que no es equitativo que quienes hayan hecho campaña como precandidatos se postulen después para el Congreso, acataré la orden. Si el partido considera que precisamente las personas que se presentaron a las precandidaturas son quienes pueden ser más eficientes en el debate parlamentario en momentos tan difíciles, también acogeré esa decisión.


C.O.T.– Después de ocho años de Uribe, Colombia se ha volcado a la derecha. ¿Este país elegiría a una persona como usted?

S.C.L.– Creo que mi fortaleza en temas económicos va a ayudar mucho en esta crisis. La gente me conoce y sabe que tengo una historia de trabajo en economía con una visión internacional mucho menos provinciana que la del presidente Uribe. Puedo entender la globalización mejor de lo que la ha entendido este gobierno, y de pronto, como dijo Rudolf Hommes en una columna, también puedo dar una gran sorpresa.

C.O.T.– Con la probabilidad tan alta de que haya un tercera candidatura del Presidente, ¿cree que hay igualdad de condiciones para competir con él? 

S.C.L.– No me cabe la menor  duda de que la democracia está amenazada y la demostración de eso es el vergonzoso comportamiento del Congreso. Por su parte, el país está dividido entre la gente agradecida con Uribe y la gente asustada con él. Los agradecidos son aquellos a los que el Presidente les ha posibilitado tener más dinero del que tienen, y unos pobres a los que les ha dado limosnas. El resto anda atemorizado por la concentración de poder. El Presidente ha practicado un populismo que Colombia no conocía: el de los dictadores. Vivimos unas circunstancias políticas muy difíciles que serían peores si aquellos que todavía tenemos la capacidad de opinar, de proponer ideas y de movilizar ciudadanos, nos conformamos.

C.O.T.– Si no hay posibilidades democráticas para competir, ¿no sería más efectivo que la oposición no participara en las elecciones y que el candidato presidente se quedara solo?

S.C.L.– No, porque con esa actitud demoraríamos el debate sobre los errores profundos que está cometiendo el Gobierno frente a la situación social. Economistas que no son precisamente de la oposición me decían que, según los cálculos que han hecho, podemos llegar a un desempleo del 15 ó 16%. Es decir, que la cifra de tres millones de desempleados que en algún momento anuncié va a ser cierta. Hay tantos problemas sociales que si uno se calla, sería una irresponsabilidad.

C.O.T.– Sin embargo, Uribe sigue teniendo respaldo popular...

S.C.L.– Sin duda el Presidente ha tenido éxitos y nadie le niega sus triunfos en el campo de la seguridad. Pero él no ha querido entender que la economía sí importa y está mostrando una profunda incapacidad para asimilar el golpe de esta crisis tan seria. El Gobierno puede haber ‘comprado’ al Congreso y puede haber hecho lo mismo con la Corte Constitucional. Puede haber amarrado a algunas empresas que realizan encuestas, lo cual es aterrador para la democracia. Pese a todo, no hay que bajar la guardia porque las consecuencias de la crisis llegarán.

C.O.T.– ¿Cuáles son sus objeciones con las encuestadoras?

S.C.L.– Algunas son muy serias, pero lo que pasa con Datexco me tiene muy preocupada.

C.O.T.– ¿Qué pasa con Datexco?

S.C.L.– Simplemente quisiera que me confirmaran o que me negaran si José Roberto Arango (ex asesor presidencial) es uno de los accionistas. Todos lo conocemos y yo lo aprecio, pero es una persona muy cercana al Presidente. Además, en estos días se informó que el viceministro de Justicia, hermano de Sandra Ceballos —cuya muerte nos dolió— también es accionista de Datexco. Hay más encuestadoras cercanas al Primer Mandatario y, ante las críticas que les hacen, dan unas explicaciones absurdas. Hay otras empresas muy serias y yo confío en que ellas asuman la responsabilidad de no permitir que se desoriente al país. Pero también, de otro lado, pienso que entre más inflen al Presidente, más duro será el golpe.

C.O.T.– Pues tal como se ven las cosas hoy, van a reelegirlo.

S.C.L.– ¿Sabe qué pienso a veces? Que sería bueno que lo reeligieran a ver qué va a hacer con los problemas que ha creado: los ingresos fiscales congelados; el sistema tributario perforado; el trabajo formal sin estímulos; los agroindustriales con los bolsillos llenos, los campesinos peor que nunca y la clase media, la que ha sufrido y sufrirá el mayor golpe de la crisis, tratando de acomodarse para sobrevivir.

C.O.T.– Entonces, ¿usted está entre quienes creen que si el Presidente es reelegido, terminará muy mal?

S.C.L.– Si lo reeligen, Uribe terminará muy mal. Antes pensaba que sólo tendría problemas en términos de Derechos Humanos pero ahora estoy convencida de que también lo afectará su política económica y aunque no me lo crean, su política social. El Presidente enfrentará el siguiente dilema: no hace nada, se le acaba la economía y se le enreda la reelección; o hace algo, y le tocará endeudarse hasta el alma porque gastó todo cuando era prudente no hacerlo. En consecuencia, le va a quedar un hueco fiscal enorme y sin posibilidades de cobrar impuestos pues él mismo se cerró las puertas. Tendrá que reversar su populismo y si tiene un ápice de responsabilidad, deberá tomar unas decisiones económicas dramáticas como la de elevar los impuestos en una gran proporción; de pronto tendrá que aumentar el IVA y eso golpearía a la gente, o tendría que penalizar a los ricos que han sido su gran soporte.


C.O.T.– Ese panorama que usted pinta no corresponde con la euforia triunfante que vive el Congreso: en menos de tres días se aprobó el referendo reeleccionista y se presentó una reforma constitucional para asegurar la continuidad del Presidente.

S.C.L.– Eso se explica porque la politiquería de Uribe y de su gente ha acaparado y anulado todo espacio de debate del Congreso. La semana pasada hicimos una interesante sesión económica en la Comisión Segunda y nadie le paró bolas porque todo gira alrededor del referendo y de la propuesta de reforma constitucional para hacerse reelegir. Este es un gobierno totalmente aislado de una realidad distinta a la de su reelección. Le importa un rábano que su política económica haya causado problemas laborales enormes y le preocupa muy poco el impacto que vaya a haber en empleo porque está montado en una nube.

C.O.T.– ¿No será que está exagerando sobre el tamaño de la crisis económica?

S.C.L.– Cómo será de dramática la situación, que el Presidente logró algo que yo creí imposible: unir a los economistas neoliberales y socialdemócratas, que nos hemos estado ‘matando’ en los últimos quince años. Quiero decirle que en este momento se está construyendo un consenso entre estos dos grupos alrededor de los profundos errores que está cometiendo el Gobierno en materia de política económica y social. Los insumos del debate que le hicimos la semana pasada al Ministro de Hacienda provinieron de un comentario de Armando Montenegro en su columna de El Espectador; de Salomón Kalmanovitz, quien me dio información muy valiosa, y de otros economistas como Guillermo Perry, la gente de Fedesarrollo y analistas de todas las tendencias.

C.O.T.– En las dos últimas semanas ha habido críticas muy fuertes por el tema de Derechos Humanos de parte de congresistas británicos y norteamericanos que han visitado el país. ¿Qué repercusión cree que tendrá ese tema en la campaña?

S.C.L.– Hace poco estuve en Estados Unidos y hablé con muchas personas. Allá están aterradas con lo que está sucediendo con la democracia colombiana mientras que aquí quieren ‘hacerse los locos’ con ese tema que va a reventar, tarde o temprano. Obama y el gobierno demócrata no han hecho sino mostrar que no les interesa la administración Uribe. No lograron que el presidente norteamericano pasara por aquí y tampoco pudieron conseguir una cita con él en la Cumbre de las Américas. Los demócratas están preocupados con Uribe porque en cierto sentido lo ven muy parecido a Chávez. El tema de Derechos Humanos es muy grave y ahora se viene un asunto más hondo en esa área, que es el de los desaparecidos.

Dura crítica económica

Cecilia López ha sido una aguda observadora del modelo económico de los gobiernos de Uribe. Como vocera del Partido Liberal ha hecho duros debates en el Senado para cuestionar a los ministros de Hacienda y de Agricultura, entre otros. La semana pasada condujo una discusión y enfrentó a Óscar Iván Zuluaga por el daño que sufrirá el país si la administración no toma medidas para moderar las consecuencias de la recesión mundial y de la crisis nacional. Según la congresista, en la actual coyuntura se podrían perder 700 mil empleos y habría 3,5 millones de nuevos pobres.

Para evitarlo, propuso un programa de choque con el fin de crear un millón y medio de empleos de emergencia que se financiarían con la eliminación de subsidios “innecesarios” concedidos a las empresas, medida con la cual se generarían $6 billones; la reasignación de $7 billones de los dividendos de Ecopetrol; medio billón de utilidades del Banco de la República en 2009, y la inversión de $1 billón en el mejoramiento de la malla vial de Bogotá, entre otros. A esa propuesta sumó otra de censura política: integrar un equipo de alto nivel para que se encargue de la ejecución de los proyectos, en vista de la incapacidad de las entidades responsables. Al ministro Zuluaga no le hizo mucha gracia el debate, pero tendrá que volver esta semana para escuchar su conclusión.