Un plagio económico

El Eln le debe a Margarita de Cotes más de 230 días de vida. Y varios millones de pesos.

Este “ejército de liberación nacional” se ensañó contra esta ama de casa, nacida en Santa Marta, y su familia durante poco más de cinco años. No sólo la raptó a ella en momentos en que intentaba negociar la liberación de su esposo, el ganadero guajiro Rogelio Cotes, quien por tercera vez había sido secuestrado por esa guerrilla, sino que los desplazó de su tierra y prácticamente los dejó en la ruina.

“Primero en el 96, y luego en el 97, la subversión me robó a mi esposo. Afortunadamente, en ambos casos no duró más de un mes secuestrado. Sin embargo, no sucedió así la tercera vez, en 2001, cuando se lo volvieron a llevar de nuestra finca ‘El Espejo’, en Chiriguaná, Cesar, y nos exigieron a mis hijos y a mí una cantidad exorbitante de dinero. No teníamos cómo pagar.

Cuando por fin había negociado una cifra, gracias a la venta de varias propiedades y de préstamos de algunos bancos, me exigieron que tenía que llevar yo misma el dinero y aprovecharon para secuestrarme. Fueron días y noches de pesadilla. Al cabo de casi un año, se dieron cuenta de que de verdad la familia no tenía cómo pagar y nos liberaron.

Yo no había denunciado los dos primeros secuestros de mi esposo por temor a que lo mataran y no quisieran negociar. La tercera vez lo hice y aconsejo a todas las familias que viven este drama, que lo hagan. Si no, será una extorsión eterna. Incluso de personas ajenas, como un timador que me hizo creer que era guerrillero, sólo para robarme plata.

Muchos amigos han padecido el mismo drama. En el secuestro extorsivo, el que no paga no sale. Los captores venden hasta las pruebas de vida. Las primeras veces suelen fiar la liberación, es decir, dejan libre a la persona y uno les paga después, pero cada vez se ponen más exigentes”.

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