El indisciplinado poeta Rivera

<strong>El Espectador</strong> viajó a Elías, municipio del Huila, donde reposan las calificaciones del poeta. El autor de ‘La Vorágine’ fue suspendido del colegio por mal comportamiento.

Óscar Javier Vargas, sacerdote de Elías, municipio ubicado al sur del Huila, alza su brazo derecho y baja de la pared un antiguo cuadro que parece perdido en medio de un salón del desaparecido colegio San Luis Gonzaga, seminario religioso donde estudiaban los sacerdotes de la época.

Los pedazos de pintura se desprenden de la pared, mientras el cura limpia el cuadro que contiene las calificaciones originales del poeta huilense José Eustasio Rivera, autor de la novela La Vorágine y considerado como uno de los más importantes escritores de América.

Las notas, escritas en letra cursiva y en una tinta de pluma clara, están consignadas en dos páginas grandes que están pegadas y divididas en cuadros pequeños donde se registran las notas de los 42 compañeros de Rivera, en  1903, una de las primeras promociones de la institución. José Eustasio aparece dentro de los últimos en el listado porque eran ordenados alfabéticamente.

El documento, encontrado en el historial del colegio de monjes, revela que Rivera era un excelente académico y sus calificaciones eran las mejores del curso. Lo extraño es que su comportamiento era pésimo y su puntaje nunca subía de cero. Jairo Paredes, historiador de Elías, cuenta que la figura de la literatura colombiana saltaba las tapias del internado y junto a Genaro Díaz, su amigo y confidente, huían hacia Timaná, municipio cercano donde estaban internadas las niñas estudiantes del colegio La Presentación.

La versión es confirmada por el actual párroco del municipio. “Tenía una disciplina terrible. Crearon un camino en medio del monte y salían al otro pueblo; como vivían internados querían visitar las jovencitas del otro seminario”.

“Para José Eustasio resultaba insoportable y sofocante estudiar en un colegio de sacerdotes porque era revolucionario y tenía ideas de izquierda”, cuenta el docente e historiador Antonio Iriarte Cadena, quien le ha seguido los pasos a Rivera.

Según conoció El Espectador, los monjes de la época, todos docentes, no comulgaban con los escritos que el literato realizaba desde joven, porque consideraban que incitaban a la conducta inmoral. Ante esto, el joven de 14 años pidió permiso para ausentarse definitivamente del colegio por quebrantos de salud.

El consejo general de la institución se reunió el 29 de marzo de 1904 y decidió expulsarlo. “Era inmoral y su conducta no era la mejor”, concluyen.

Sin embargo, al autor de La Vorágine no lo detuvo la suspensión del seminario y del colegio Santa Librada de Neiva para convertirse en doctor en Ciencia Política 17 años después y escribir uno de los libros más leídos en el mundo.

Y aunque el obispo Rigoberto Corredo, de la Diócesis de Garzón, decidió cerrar el seminario San Luis Gonzaga porque no era rentable económicamente, las memorias de José Eustasio Rivera y Misael Pastrana Borrero (ex presidente de Colombia), quien también estudió en la institución, siguen latentes en la mente de los pobladores.

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