Una epidemia de paranoia

México asegura que la enfermedad empieza a ser controlada. El virus le ha costado US$56,8 millones diarios a la capital.

Desde el viernes pasado, cuando el gobierno de la capital mexicana decretó la alarma por un nuevo virus de la influenza, no pasa una hora sin que me asome a las páginas de los principales medios mexicanos. Sentirse enterado del curso que sigue la epidemia, tomar vitamina C y usar tapabocas al salir a la calle es lo poco que se puede hacer para ganar algo de tranquilidad en medio de una epidemia que nadie pudo anticipar.

Pero las cifras oficiales de infectados (que ya sobrepasan los 1.900), las medidas adoptadas por el gobierno para frenar la dispersión del virus, la opinión de virólogos y expertos, así como las pérdidas económicas que ascienden a US$150 millones por día, hacen un gran contraste con esas otras historias que no son noticia y que circulan en el voz a voz, en la calle, en los taxis, en los blogs, en el supermercado de la esquina, en la farmacia...

“Yo casi no tengo estudios, pero soy bien malpensado”, me dijo un taxista cuando le pregunté qué opinaba de la epidemia de influenza, “usted no tiene memoria, no tiene idea de cuánto nos han engañado”. Su teoría es sencilla: cada vez que se aproxima una crisis económica, un conflicto político o el gobierno quiere aprobar a escondidas algún decreto, inventan cortinas de humo. Pero, ¿cómo explica que en otros países también existan casos de pacientes infectados? Su argumento: “Pues esto les sirve a todos los países, a todos los gobiernos. España, por ejemplo, es el más jodido de Europa y verá que es de los que tienen más casos”.

Lo que creía una opinión excepcional, teorías de conspiración de un taxista solitario, se fue convirtiendo en regla. En el siguiente taxi que abordé el conductor trató de explicarme por qué resultaba inútil el tapabocas, cómo mentían los médicos y lo sospechoso que resultaban los partidos de fútbol sin público. “Mire amigo, yo sé de ganados, y cuando aparece una epidemia no se carga a uno u otro animal, se lleva a casi todos. Así que si es cierto lo de la epidemia y me toca, pues me toca”.

El escepticismo no sólo iba por cuenta de los taxistas y de las decenas de personas que en la calle salen sin tapabocas. También entre los blogueros mexicanos el asunto de la epidemia se convirtió en broma y suspicacia. Al punto que Ira Franco, quien escribe uno de los blogs más populares aquí en el Distrito Federal, regañó a los cínicos que no toman en serio la alarma. “Claro que los que puedan usarán esta crisis a su favor: los partidos políticos, el gobierno federal y el gobierno de la ciudad, los entretenedores en los medios y hasta los pinches padres católicos... Eso no quiere decir que esta no sea una crisis real”.

Un amigo mexicano, escritor y profesor de la Universidad Iberoamericana, cree que el escepticismo de muchos de sus compatriotas hunde sus raíces en la historia de un país que vivió gobernado por un mismo partido por casi 90 años: nadie le cree a nadie. Quizá por eso mientras el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, daba un parte de tranquilidad porque el número de víctimas mortales estaba disminuyendo, otra cosa pensaban los que se agolpaban en los supermercados.

A las 8:00 de la noche, en el Sumesa, un concurrido supermercado, la congestión en el pasillo de los enlatados era grande, pasaban parejas y señoras con carritos repletos de cereal, granos, 10 y hasta 20 cajas de leche. Una gran fila en la sección de farmacia, donde ya estaba agotado el Redoxón y los tapabocas.

Mientras pasan las horas, la responsabilidad y cooperación de millones de mexicanos les hace contrapeso a los que aún se niegan a creer lo que está sucediendo. Por suerte el humor no ha huido y La cumbia de la influenza, un hit oportunista, sigue sumando oyentes. En el portal de videos YouTube la canción de la agrupación Cariño ya reclutó más de 150.000 visitantes. Así le cantan a la gripe mexicana: “Es la noticia del día, la influenza ya llegó, compren todos medicina pa enfrentar al batallón; es mejor que te dé un sida, un cáncer o comezón, más vale ser suicida con taquitos de pastor, porque dicen que es la gripe perfecta, vete de la capital, pronto todo va a estallar...”.

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