Albert Sasson, el hombre de las energías vegetales

El microbiólogo francés-marroquí defiende el uso de los biocombustibles.

Es un hombre grande, de afables maneras, tranquilo. Habla pausadamente, argumentando cada punto de una discusión que tiende a girar, casi involuntariamente, sobre un tema que lo apasiona: los biocombustibles. En esencia, Albert Sasson es un científico, un microbiólogo. Sin embargo, su trayectoria laboral ha tendido a desarrollarse por fuera de los laboratorios, eso sí, siempre a favor de la investigación y el aprovechamiento del ingenio de aquellos que viven entre batas y probetas para trabajar por el bien de la humanidad.

Pasó por media docena de oficinas en la Unesco, hasta que llegó a la subdirección general, cargo que ocupó durante tres años. De ahí, ya jubilado del organismo multilateral, se trasladó a la silla de consultoría de diferentes organizaciones en el mundo, incluyendo universidades y el reino de Marruecos.

Desde hace varios años se dedica a analizar y difundir las bondades de los combustibles vegetales, una de las alternativas energéticas que se pusieron de moda en la agenda de varios gobiernos en todo el planeta desde hace aproximadamente 30 años. “No se trata de sustituir el petróleo, pero sí de disminuir la dependencia”, dice Sasson. Dependencia de un bien que se agota con rapidez y cuyos efectos colaterales, sumados a otros factores, comienzan a incluir a la humanidad en la lista de especies en vía de extinción.

“¿Por qué el biocombustible es atractivo?”, se pregunta Sasson. “Porque no produce más CO2. El mismo Henry Ford, uno de los patriarcas de la industria automotriz norteamericana, predijo, en su momento, que el etanol era el combustible del futuro”. El profesor Sasson asegura que en las plantas no sólo hay un potencial energético importante, sino toda una industria que ha dado grandes ganancias y beneficios para países como Brasil, que han sabido aprovechar los ocultos poderes que hay en el verde de la caña de azúcar.

Actualmente Brasil es el mayor productor de azúcar del mundo, así como uno de los países donde más se utiliza etanol. El cambio comenzó en 1975. En un poco más de tres décadas los brasileños, utilizando tecnología y mano de obra local, lograron que el 83% de los carros que circulan en el país emplearan gasolina mezclada con etanol, algo que se conoce como flex fuel, siendo así líderes mundiales en el desarrollo de los motores flex fuel y producción de etanol.

En el cajón de las sorpresas energéticas, el pequeño baúl de tecnologías experimentales que aún son más mito que otra cosa, está guardado el hidrógeno como suprema esperanza de una energía completamente limpia e inagotable. Sin embargo, el futuro en donde ésta sea la fuente de energía que mueva el mundo aún está lejos. Por esta razón el profesor Sasson les apuesta a los vegetales como salvación, o al menos como alternativa rentable y pragmática de la economía, el medio ambiente y la ciencia en cuanto a combustibles se refiere.

Desde el laboratorio y la paciente investigación de las plantas, advierte Sasson, podría llegar la próxima evolución energética. Si bien no se trata de sustituir por completo los hidrocarburos, la discusión gira en torno a la forma como se pueden crear modelos de aprovechamiento de los recursos que sean más eficaces y amigables con el ambiente.