“1989”, un punto de partida

La segunda producción del cine colombiano que viajará a participar en Cannes.

En el ámbito de los comerciales, el nombre de Camilo Matiz funciona como un sello distintivo, porque propone la diferencia, porque le interesa arriesgarse y salirse de los moldes de un universo que cae fácilmente en los estereotipos y en los lugares comunes. En el mundo del cine acaba de aparecer su nombre como una gran sorpresa de boca abierta. No solamente porque en su debut filmográfico, 1989, haya sido seleccionado para participar en el Festival de Cannes 2009 , sino porque logró que un actor polifacético como Vincent Gallo, muy reconocido en el cine independiente americano y quien acaba de filmar la última película de Francis Ford Coppola, aceptara trabajar con él y su equipo de producción.

Sus comerciales se nutren del lenguaje cinematográfico y son en realidad los que le han permitido pulir la técnica, por estar en constante práctica. La película está filmada en Súper 35, pero hay una escena donde utilizó una cámara K2, de las cuales sólo existen veinte en el mundo. Esa escena, en tiempo real de filmación son tres segundos y medio y a través de este prodigio de la tecnología se convierten para el regodeo de la mirada en seis minutos, gracias al reto de filmar a mil cuadros por segundo.

1989 sorprende y emociona con sus 40 minutos de duración, porque es como un cortometraje que se desarrolla en el imperio del largo, por darles cabida a los silencios cinematográficos, por darle sofisticación a la pantalla en su máxima expresión, por unas actuaciones que no dejan vacíos y por tener la contundencia del cuento con las palabras justas y precisas.

Esta producción fue concebida por Matiz y realizada con la simple intención de hacerla, sin fines de competir y sin afán de protagonismo. Por esa misma razón, su película no aplicó a ninguna convocatoria, para no deberle nada a nadie. Por esa misma razón, se desarrolló sin ruido, durante cuatro días, en Bogotá. Quizá ese hermetismo que se coló junto con un rumor llegó a interesar a Cannes sin que él lo sospechara y hoy su participación es un gran reconocimiento que no esperaba.

La historia para crear el personaje interpretado por Vincent Gallo surgió cuando  Matiz conoció a Byron en elautódromo de Tocancipá, el sicario que iba manejando la moto cuando mataron a Rodrigo Lara Bonilla en 1989. “Compartíamos la pasión por las motos. Cuando lo conocí, me cargué de una energía muy extraña y me sentí muy mal con él”. Ese encuentro fue la génesis para crear un personaje con un trasfondo humano con una complejidad reflejada en sus palabras, sin que haya un epílogo de la violencia, ni un pasado, ni un futuro, sólo un instante en el tiempo. Un monólogo de la existencia humana.

“No me manden ningún guión porque nunca he leído ninguno en mi vida, incluyendo las películas en las que he actuado y las que he dirigido. Por favor no me hable de la película que algún día hará. Estaré muerto antes de que eso pase”, advierte Vincent Gallo en su página personal en la red. Con esta advertencia, es difícil pensar que Matiz lograra contactarlo sin intermediarios, como un usuario más del ciberespacio.

El 21 de mayo, esta película cerrará la semana de la crítica en Cannes.

 

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