Las Farc, un año después

A pesar de los duros golpes recibidos, la guerrilla envía señales de recuperación.

El 2 de julio de 2008 se confirmó que más allá de la propaganda oficial, aspectos neurálgicos de las redes de seguridad y comunicación de las Farc habían sido revelados y vulnerados. La llamada ‘Operación Jaque’, que trajo a la libertad a 15 secuestrados, se convirtió en una verdadera muestra para todos los escépticos de los cambios recientes dentro de la confrontación entre el Estado y las Farc. Sin embargo, analizar al grupo guerrillero un año después de este operativo militar –sobre todo luego de los últimos dos meses de aumento de sus acciones militares– implica ir más allá de miradas que pretenden reducir el análisis a la aparición de una “nueva estrategia”, a un “fin del fin” o a simples “esfuerzos desesperados y coyunturales” del grupo guerrillero.

Tal como lo muestra un reciente análisis de la Fundación Ideas para la Paz (Las Farc: un año después de ‘Jaque’, Siguiendo el Conflicto N° 55), aún continúa siendo alto el nivel de incertidumbre sobre el estado actual de las Farc, sobre todo, luego de la muerte de su comandante Manuel Marulanda, la muerte de dos miembros del secretariado y la emergencia de Alfonso Cano como máximo comandante de esta guerrilla. La consolidación de la Política de Defensa y Seguridad Democrática (PDSD) y su corolario, el denominado ‘Salto Estratégico’, dependerán de qué tanto se logren identificar y contrarrestar estas transformaciones en el comportamiento de las Farc, y de qué tanto se revalúe que aún no estamos en el ‘fin del fin’.

La dinámica militar

Si bien durante el segundo semestre de 2008 el accionar militar de las Farc mostró continuidades respecto a los años anteriores, para estos primeros meses de 2009 la lógica de confrontación se ha transformado. En lo corrido del año ha habido una mayor presencia y actividad de las Farc en los departamentos del sur del país, lo que ha propiciado un mayor esfuerzo de la Fuerza Pública por contrarrestar las acciones guerrilleras (específicamente entre los meses de marzo y mayo). La presencia operativa de las Farc ha irradiado muchas zonas de Nariño, Cauca, Huila, Caquetá y Arauca. El bloque Oriental, el bloque Sur, el Comando Conjunto Occidental y la columna móvil Teófilo Forero concentran la mayor cantidad de ataques y operaciones militares de las Farc, a través de campos minados y el hostigamiento a tropas e instalaciones de la Fuerza Pública.

Hay señales de recuperación en algunas estructuras de los bloques Caribe y José María Córdova. Si bien el bloque Oriental y Sur han sido golpeados, en lo que respecta a este último, y como una prueba de la capacidad de adaptación de las Farc, en 2009 han creado un corredor de movilidad que conecta el occidente del Caquetá con el suroriente del Cauca y de ahí transitar hacia el Pacífico nariñense. Lo cual les ha permitido aprovechar el valor estratégico de esta zona. En este semestre que termina, uno de los cambios más significativos en la confrontación estuvo representado por el aumento de las acciones urbanas de las Farc. Éstas se concentraron en la mayoría de los departamentos antes mencionados.

Estas acciones urbanas reflejan al menos tres propósitos: primero, enviar un mensaje directo de su capacidad de ataque; segundo, su intención de escoger objetivos que no comprometan población civil, y, tercero, validar la extorsión como un mecanismo eficaz para la obtención de recursos y para generar miedo, de lo cual pueden dar muestra los habitantes y comerciantes del Huila.

¿Y las desmovilizaciones?

Entre agosto de 2002 y finales de mayo de 2009, 12.294 miembros de las Farc han ingresado al Programa de Reintegración del Gobierno, siendo 2008 el año que registró el mayor número de desmovilizados (3.027). Amén de esta cifra que resulta impactante, la estrategia gubernamental de promover la desmovilización de combatientes también debe verse desde la perspectiva cualitativa, donde sus resultados quizá son más impactantes. Desde 2002 hasta abril de este año, 1.128 mandos de las Farc han dejado las armas, muchos de ellos con más de 10 años dentro de las filas guerrilleras. Resulta interesante que cerca de la mitad de estas desmovilizaciones de mandos han ocurrido en el último año.

Según el Ministerio de Defensa, para 2008 por cada mando medio desmovilizado, tres guerrilleros rasos dejaban las Farc, mientras que en 2002 la proporción era de 1 a 27. Esto sin duda representa un duro golpe a la estructura y a la capacidad estratégico-militar de las Farc. En términos de estructuras, las más golpeadas por las deserciones han sido los bloques Oriental y Sur que en 2008 prácticamente duplicaron el número de desmovilizados, respecto del año inmediatamente anterior.


A pesar de estos avances, resulta clave preguntarse por la existencia de una política de prevención de reclutamiento en zonas de presencia de las Farc, que no genere un círculo vicioso en contravía de la estrategia de incentivar la deserción de las filas guerrilleras. Una pregunta aún sin resolver.

Relevancia político-militar

En los dos últimos meses las Farc han enviado nuevas señales que pretenden revalorizar su menguada capacidad militar. Desde su ataque en la Serranía del Perijá, donde murieron ocho soldados a finales de abril, hasta la primera semana de junio el grupo guerrillero llevó a cabo acciones militares que provocaron la muerte de 45 miembros de la Fuerza Pública. Este mensaje puede entenderse como una escalada o una nueva campaña militar que crea cierta sensación de resurgir de las Farc, tal como se lo ha propuesto Alfonso Cano con el llamado ‘Plan Renacer’.

Sin embargo, este movimiento pendular, entre posturas que vaticinan un resurgir o, por el contrario, “esfuerzos desesperados y coyunturales” del grupo guerrillero, es una muestra del preocupante grado de desconocimiento que aún se tiene sobre el estado actual de las Farc. Un desconocimiento que, desde luego, no resulta comparable al que se tenía 10 años atrás. En términos del conjunto de acciones militares recientes, existe evidencia de la combinación de dos factores que a lo sumo dan pie para no subestimar la relevancia militar de las Farc.

Por un lado, están los indicios de que el comando-control y comunicación no se ha resquebrajado tanto como se llegó a aseverar en el año 2008. Con un esquema de guerra diluida y un retorno a la ‘guerra de guerrillas’, marcado por el abandono de grandes operaciones militares, el comando-control y comunicación que hoy por hoy ostentan las Farc es más flexible, discontinuo y privilegia cierto grado de autonomía, lo cual en las condiciones actuales es clave para la operatividad de sus estructuras. Por otro lado, el segundo factor es la utilización del principio de oportunidad en la guerra. Ante la aparición de blancos inesperados, las Farc, fruto de casualidades o de errores operativos de la Fuerza Pública, han sabido aprovechar las oportunidades para asestar golpes de alto impacto mediático.

La aplicación de este principio de oportunidad también se identifica en las alianzas coyunturales y tácticas con algunas bandas emergentes vinculadas al narcotráfico en regiones como el Pacífico, Urabá o el Bajo Cauca. Asimismo, en su afán de mostrarse militar y políticamente vigentes, otro aspecto que debe ser tenido en cuenta son los intentos con los que históricamente han tratado de influir en el escenario preelectoral. En esta dimensión, aun cuando la estrategia ha sido la clásica, se han presentado ciertas ‘innovaciones’ tácticas.

Con el tema del acuerdo humanitario y las acciones militares que “no afectan” directamente a la población civil, pero que sí generan impacto, las Farc buscan ser un tema obligado dentro de las agendas de discusión de los precandidatos presidenciales. Estas ‘innovaciones’ reflejan un intento, quizás esperable con el cambio en el mando superior de la organización, por rescatar la atención de la opinión pública nacional, la cual en tiempos pasados era irrelevante para el grupo subversivo.

La superación del conflicto con las Farc es una tarea aún inconclusa. Los avances de la Política de Defensa y Seguridad Democrática son innegables, pero también lo es la capacidad de adaptación de este grupo guerrillero para mostrar su vigencia política y militar. En el estado actual del conflicto armado colombiano, la adaptación de la estrategia militar a estos cambios será fundamental, pero también las posibilidades de afrontar este reto con los pies en la tierra.

‘César’ y ‘Gafas’ un año después

Son varios los procesos que adelanta la Fiscalía en contra de Gerardo Antonio Aguilar, alias César, y Alexánder Farfán Suárez, alias Gafas, de las Farc, luego de un año de ser detenidos por el Ejército, tras la liberación de Íngrid Betancout, los tres norteamericanos y los 11 mi litares y policías durante la ‘Operación Jaque’. El ente acusador les dictó medida de aseguramiento por la muerte en cautiverio del mayor Julián Ernesto Guevara, mientras que ellos se acogieron a sentencia anticipada por toma de rehenes en el caso de Betancourt y Clara Rojas. En relación con Luis Eladio Pérez fueron acusados por secuestro y concierto para delinquir. César también fue asegurado por financiación de actividades terroristas por un atentado que se iba efectuar en Honda (Tolima), contra varios puentes.

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