Honduras, sin salida a la crisis

José Miguel Insulza llega este jueves a Tegucigalpa para gestionar el regreso de Manuel Zelaya.

“¡Que no vuelva, que no vuelva!”, gritó una y otra vez la multitud reunida en el Parque Central de la capital hondureña. El anuncio de Manuel Zelaya de que postergaba su regreso a Tegucigalpa, en espera de que se cumpla la resolución de la OEA que ordenó su restitución en el cargo en un plazo de 72 horas, alteró aún más los ánimos de los hondureños contrarios a su gestión. Cientos de personas salieron a las calles para respaldar al nuevo presidente, Roberto Micheletti, y rechazar a Zelaya.

Al final de la manifestación se presentó el propio presidente Micheletti para reafirmar que con la fuerza de la razón se defenderá la Constitución. El nuevo presidente garantizó que el próximo 29 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones presidenciales, para que Honduras escoja libremente a un nuevo jefe de Estado. Micheletti provocó el entusiasmo de la multitud al afirmar: “Ante las amenazas de un venezolano, mi contestación fue: ‘Señor, en este país de las cinco estrellas somos siete millones y medio de soldados’ ”. Después, hizo un explícito reconocimiento al papel de los militares en la caída de Zelaya. “Los héroes de esta jornada son las Fuerzas Armadas”, dijo Micheletti, mientras levantaba la mano del jefe del Estado Mayor Conjunto, general Romeo Vásquez.

La misma escena se repitió en San Pedro de Sula, la capital industrial de Honduras, un país que hoy tienen dos presidentes. Uno, el derrocado Zelaya, al que unánimemente reconoce la comunidad internacional. El otro, Roberto Micheletti, que cuenta con el apoyo de todas las instituciones y, aparentemente, de la mayoría de la  población, se ha convertido en un paria mundial.

El problema de la ruptura constitucional en Honduras es de difícil y muy compleja resolución. Pese a las condenas y boicots que la comunidad internacional decretó, las instituciones, Fuerzas Armadas y una parte muy importante de la población rechaza de plano el retorno de Zelaya. El temor a la ingerencia de Hugo Chávez en el país y el aislamiento a que ha sido sometido hace renacer el nacionalismo y fomenta que los adversarios del derrocado presidente cierren filas en torno a Micheletti.

La situación recuerda lo que se vivió en España en 1946, cuando Naciones Unidas condenó al régimen de Franco y decretó su aislamiento. Aquí ya se han empezado a ver pancartas del estilo de “Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos”, que hace 63 años se exhibieron por las calles de Madrid. Con la diferencia de que en Honduras la gente que se manifestó decía defender la democracia y la Constitución.

Fortalecido por ese respaldo popular, Micheletti aseguró que no hará caso al ultimátum de 72 horas dado por la OEA. “Si el gobierno del nuevo presidente desoye el ultimátum, entonces el organismo regional procederá a aplicar el artículo 21, que prevé la suspensión de Honduras, con las consecuentes repercusiones económicas y aislamiento diplomático”, aseguró José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos.

José Mendoza, médico de 62 años, declaró a este corresponsal que había sufrido todos los golpes  de los últimos decenios: “Cuando había un golpe, un general era presidente, se disolvía el Congreso, se anulaba la Constitución, se prohibían los partidos. Nada de eso ocurre. Se quitó a un presidente que violaba la Constitución”.

Aunque Micheletti ha emprendido una intensa ofensiva diplomática para convencer a los países americanos de que en Honduras no hubo golpe de Estado sino una sucesión constitucional, Zelaya tiene ganada de antemano la batalla internacional por la actuación violenta de los militares. El golpe de Estado lo convirtió de un político populista y mediocre a un héroe de la democracia americana. A preguntas de este corresponsal, Micheletti admitió que le preocupaba la condena internacional al derrocamiento de Zelaya, pero señaló: “La verdad está de nuestra parte”.

Los cargos contra Manuel Zelaya

Al derrocado presidente lo espera en Honduras una orden de captura. En una entrevista con el Canal CNN en Español, Enrique Ortez, nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, manifestó que si Zelaya regresa al país enfrentará cargos de violar la Constitución, tráfico de drogas y robo de millones de dólares del tesoro nacional. “Es muy probable que termine en prisión”, dijo.

El fiscal general del Estado, Luis Alberto Rubí, confirmó que hay una orden de captura en contra de Zelaya por unos 18 delitos, entre los que se incluye, abuso de autoridad, violación de los deberes de los funcionarios y traición a la patria y hasta tráfico de drogas.