“Sufro por mis compañeros”

La ex candidata presidencial Íngrid Betancourt insistió en la liberación de todos los secuestrados.

Me imagino que todavía tiene pesadillas en las noches y que sus amaneceres son como de película, un año después…

Yo me levanto, abro los ojos y veo que hay un techo y que estoy en una cama. Es como descubrir poco a poco donde estoy, que estoy en unas sábanas y que hay un baño al lado, y le doy todas la mañanas gracias a Dios.

¿Ha tenido momentos de insomnio al pensar en sus compañeros, en esos otros 23 colombianos que siguen en manos de las Farc?

Durante muchos meses he estado en silencio por muchos motivos, en una reflexión pensando qué más puedo hacer. Yo sufro mucho con la situación de mis compañeros. Realmente creo que la reflexión siempre me ha llevado a pensar que estamos en una situación muy complicada y que en cualquier cosa que se haga tenemos que tener mucho cuidado primero de no ser instrumentalizados por la guerrilla. La guerrilla ha hecho del secuestro su carta de presentación y a través de la infamia del secuestro obtiene publicidad. Tenemos que tener mucho cuidado de no entrar en ese juego, que es un juego macabro porque, entre otras cosas, yo creo que hay enemigos complementarios: a cada cual le sirve que el otro exista. Para mí es muy doloroso pensar que mis compañeros están siendo triturados en ese engranaje de muerte. Lo único que yo puedo hacer es hablar.

¿Qué mensaje le envía usted al presidente Uribe en cuanto al caso de la posible liberación del cabo Moncayo?

Yo creo que el presidente Uribe es el Presidente de todos los colombianos y él interpreta la voluntad de ese mandato que él recibió de gobernar Colombia. No tengo nada que decirle al presidente Uribe, yo confío en su decisión, en la rectitud de su proceder y en la bondad de sus intenciones. Lo que sí quiero decir es que si la guerrilla no le pidió permiso al Gobierno para secuestrarlos, tampoco tiene que pedirle permiso al Gobierno para liberarlos. Las liberaciones que se hacen por motivos económicos se hacen en cualquier sitio sin ninguna condición. Por eso, no quiero entrar en el juego de hacer exigencias. Creo que cuando hay buena voluntad, cuando hay decisión política, se encuentra la manera de que las cosas sucedan. Y yo quiero hablar en nombre de todos mis compañeros ex secuestrados y decir que para nosotros la libertad de Pablo Emilio Moncayo y de los otros 21 militares y soldados que están en la selva hace parte de lo que para nosotros es fundamental para seguir viviendo.

Hay una anécdota con un mayor que comandaba el operativo, quien le contó algo muy bello de su esposa...

Sí, fue muy lindo y creo que ahí fue cuando dimensioné lo que estos hombres habían hecho, porque él acababa de gritar, se había quitado la gorra y había dicho: Ejército de Colombia, están libres. Claro, cuando dice esto, todos nos miramos y casi se cae el helicóptero de los saltos y alaridos que dábamos. Ya cuando nos calmamos, él me abrazó y me dijo: “quiero tomarme una foto con usted”, y después me dijo: “Íngrid, quiero contarle una cosa. Hace un mes salí de mi casa, no le pude decir a mi esposa a dónde iba y tenía mucho miedo de no volver, porque sabía que esta era una operación de alto riesgo. Sabía que si nos cogían nos mataban. Creo que ella debió adivinar porque me dijo: tú vas a traer a Íngrid y a los muchachos, ¿verdad? Entonces yo no pude sino decirle que sí y ella me cogió las manos y me dijo: Mira, que Dios te acompañe. Yo sé que vas a volver. Pero si algo sucediera, yo quiero que sepas que cada instante que viví contigo valió la pena”.