Armstrong se reencaucha

El estadounidense es la gran atracción del Tour de Francia, prueba que ganó siete veces seguidas antes de retirarse en 2005. “Volví para ganar”, dice.

Segundas partes nunca fueron buenas, pero nadie se atreve a pronosticar el fracaso del estadounidense Lance Armstrong, quien regresó al ciclismo en enero pasado, tras tres temporadas en retiro, con el objetivo de lograr su octavo título del Tour de Francia, luego de haber conquistado siete ediciones consecutivas entre 1999 y 2005.

Ni siquiera el favoritismo del español Alberto Contador ha logrado opacar la reaparición en carreteras francesas de Armstrong, quien con 37 años, el cuerpo desgastado por una exigente carrera como profesional y decenas de tratamientos médicos para superar un cáncer de testículos que por poco lo mata a mediados de los 90, no parece tener  los arrestos físicos para aguantar un exigente recorrido de 3.459 kilómetros, repartidos en 21 etapas.

“Siempre dije que si volvía, lo haría para ganar y me siento en condiciones de hacerlo”, aseguró el pedalista estadounidense, quien reconoció sin embargo: “No soy el mismo de antes, no me siento como en 2004, 2005 ó 2001, cuando venía y estaba seguro de ganar. Ahora la confianza no es la misma, pero me siento fuerte. Diría que estoy como en 2003, cuando gané por muy poco”.

El tejano, quien defiende los colores del equipo Astana, ganó siete coronas seguidas con su actual entrenador, el belga Johan Bruyneel, quien tiene este año la tremenda responsabilidad de decidir si apoyará en los momentos definitivos a Contador, nueva figura del ciclismo mundial, o al hombre con el que escribió la página más gloriosa en la historia del Tour.

Contador se impuso en la versión de 2007 y el año pasado no fue invitado por los organizadores. Y con apenas 26 años ya es miembro del exclusivo grupo de cinco corredores que han logrado ganar el Tour, el Giro de Italia y la Vuelta a España.

Armstrong posee fortaleza mental y experiencia, enorme reconocimiento mediático y muchas victorias en juzgados y escritorios, en donde ha resultado siempre inocente por acusaciones de dopaje. “Aún así, me siguen vigilando como a ninguno. Este año he pasado 33 controles. Hay corredores que salen de la nada, ganan y desaparecen. Eso sí es sospechoso. Pero yo he probado desde el principio que soy un gran ciclista. La sospecha comenzó con mi victoria en 1999. Si hubiera estado dopado y hubiera tenido que dejar de hacerlo por miedo, se habría notado. Sin embargo fui más rápido en 2000, y todavía más en 2001 y así seguidamente”, afirmó el estadounidense, amado y odiado por la afición francesa, que no le perdona haber acabado con los récords de sus grandes ídolos Jacques Anquetil y Bernard Hinault, y de un vecino muy querido por ellos, como el pedalista belga Eddy Merckx.

“Creo que habrá división entre la gente. No espero que me reciban con rosas, pero son conocedores del deporte y saben reconocer la calidad de los ciclistas”, dijo Armstrong, quien aclaró que no tendrá problemas en trabajar para alguno de sus compañeros si la carretera sentencia sus posibilidades de título. “Trabajar por el líder del equipo es la tradición en el ciclismo y una condición indispensable para estar aquí, llámese uno como se llame”, dijo.

Bruyneel señaló al respecto que está seguro del excelente nivel de Contador, pero que realmente no sabe qué esperar de Armstrong, quien a diferencia de otras temporadas, cuando se preparaba exclusivamente para el Tour, corrió el Giro hace un mes y apenas se está recuperando completamente de una fractura en su clavícula. “La primera semana nos dará una buena referencia, pero no olvidemos lo que Lance es capaz de hacer. Superó a la muerte, así que una carrera de éstas no significa tanto”, agregó el estratega.

Otros opcionados

El duelo entre Contador y Armstrong ha hecho que pasen prácticamente anónimos otros nombres que tienen con qué pelear el título, entre ellos el español Carlos Sastre, de 34 años, campeón en 2008; el ruso Denis Menchov, ganador de dos Vueltas y del Giro 2009; el australiano Cadel Evans, segundo en las dos últimas ediciones; y hasta el estadounidense Levi Leipheimer y el alemán Andreas Kloeden, también con dos podios en el Tour y pertenecientes a los ‘Galácticos’ del equipo kazajo Astana.

Con muy pocas opciones de estar entre los primeros de la general, pero con la ilusión de pelear alguna fracción y ser protagonistas, estarán los colombianos Rigoberto Urán y Leonardo Duque.

El primero es paisa, tiene 22 años y defiende los colores del Caisse d’Epargne, en donde el jefe de filas es el español Óscar Pereiro. El segundo es vallecaucano y pertenece a la escuadra francesa del Cofidis, con la que el año pasado logró una excelente actuación al lograr siete top 10 en la prueba.

En el menú del recorrido se incluyen 10 etapas en terreno llano en las que el embalador colombiano Leonardo Duque tendrá posibilidades de figurar, siete de alta montaña, una de perfil ondulado, dos contrarreloj individuales con un total de 55 kilómetros y una por equipos de 38. Tres etapas terminarán en alto y habrá dos jornadas de descanso.

La joya de la montaña será el Mont Ventoux, a dos días del final en París, cita que puede ser decisiva si la general llega apretada. La organización ha apostado fuerte por una sorpresa de última hora y un duelo apasionante en el tramo final de la competencia haría la prueba mucho más interesante.

El Tour 2009 arrancó el sábado también  con el deseo de alejar la sombra del dopaje y evitar los escándalos que han marcado la carrera en los 10 últimos años. Los controles serán férreos y más dirigidos hacia los ciclistas sospechosos. Una prueba de ello es la baja obligada del español Alejandro Valverde, uno de los involucrados en la Operación Puerto, cuyas cenizas no se acaban de apagar.

 

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