En busca de la felicidad

Si le gana la final de Wimbledon a Roddick, el suizo llegaría a la cifra récord de 15 Grand Slam. Además, Roger podría recuperar el puesto número uno del escalafón mundial.

Cuando a los tres años de edad el suizo Roger Federer empezó a jugar en el Tennis Club TC Old Boys de su natal Basilea, nunca llegó a pensar que alcanzaría tanto éxito como el que tiene el domingo. Así lo confesó él mismo, cuando el viernes se clasificó por séptima vez consecutiva a la gran final de Wimbledon, el tercer Gran Slam del año, que ya ganó en cinco oportunidades.

“Estoy muy orgulloso de todos los récords que he conseguido, porque yo nunca pensé cuando niño que tendría este éxito. Hubiera sido feliz ganando un par de torneos y, quizás, adjudicándome Wimbledon, una especie de escenario soñado. Pero nunca pensé en todo esto que me está pasando”, le dijo el helvético a todos los medios presentes en Londres.

Lo cierto es que Roger tiene motivos de sobra para estar sorprendido de sí mismo, pues pasó en menos de 10 meses literalmente del infierno al cielo. Su calvario comenzó el año pasado, cuando perdió el título de Wimbledon con el español Rafael Nadal y de paso el número uno del mundo que fue suyo desde el 2 de febrero de 2004 por un tiempo récord de 237 semanas consecutivas hasta el 18 de agosto de 2008.

Aunque a finales de la temporada pasada conquistó el título del Abierto de Estados Unidos, el comienzo de ésta fue un verdadero dolor de cabeza para él, cuando cayó en la final del Abierto de Australia, nuevamente ante Nadal. Su impotencia fue tal, que la demostró llorando a cántaros en la ceremonia de premiación, mientras él sostenía la bandeja de subcampeón y el español, la copa del mejor.

Hasta mayo se fue en blanco y tal parece que el título en el  ATP World Tour Masters 1000 Madrid le devolvió su magia. Ese día, tras doblegar en la final justamente a Rafael Nadal, Roger, un caballero por excelencia, aseguró que con el triunfo le había callado la boca a más de uno que decía que su carrera ya había llegado al ocaso.

Premonitorias palabras las del suizo, pues dos semanas después se coronó campeón del Roland Garros, único Grand Slam que le faltaba en su cuenta y con el que igualó, con 14, el número de títulos de los grandes de Pete Sampras.

Con el anuncio de Nadal de no participar en Wimbledon por una lesión en sus rodillas, se le abrió el camino a Federer, quien efectivamente ya está instalado en la  final, que jugará este domingo ante Andy Roddick, y el suizo llega con todo el favoritismo a su favor, pues en 2004 y 2005 ya venció al estadounidense en sendas finales del torneo londinense y en los enfrentamientos globales lo supera por un contundente 18 a 2.

De ganar, Roger obtendría su corona número seis en Wimbledon, su título 15 de Grand Slam (superando a Sampras) y, lo más importante para él, recuperaría el puesto número uno del escalafón mundial. Una verdadera moñona.

A la par con su ‘resurrección’ deportiva, Roger consolidó su entorno familiar, al contraer matrimonio hace dos meses con su inseparable novia Mirka Vavrineck, una ex tenista que conoció en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, quien lo acompaña en todos los torneos en los que participe y además se encarga de manejarle su agenda y hasta de cumplir funciones de jefe de prensa. El suizo también se ha declarado “absolutamente feliz” pues en este mes de julio, su esposa y él se estrenarán como padres.

Pero los partidos hay que jugarlos, claro, así que hoy Roger Federer tendrá primero que superar a un Andy Roddick que es conocido por sus potentes servicios, el hombre récord con el saque más rápido en la historia del tenis profesional con 250 kilómetros por hora (Copa Davis 2006), para poder gritar a los cuatro vientos que encontró con letras mayúsculas su felicidad, la completa para él.

 

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