Se fue el papá de la Cruz Roja, Alberto Vejarano

Fue pionero de investigación en medecina. Falleció el viernes, tras 55 años de servicio y entrega a la causa humanitaria.

Como un hombre certero a la hora de tomar decisiones, respetuoso, amable y alegre lo recuerdan las innumerables generaciones de miembros de la Cruz Roja, institución con la que siempre estuvo vinculado y a la que invirtió la mayor parte de su tiempo y energía, hasta conseguir ser su presidente.

“Mi entrada a la Cruz se debió a la amabilidad y gentileza de dos de sus directivos, amigos de siempre, Guillermo Rueda y Carlos Martínez Sáenz, con los que compartí escuela, colegio y universidad”, comentó Alberto Vejarano en una entrevista sobre su trasegar por esa entidad humanitaria. Allí habla, además, sobre sus grandes logros en la medicina y la ciencia, así como de sus  aportes  en los avances de la cirugía cardíaca en el país.

Desde 1964, cuando Alberto Vejarano Laverde fue profesor de la Escuela de Enfermería de la Cruz Roja Colombiana, inició una carrera memorable en la institución. Fue miembro de la Junta Directiva del Banco Nacional de Sangre Moris y Tila Gutt, primer vicepresidente de la Sociedad Nacional de la Cruz Roja y miembro del Comité Central y Ejecutivo, representante de Colombia ante el Comité de Asuntos Estatutarios de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, presidente de la Seccional Bogotá Cundinamarca y presidente de la Cruz Roja Colombiana desde 1997.

Al doctor Vejarano también se le debe la fundación en 1957, al lado de Fernando Valencia Céspedes, de la clínica Shaio, cuando recibieron de Abood Shaio los recursos financieros para la compra de un lote, ubicado en el camino a Suba, lejos del centro de Bogotá. Construyeron entonces la infraestructura arquitectónica y se propusieron consolidar en Colombia la especialización en cardiología, cuando ésta era apenas una iniciativa en el mundo científico de esa época.

El Espectador expresa sus más profundos sentimientos de condolencia a su esposa, la señora Helena; a sus hijos, Gustavo, María del Pilar y Fernando, a sus nietos y a toda su familia.

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