Vecino ejemplar

El Banco Central de Chile bajó esta semana su tasa de referencia al 0,5% anual y sin falso pudor reconoció oficialmente que estaba en recesión.

Al mismo tiempo activó un plan de gasto por un monto equivalente al 3,2% de su PIB, financiado con el Fondo de Estabilización Económica, que en la época de vacas gordas ahorró gran parte de los ingresos provenientes de las voluminosas exportaciones de cobre cuando éste tocaba precios récord al alza. Ello implica que a los ciudadanos chilenos no se les tengan que aumentar sus impuestos. Mientras tanto, en Colombia se niega la dramática situación del sector real de la economía, que se evidencia con el deterioro de las cifras de desempleo, y se adelanta una reforma tributaria para disminuir el ya mermado ingreso disponible de los contribuyentes. Esto con el objetivo de equilibrar unas finanzas públicas que no tienen plan alguno para afrontar el recorte de recaudos que se avecina como consecuencia de la crisis económica, y que tampoco tienen ahorros de la época en que todo era hermoso.

Aunque tanto a nivel internacional como local los índices accionarios retrocedieron como consecuencia de las malas noticias sobre el galopante desempleo, cerraron en pisos que para muchos son niveles técnicos difíciles de romper pero que, de hacerlo abajo, implicaría reanudar la tendencia depresiva que perturbó a los mercados en el primer trimestre del año. Caídas como la del petróleo, que parece ubicarse contundentemente por debajo de los US$60 el barril, son indicadores de que el optimismo era desmedido y la recesión llevará tiempo en ser superada.

En cuanto al dólar, la volatilidad, alrededor de los $2.100 en la semana, marca fuerte indecisión de los operadores, frenando la tendencia revaluacionista del peso y divorciándose del comportamiento devaluacionista de monedas como el real brasileño y el peso chileno y el mexicano. Éstos mostraron deterioro frente al dólar durante la semana, tal vez por flujos de entrada de divisas de Ecopetrol, pero que no serán permanentes, abriendo una posibilidad devaluacionista si los mercados accionarios y de materias primas siguen deteriorándose. En cuanto a la renta fija, a pesar de que la fuerte baja en la inflación favorece la tasa real de interés y baja remuneración nominal, no entusiasma a los inversionistas aún.