Tradición, un activo de la bolsa

El negocio de corretaje en Colombia ha crecido soportado en las empresas de familia. Comenzó como alternativa para formalizar el intercambio de títulos valores, en la actualidad es uno de los mercados más importantes de América Latina.

Los vientos de crisis, que soplaban en 1929, no fueron obstáculo para que un grupo de amigos, encabezado por Jorge Soto del Corral y Salvador Camacho Roldán, le dieran forma a una idea que había comenzado a rondar en 1928. Crear la Bolsa de Valores de Bogotá.

A pesar de la crisis mundial de la economía por aquel entonces, los empresarios e inversionistas locales tenían la necesidad de organizar un mercado de intercambio de títulos que requería formalizarse. Además, había pocos bancos que ofrecieran alternativas de inversión a sus clientes.

En abril del 29 decidieron formalizar la actividad de compraventa de bonos y acciones. A la iniciativa de Soto y Camacho se sumaron, entre otros, Enrique Pardo Dávila, Alberto Serna, Miguel Vergara, Gregorio Armenta, Luis Saldarriaga, Luis Martínez Morales y Jorge Forero Moya. La primera rueda se realizó el primero del mes, duró 10 minutos y participaron 17 corredores.

Cuando terminó el año, se habían realizado transacciones por $10 millones en títulos de las 25 empresas inscritas, como los bancos de Bogotá y Colombia, Compañía Colombiana de Tabaco, Compañía Colombiana de Seguros y Cine Colombia, por mencionar algunas.

Se trataba de un negocio, casi que entre amigos, característica que se conserva, cuando hay alrededor de 130 empresas inscritas en la Bolsa de Colombia y 30 que se dedican al corretaje.

Pero quizás el valor más importante que se ha mantenido hasta hoy es el de la seriedad y tradición de las empresas de bolsa, donde la palabra conforme vale más que la misma firma para cerrar un negocio.

Esta tradición llega hasta hoy a través de tres de las familias más representativas de la bolsa: los Isaza Camacho, los Forero y los Aparicio.

Los Isaza

Asesoría en Inversiones es quizá la firma más tradicional en el mercado de capitales del país. Fue fundada en 1929 por Salvador Camacho Roldán. Durante muchos años la manejó su yerno Álvaro Isaza González y hoy está al frente su nieto Álvaro Isaza Camacho.

Don Salvador había estudiado banca en Londres y vino con la idea de que el país debía tener una Bolsa. Lo comentó con Jorge Soto del Corral y juntos materializaron la idea.

El negocio de corretaje de Camacho convivió con otros de importación de licores, actividades mineras y librería.


En 1956, Álvaro Isaza comenzaba su actividad en el mercado, en la firma de Rafael Pombo. Se casó con Olga, hija de Salvador Camacho, y su suegro lo vinculó a su firma. Con los años le compró sus participaciones a su familia política.

Recuerda que además de hacerse negocios, la rueda de la Bolsa era un espacio donde se enteraban de los chismes de la sociedad bogotana y se hablaba de política. Terminada la rueda al mediodía y registradas las operaciones, algunos compartían el almuerzo.

Otro momento que Álvaro Isaza recuerda, que generó temor entre las empresas de Bolsa, fue cuando entraron los bancos y aseguradoras al mercado de capitales, hace cerca de 20 años.

Creyeron que esas instituciones con capitales fuertes iban a hacer desaparecer los puestos tradicionales. Pero no fue así, tenían la desventaja de que no eran los dueños los que aconsejaban, algo que a muchos clientes les gustaba, por confianza. Isaza dice que “este es un negocio de confianza, tradición y conocimientos, por ello, para mí, estudiar los balances de las empresas se convirtió en una actividad importante. Me gusta tanto como a otros leer las tiras cómicas de los periódicos”.

Hacia adelante, considera importante que más empresas, muchas familiares, tomen conciencia de los beneficios de financiarse en el mercado, para lo cual deben dejar el miedo a perder el control de la propiedad. Y menciona la importancia de que a través de la Bolsa de Colombia pueda llegar al mercado de Nueva York.

Los Aparicio

Corría 1959 cuando Álvaro Aparicio Hernández y Juan de Dios Vallejo decidieron comprarle el puesto de la Bolsa a un señor Muñoz. Aparicio había trabajado en Seguros Bolívar y Vallejo como revisor fiscal de la Bolsa de Bogotá.

La sociedad se terminó cuando Vallejo vendió su participación y la firma pasó a llamarse Álvaro Aparicio, hasta cuando llegó la propuesta de fusionarse con la de Alfonso Martínez, que operaba desde el nacimiento de la Bolsa.

Hubo cambios en la regulación que obligaron a los puestos de corretaje a convertirse en sociedades anónimas. El nombre cambió a Acciones y Valores, pero meses antes se habían retirado los Martínez.

A mediados de los 70 entró a la firma Rafael Aparicio, hijo de Álvaro, quien recuerda con nostalgia las épocas de la rueda y el corro (espacio donde se negociaban los títulos a viva voz) en la sede del centro de Bogotá. “Había camaradería, almorzábamos juntos en el Club de Banqueros”. También espacio para bromas, como quitarse los zapatos unos a otros y lanzarlos al mezzanine donde se apuntaban con tiza las operaciones en los tableros.

Esta familia considera que el de corretaje no es una carrera de velocidad sino de resistencia en la cual hay que merecerse el respeto de los clientes. Con Rafael trabaja su hermano Juan Carlos y próximamente su hijo Luis Felipe.

Los Forero

El de esta familia fue el puesto de Bolsa número tres, que en los comienzos operó Gregorio Armenta, uno de los fundadores en 1929. Años después se lo vendió a la familia Martínez Ángel. En 1975 lo compró Leopoldo Forero Pombo y lo llamó Afin.

Llegó al negocio por su afinidad con el sector financiero. Había trabajado en el US Bank y luego con un banco alemán. Un hermano, que trabajaba en el Banco del Comercio, le propuso la idea. Habló con el entonces presidente de la Bolsa de Bogotá, Eduardo Góez, y se dio a la tarea de conseguir $400 mil.

Forero comenta que el actual mercado de capitales se ha construido con mucho trabajo, seriedad y una que otra anécdota. Recuerda cuando en 1976 llegó a la Bolsa la primera mujer, Margó Restrepo. También que cuando estuvo en el Consejo Directivo de la Bolsa era muy complicado llegar a la presidencia y que había que hacer “pasarela” (lobby) entre los miembros para ser nombrado presidente. Por eso el proceso era llamado reinado de belleza.


En una actividad que siempre ha sido muy tensionante, cuando existía el corro (lugar donde se transaban las acciones a viva voz) había gente que puyaba a otros con un lápiz. “Se molestaban mucho, incluso había bromas pesadas, como cortarse la corbata unos a otros”.

Dice que el de corretaje es un trabajo de maletear para buscar clientes. “Se mantiene con seriedad y tradición. Los negocios en los cocteles son cada vez menos”. En la actualidad trabaja con él su hijo Leopoldo.

El carrerón a cobrar y al banco a consignar

Cuando cerraba el mercado de valores al mediodía, en las épocas en que se realizaban sesiones presenciales y a viva voz, comenzaba otra carrera.

Cada corredor tenía que verificar los endosos de los títulos, había que mirar que no tuvieran problemas. Se entregaban en la Bolsa y tenían que salir a donde los clientes a cobrarles.

Pagaban con un cheque y había que correr al banco a consignar. Aunque el horario era hasta las 3:00 p.m., los bancos permitían que los depósitos se hicieran más tarde en el centro de canje. Muchas veces les tenían que pedir “cacao” a los funcionarios para que los esperaran.

Al día siguiente tenían que hablar con el gerente para que visaran los cheques, se pagaba sobre el canje, casi que como un crédito. Además, debían acreditar las condiciones de quienes los habían girado, que fueran personas honorables, con recursos para pagar.

El furor de la bolsa llega a las regiones

Durante los años 50 se vivía una época de bonanza en la economía nacional. La Bolsa de Bogotá brillaba y los negocios alcanzaban la cifra de $200 millones al año.

En Medellín, una ciudad donde las inversiones en acciones era una tradición, vieron la oportunidad de crear su propio mercado. Además, porque las empresas antioqueñas eran más abiertas a que mucha gente adquiriera sus títulos. Por ello, en abril de 1961 nació la Bolsa de Medellín.

En el Valle del Cauca se vivía una situación similar. La industrialización en la región creció y los empresarios también se le midieron a tener su propio mercado de capitales. En 1983 se creó la Bolsa de Occidente, aunque tuvo menor actividad que las de Medellín y Bogotá.

Pero el deterioro económico de finales de los 90 llevó a que las tres unieran fuerzas. El 3 de julio de 2001 nació la Bolsa de Colombia, donde hoy se tranzan cerca de $10 billones en una jornada.