El huevo no es casualidad

Una joven estudiante logró notoriedad nacional luego de entregarle un huevo al presidente Uribe como forma simbólica y pintoresca de expresarle un mensaje político: “Tiene huevo, Presidente”.

Esta acción, reseñada por la mayoría de los medios nacionales (más en virtud de la jocosidad y curiosidad del acto que de su contenido político), refleja la continuidad en un tipo de acción política no convencional, extrainstitucional y no partidista. Una manera de acción política, expresión juvenil de disidencia e inconformidad, que de ninguna manera es nueva, aunque contiene una serie de elementos innovadores.

En efecto, aunque ya olvidado, en la Universidad Javeriana, en 2006, ocurrió un hecho muy similar. Haciendo uso de un lenguaje simbólico y optando por la acción directa, un grupo de estudiantes, pertenecientes a diversos colectivos, protestaron a través de su silencio, poniéndose mordazas con las palabras “Seguridad Democrática” con el ánimo de expresar su desacuerdo con esta política. En aquella ocasión, la escena fue igual a la del acto del huevo: el Presidente invitó a los manifestantes al debate y finalmente algunos de ellos aceptaron la invitación, expresaron sus puntos, el Presidente los suyos y la experiencia no trascendió más allá de algunos titulares y notas de prensa.

La misma experiencia de Tienen Huevo tiene antecedentes. Sus primeras acciones consistieron en atacar con huevos a políticos de derecha e incluso, lograron concretar acciones de saboteo en sesiones del Congreso. La irreverencia, la transgresión y la subversión simbólica subyacen en la acción de estos nuevos grupos. Alejándose de la tradición de los movimientos juveniles más clásicos, este tipo de grupos, con objetivos diversos y aparentemente sin agenda, comparten un hecho identitario: es la forma de su protesta lo que los identifica, el acto en sí, puro simbolismo de trasgresión a lo que convencionalmente se considera “orden” y “establecimiento”.

Además de la experiencia de Tienen Huevo, la subversión simbólica y la acción directa han sido puestas en práctica por otras agrupaciones juveniles en el pasado reciente. Acción Colectiva, por ejemplo, jugó con las palabras y los símbolos de Transmilenio y creó una serie de pegatinas con frases cómo: “¿Cuántas veces vamos a pagar las Peña-lozas pegadas con Mockus?”. Casi 15.000 pegatinas fueron puestas en el sistema en una acción coordinada que duró un día.

El movimiento Deja tu Huella, por su parte, también puso su cuota de creatividad. En el segundo semestre de 2006, en medio del debate por la imposición del IVA a los productos de la canasta familiar, optó por entregarle, en pleno foro, una canasta familiar, literalmente hablando, al entonces ministro de Hacienda, Carrasquilla. Ante la incómoda situación, el funcionario no encontró otra opción que abordar el espinoso tema que había evitado durante todo el foro en el que se encontraba.

Estos son tan sólo algunos de los ejemplos que pueden hallarse en Bogotá de un movimiento juvenil que, si bien no es novedoso si se compara con otras experiencias internacionales, sí lo es para la política colombiana. Estos grupos se alejan de las formas políticas tradicionales en la medida en que no hay un programa definido, no se perciben como un ente político partidista, no hacen parte de ningún frente, asociación o movimiento político, su objetivo es el medio, la expresión simbólica, disidente de diversas posturas y políticas. Son formas organizativas muy distantes a las viejas organizaciones como la Juventud Comunista o la Juventud Patriótica: es la nueva izquierda.

En Bogotá han venido creciendo. No tienen filiación ideológica o afiliación partidista, no participan de los procesos políticos formales, rechazan las formas jerárquicas y optan por diversas formas de acción directa: grafiti, performance, tomas culturales, etc.

Aunque aún falta mucho por comprender, pueden identificarse ya algunos de los rasgos que distinguen este movimiento juvenil. De un lado, sus organizaciones son tan efímeras como sus acciones, y no por acuerdo, sino porque la propia dinámica de sus colectivos y del ser joven parece hacer imposible que perduren en el tiempo. Es tal vez la rapidez con que aparecen y desaparecen la que permite que sean independientes y que no sean cooptadas por la izquierda o la derecha partidistas.

 * Investigadores sociales.

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