Un plan ultrasecreto

Dick Cheney, el ex vicepresidente de Estados Unidos, ordenó a la agencia mantener oculto un programa antiterrorista lanzado tras los ataques del 11-S. El Congreso pide que sea investigado.

La creencia generalizada de que el vicepresidente es una figura decorativa de la democracia fue nuevamente puesta en duda ayer en Estados Unidos. Así lo demostró el diario The New York Times al revelar que Dick Cheney, el segundo al mando del gobierno durante la era de George W. Bush (2001-2009), le ocultó al Congreso de su país la existencia de un programa antiterrorista.

Según la publicación, Cheney faltó al Acto de Seguridad Nacional, que desde 1947 ordena al Ejecutivo informar de las actividades de inteligencia al Congreso. “Para programas de acción encubiertos, la ley dice que los reportes deben limitarse al ‘Grupo de los ocho’, conformado por los líderes republicanos y demócratas de ambas cámaras”, agrega.

Quien dio el primer indicio sobre la existencia del plan antiterrorista fue Leon Panetta, actual director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés), durante una reunión de emergencia con los líderes del Congreso el pasado 24 de junio; allí dijo haberse enterado sólo unos días antes, gracias al comentario de un subordinado, y reveló haber ordenado su suspensión inmediata.

Y aunque aún no se conocen los pormenores de dicho programa, abundan las especulaciones. Citando altas fuentes, The New York Times asegura que no tiene relación alguna con las cuestionadas técnicas de interrogatorio practicadas a sospechosos de terrorismo por militares estadounidenses.

Mientras tanto, la agencia AP develó que se trataría de un proyecto de recolección de datos para ser utilizados en operaciones encubiertas en el extranjero.

Por lo pronto, las críticas giran alrededor de Cheney, quien habría dado órdenes a la CIA de mantener las acciones en secreto. “Tiene que ser investigado”, le dijo Dick Durbin, uno de los líderes demócratas en el Senado, a la cadena estadounidense ABC.

La CIA salvó su responsabilidad a medida que crecen las críticas. “No es nuestra práctica decidir qué va y qué no en los informes al Congreso”, aseguró Paul Gimigliano, vocero de la agencia.

Temas relacionados

 

últimas noticias