‘Cuchillo’ al imperio Carranza

Pedro Oliverio Guerrero le notificó a Víctor Carranza Niño que el nuevo amo y señor del sur del país era él.

Aunque en principio se barajó la posibilidad de que el narcotraficante Daniel El Loco Barrera había sido el responsable del atentado criminal del pasado 4 de julio que por poco le cuesta la vida al llamado Zar de las esmeraldas, Víctor Carranza Niño, las autoridades tienen la certeza de que sí era el narcotráfico, pero en cabeza de Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo, el autor de semejante osadía. El ataque se perpetró en el kilómetro 24 en la vía que comunica a Puerto Gaitán con Puerto López (Meta), un territorio que conoce como nadie Carranza y que ha sido escenario de sangrientas disputas desde hace no menos de 40 años.

Carranza Niño, un veterano de mil batallas nacido en octubre de 1935 en Guateque (Boyacá), ha sobrevivido y capoteado no sólo los cruentos enfrentamientos derivados de la codicia por la explotación esmeraldífera, que después fue cooptada por las mafias del narcotráfico, encarnadas en los ejércitos privados de Gilberto Molina y José Gonzalo Rodríguez Gacha, sino también los requerimientos de la justicia por su presunto patrocinio a los grupos paramilitares. A pesar de salir indemne de tres carcelazos, los señalamientos sobre Carranza no cesan. Fredy Rendón Herrera, alias El Alemán, lo acusó de reunirse en 2001 con Carlos Castaño para configurar un bloque de autodefensa en Boyacá.

Más allá de su extenso prontuario judicial, del cual ha salido a salvo una y otra vez, Carranza es un hombre que ha edificado un verdadero imperio empresarial que le ha granjeado no pocos enemigos. El más enconado en los últimos tiempos parece ser Cuchillo, quien está empecinado a como dé lugar en desplazar su influencia e implantar un régimen de terror en los Llanos Orientales, cuyo poder no desea compartir, y así se lo hizo saber en un encuentro que ya fue documentado por las autoridades, al propio Zar de las esmeraldas.

Dicha reunión se efectuó hace dos meses en una finca neutral en el Meta. Carranza y Cuchillo se trenzaron en una agria discusión por los excesos del prófugo jefe paramilitar para desterrar campesinos y hacendados de la región para traficar droga. Carranza le expuso un largo dossier de inconformidades de la comunidad que representaba y le recordó que aún en los momentos más difíciles de confrontación por la llamada ‘guerra verde’ se habían puesto unas reglas de juego inamovibles que se respetaban siempre para garantizar que la violencia no se exacerbara.

Cuchillo, un capo del narcotráfico por el que el Estado ofrece $5.000 millones, que empezó como peón de otro paramilitar que desangró los Llanos, Miguel Arroyave —asesinado en 2004—, no interrumpió a Carranza en su perorata de reclamos, pero en un tono nada conciliador le explicó al esmeraldero que las cosas eran distintas ahora, que todo había cambiado y que no se le olvidara que ya él no mandaba. En esencia, le dio un portazo a su propuesta conciliadora y le refirió que el nuevo mandamás del sur del país tenía un solo nombre y apellido: Pedro Oliverio Guerrero.

Sin un acuerdo entre las manos, Carranza, como dice el refranero popular, fue por lana y salió trasquilado, además con la sensación de que Cuchillo necesitaba deshacerse de él para que ningún poder distinto al del Estado pudiera estorbar su proyecto expansionista y sus malabarismos para enriquecerse con el tráfico de estupefacientes. El temor de Víctor Carranza Niño se materializó el pasado sábado 4 de julio en horas de la noche, cuando, valiéndose de una tractomula como distractor, se armó un operativo relámpago para segar su vida.

Nuevamente Carranza le hizo una gambeta a la muerte, pero quedó notificado de la intención de Cuchillo por acabar su monopolio. En la sangrienta incursión dos de sus escoltas perdieron la vida y quedó latente en los Llanos la declaratoria de una guerra más por el control de un territorio neurálgico para los intereses de los violentos. Mientras la justicia avanza en esta investigación, Carranza, quien ha dicho que no quiere más enfrentamientos, sabe que no se puede cruzar de manos.

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