En un año se han presentado cinco casos de linchamiento en Bogotá

El martes, los presuntos homicidas de un taxista fueron salvados por la Policía de ser agredidos.

Las escenas que protagonizaron decenas de taxistas en el barrio Santa Lucía el martes en la madrugada, cuando llegaron hasta la casa donde se acababan de esconder los presuntos asesinos de Óscar Gutiérrez, uno de sus compañeros de trabajo, rompiendo vidrios y ventanas, y amenazando con linchar a los sospechosos, devolvieron la película de las venganzas multitudinarias en la capital una vez más. Las fechas y las imágenes de otros linchamientos retornaron, con toda su brutalidad, para dejar en claro que en Bogotá y sus alrededores, el primer impulso de una víctima, de sus conocidos, o de cualquier afectado, es agredir. Como en la Biblia, ojo por ojo y diente por diente.

Gutiérrez falleció el martes hacia las cuatro de la mañana. Dos impactos de bala acabaron con su vida, dejaron viuda a su mujer, embarazada de ocho meses, y huérfanos a dos niños. El móvil, según algunos de los compañeros de Gutiérrez, fue robarlo. Los sucesos comenzaron a desencadenarse a las 2 de la madrugada. Gutiérrez envió varios mensajes a sus compañeros pidiéndoles auxilio, pero cuando éstos llegaron ya era demasiado tarde para salvarle la vida.

Sin embargo, lograron perseguir a los presuntos homicidas hasta acorralarlos en una casa de Santa Lucía, y si no ingresaron a la fuerza, luego de haber roto algunas ventanas y los vidrios de la puerta principal, fue porque varios agentes del cuerpo del Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios) controlaron la situación y calmaron a los taxistas, quienes no cesaban de gritar e insultar. Varias horas más tarde, los sospechosos fueron llevados a la estación de Policía de Tunjuelito, donde comenzó a desarrollarse su proceso de judicialización. De acuerdo con informaciones del comandante encargado de la Policía, coronel Fernando Jiménez, los atacantes habían sido  capturados en un  potrero cercano al lugar de los hechos y en sus ropas había manchas de sangre que posiblemente pertenece a la víctima. Así mismo, los agentes incautaron un revólver calibre 38 con el cual seguramente se propinaron las heridas mortales al conductor.

Los noticieros de inmediato dieron la información, y en la emisión del mediodía, Canal Capital transmitió un video con algunas de las escenas de la madrugada, escenas que se han repetido de una u otra forma en cinco ocasiones durante los últimos 12 meses. El pasado 22 de septiembre, en horas de la madrugada, una turba iracunda se movilizó en masa hacia el CAI del barrio La Florida con la intención de linchar al presunto violador de una menor de edad, capturado en supuesta flagrancia minutos antes. Los Policías lograron apaciguar los ánimos y trasladaron al sospechoso. Tiempo después, un fiscal determinó que José de Jesús Arias, aquel a quien por poco matan en su barrio, era inocente. Un mes antes, el 25 de agosto, un grupo de taxistas coordinó sus acciones a través de sus radioteléfonos para aprehender a unos ladrones que, momentos antes, habían asaltado a otro conductor. La búsqueda fue veloz y certera; la venganza, implacable. Minutos después el cadáver de uno de los ladrones yacía en el pavimento. El 1° de octubre del año pasado, otra multitud intentó acabar con la vida de Orlando Pelayo, el padre de Luis Santiago, el bebé secuestrado y asesinado por orden suya. En junio de 2008 se había iniciado la serie de intentos de linchamientos, cuando los vecinos del barrio Candelaria trataron de asesinar a Christian Alejandro Muñoz, quien había matado a la periodista Evelyn Rivas. En cada caso, para la gente el código de procedimiento penal parecía decir: “Mátalos sin piedad, la justicia está en tus manos”.

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