Fausto Cabrera: declamando su propia historia

El escritor español, que se define como un “guerrillero frustrado”, ahora participa en el rodaje de ‘El gran Sadini’.

A sus 84 años, este actor, director, declamador y libretista, que conoció la guerra desde que era un niño, no se cansa de deleitarse con los buenos poemas, los mismos que le sirvieron para conquistar a Luz Elena Cárdenas. “En Medellín me enamoré y me casé con una bella antioqueña. Creo que no hubiera podido casarme con una mujer que no amara la poesía”, comenta Fausto Cabrera. Desterrado de España durante la Guerra Civil (1936-1939), siguió la corriente marxista y los principios de la actuación del ruso Konstantin Stanislavsky y del director japonés Seki Sano.

Cabrera, amante de las tortillas de patatas, fue uno de los primeros en abordar las artes escénicas, además de pionero de la televisión en Colombia durante el gobierno de Rojas Pinilla. Y fue en este país en donde se convirtió, como él mismo lo dice, en un “guerrillero frustrado” luego de desempeñarse como secretario político del Ejército Popular de Liberación (Epl), pues consideraba que “al comienzo fue importante para la nación, pero después se vino degenerando con actitudes como el secuestro. Empuñé un arma durante tres años, pero no estaba de acuerdo con la línea política del partido ni con la línea militar”. Por eso abandonó la corriente desfigurada de la guerrilla colombiana.

Aquel hombre, que se considera estrictamente cumplido, es padre de Sergio Cabrera, el reconocido cineasta que ha dirigido películas como La estrategia del caracol. “Sergio es muy exigente en la actividad profesional. Desde pequeño yo lo llevaba a la televisión cuando necesitaba un personaje infantil. En todas sus películas he trabajado como actor y durante la filmación, no era mi hijo, era mi director”.

Fausto Cabrera ha publicado varios libros, uno de ellos es la autobiografía Una vida, dos exilios, ilustrado por uno de sus amigos más cercanos, Fernando Botero, a quien conoce desde su adolescencia y de quien recuerda con agrado que “ni pintaba gordas ni era millonario (risas). Por esa época él tenía 18 años, hasta ahora comenzaba a pintar y me hacía todas las escenografías”.

En ese texto, editado en 1993, cuenta que se sentía “exiliado como español y como colombiano. Creo que eso es lo más tremendo que le puede suceder a un ser humano. En el exilio uno abandona lo que ha significado y lo que uno ama”, dice refiriéndose a los momentos en los que tuvo que viajar por el mundo, pasando por China y República Dominicana, huyendo de los agravios de la dictadura de Francisco Franco luego de que se tomara el poder con el respaldo de Hitler y Mussolini en 1936.

También hace alusión a uno de los momentos más especiales que vivió cuando tenía ocho años y Federico García Lorca lo escuchó declamar. “Un primo mío formaba parte del grupo de García Lorca en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, se llamaba La Candelaria. Él dijo que tenía un primo chiquito (es decir yo) que se la pasaba  recitando. Yo empecé a recitar y Lorca se emocionó, me abrazó y me besó. Ese beso no me lo quita nadie. Yo siento que me integré en su poesía”, dice con emoción.

Actualmente Fausto Cabrera trabaja en el rodaje de la película El gran Sadini, de Gonzalo Mejía, y en otro libro llamado Fausto Cabrera, experiencias y vivencias en el teatro, radio, cine, televisión, actor, director, libretista y guerrillero frustrado. El escrito, que saldrá al mercado en pocos días y contará con ilustraciones de Botero, cuenta algunas verdades y mentiras sobre la televisión en Colombia.

“No hay derecho que históricamente la gente se quede con lo que se ha dicho. Ahora resulta que la mayoría de los viejos actores fueron fundadores. Yo lo digo todo en este libro y sé que se va a formar una polémica berraca, pero es necesario que se sepa cuál fue el verdadero proceso”.

En sus obras se ve al Fausto que desde niño siempre supo que el arte lo llevaba en el alma. Ahora, como abuelo, es cariñoso, pero muy estricto, y que tiene como maña acostarse antes de las nueve de la noche para madrugar a las 5:30 a.m. y practicar Tai Chi Chuan. Este es el hombre temperamental que se seguirá perpetuando en los oídos del arte contando su historia. “Amo la paz porque conozco la guerra desde  niño”.

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