Violines hechos en Medellín

Se trata de un proyecto  para formar artesanos que se dediquen a construir  y  reparar instrumentos de cuerdas.

La única fábrica de violines en Colombia tiene su sede en Medellín. Se trata de la Escuela de Luthiers, un proyecto que se inició hace 10 meses para formar artesanos que se dediquen a la construcción, reparación y restauración de instrumentos de cuerda como violines, violas, chelos y contrabajos.

A pesar de que en el país, en especial en Medellín, existen las redes de bandas musicales, éstas tenían una falencia: no había quién reparara sus instrumentos. Miles de violines se encuentran arrumados a la espera de ser arreglados para volver a sonar. “Sólo una persona en la ciudad sabía reparar los instrumentos y era muy costoso. Gracias a este proyecto ahora tenemos un contrato para arreglar 500 violines en seis meses. Esperamos también lograr un acuerdo con la fundación Batuta, pues tienen diez mil instrumentos que requieren arreglo”, dice Adriana Muñoz Calle, profesora de la Escuela de Luthiers.

La idea de esta escuela, la primera en el país, nace del cónsul de Australia en Medellín. Siempre que viajaba le pedían que trajera violines para reemplazar los dañados, así que buscó el apoyo de la Universidad de Antioquia, el Sena, la Corporación Andina de Fomento y la Corporación Antioquia Presente, y logró poner en marcha la escuela, en donde 42 alumnos se han formado y tres de los profesores capacitados en el Sena replican sus aprendizajes hoy en la Escuela de Luthiers, donde hay 14 muchachos, quienes tienen formación como carpinteros, músicos, diseñadores y cantantes.

“Nosotros somos los primeros formados en normas internacionales de Cremona, Italia, la ciudad donde se desarrolló la lutiería. Vinieron profesores internacionales y eran sorprendidos con la capacidad que teníamos de aprender y manejar la madera”, asegura Muñoz.

Actualmente en el taller de la escuela se fabrican 18 violines, cada uno de ellos puede tardar hasta seis meses en estar terminado. Es un trabajo de paciencia y entrega. Como dicen los artesanos, el violín es un instrumento perfecto y para lograrlo hay que comenzar por estudiar la madera, materia prima que es importada de Europa. “Las características sonoras de la madera las dan las estaciones. Aquí estamos haciendo un ensayo con Comino Crespo a ver qué tanto funciona esta madera nuestra”. comenta Muñoz.

Importar a Colombia un violín puede costar entre seis y siete millones de pesos, fabricarlo en Medellín reduce los costos a la mitad y su calidad es igual a los mejores del mercado.

Este proyecto, que nace como apoyo a los músicos y recuperación del tejido social de la ciudad, ha llamado la atención de quienes lo conocen. En la asamblea del BID, uno de los violines le fue regalado al ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton.

“Es probable que en el futuro entremos a proveer instrumentos para la Fundación Interamericana de Cultura y Desarrollo del BID. Ellos donan instrumentos a Centro y Sur América. En una primera etapa hicimos 14 violines y el que yo fabriqué fue el que le dieron al ex presidente. Ahora estamos esperando un taller de arquería, el arco es el instrumento con el que se toca el violín”, explica Édgar Arboleda, docente de la escuela.

La mayoría de los niños y jóvenes de la Red de Bandas de Medellín interpreta violines chinos, que aunque aseguran son buenos, llega un momento en el que no permiten sacar notas más avanzadas y continuar la formación de los músicos.

Para Mónica Hurtado, estudiante de la Escuela de Luthiers, “aquí no hay violines buenos y es muy importante poderlos construir para niveles avanzados y para enseñarles a otros alumnos a cuidarlos porque no sabemos cómo hacerlo”.

Gracias a esta iniciativa, orquestas de las diferentes universidades del país también se benefician de los conocimientos de estos jóvenes que hoy consagran su vida a la música, no sólo interpretándola sino fabricando el instrumento que les permitirá alcanzar sus sueños de ser los mejores en los escenarios nacionales.

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