Alberto Contador dijo aquí estoy y es el nuevo líder

El español ganó el domingo la etapa del Tour. Su máximo rival, el estadounidense Lance Armstrong, es segundo en la general, a más de un minuto. Se espera una semana de infarto.

Alberto Contador volvió a ponerse la camiseta amarilla del Tour de Francia, dos años después de su victoria en París de 2007, y lo hizo tras abrirse paso a manotazos entre la multitud que le aclamaba en la primera etapa alpina con final en la inédita cima de Verbier, donde también cerró un debate interno en su equipo sobre la identidad del auténtico líder.

Una victoria portentosa en lo deportivo que condujo al madrileño al número uno de la general y un triunfo imprescindible, vital para salir de un mar de tensión, debate y dudas que le atenazaron desde la salida del Tour en Mónaco. Desde el anuncio del regreso de Lance Armstrong a la competición, en septiembre de 2008, en plena Vuelta a España, Contador ha tenido la sombra del tejano a su lado. ¿Quién será el jefe de filas? ¿Trabajará él para ti o trabajarás tú para Armstrong? Preguntas que se han repetido miles de veces en las comparecencias de Contador ante la prensa.

Ya en el Tour 2009, la primera contrarreloj en Mónaco ofreció superioridad del madrileño en la carretera respecto a su ilustre compañero, pero éste, con tablas por doquier en el oficio, le superaba en declaraciones ambiguas y atracción mediática. Más tarde, un despiste de Contador en la etapa de La Grande Motte, que le hizo perder 40 segundos, fue un argumento perfecto para que el siete veces ganador del Tour comentara que a su compañero le faltaba experiencia.

La primera etapa con final en alto, en Arcalís, supuso el primer aviso de Contador, que dio una corta lección de “grimpeur” en los dos últimos kilómetros. El bocado fue de 20 segundos, insuficientes para cerrar la boca del americano, que seguía apelando a la “ley de la carretera” . Desde la dirección del equipo, Bruyneel aplicaba a su amigo americano el “sí, bwana”. Así que Contador fue acumulando rabia, incomprensión y, a la vez, ganas de explotar. En la primera jornada de descanso lanzó un mensaje de falta de confianza de su equipo hacia él. “Si fuera el líder no habría debate de por qué ataqué en Arcalís”.

Dicho y hecho. Contador sacó el lápiz rojo y marcó una fecha: 19 de julio, decimoquinta etapa entre Pontarlier y Verbier, primer final en alto de los Alpes. El día D, la hora H. El lugar exacto, la pancarta de 6 kilómetros para meta. Ahí, empezó el principio del fin del cansino debate que ha servido de argumento para animar el Tour a falta de espectáculo en la carretera. El ciclista de Pinto reventó en la montaña, en su terreno.

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