La reforma traerá desconfianza

Especialistas en impuestos de esta compañía aseguran que tendrá un impacto negativo para las inversiones. Dicen que hay otros caminos como el endeudamiento o la venta de ciertos activos de la Nación.

Una nueva reforma tributaria no debe sorprender, luego de tres años sin ella. Realmente es destacable el esfuerzo que ha realizado el Gobierno Nacional por incrementar la confianza inversionista a partir de, entre otros instrumentos, la estabilidad en el régimen tributario. Este es uno de los factores clave en la atracción de nuevos inversionistas y para estimular a los que ya tienen presencia en Colombia, según el análisis realizado por Gustavo Pardo, socio director de impuestos y el equipo de asesores tributarios de Ernst & Young Colombia.

“Definitivamente es recomendable que se lleve a cabo, pues ese será el camino para aliviar las finanzas públicas. Sin embargo, cabe reflexionar si eventualmente existieran otros caminos, como el endeudamiento o la venta de ciertos activos de la Nación como se ha planteado”, dijo Gustavo Pardo.

Además, aseguró que “las dos principales medidas que al parecer traería la reforma tributaria, como son la extensión del impuesto al patrimonio y la reducción en la deducción especial por inversión en activos fijos reales productivos, podrían desalentar algunos proyectos de inversión o, cuando menos, retrasar la ejecución de algunos de ellos que ya se venían adelantando por parte de múltiples compañías, hasta que se revisen los efectos de la reforma”.

Actualmente se han evaluado y aprobado nuevos proyectos de inversión que se preveía no estarían afectados por el impuesto al patrimonio —pues el actual rige hasta 2010 y se liquida tomando como base el patrimonio líquido al primero de enero del año 2007— y sobre los cuales se reconocía una deducción especial del 40% por inversión en activos fijos reales productivos. Cambios en una de estas dos situaciones llevarán a la necesidad práctica de revisar su impacto en los modelos de negocios, con el consecuente retraso en su ejecución y, eventualmente, con una revisión en la cuantía de la suma a invertir.

“El sólo anuncio de la reforma tributaria ya ha puesto a los inversionistas a revisar sus planes y su trámite podrá llevar a que algunos proyectos que se empezarían a ejecutar en el segundo semestre del año 2009 se aplacen para el primer semestre del año 2010, cuando se conozca el alcance que tendrá la reforma tributaria”, afirma Pardo.

En nuestra opinión, deben revisarse diferentes opciones sobre esta reforma tributaria. Los dos puntos que han sido comentados públicamente definitivamente afectan a las empresas y éstas han sido las más golpeadas por la crisis. En los últimos años se han creado diferentes estímulos para los inversionistas, que han hecho que nos prefieran frente a otros mercados de la región. El Gobierno debería ver cuál es la respuesta de las inversiones productivas que muchas compañías están planeando. Éstas generarán empleo, desarrollo y el recaudo puede incrementar dado el monto de dichas inversiones. Por otro lado, si eventualmente las finanzas públicas continuaran resentidas, en un caso extremo el Gobierno podría acudir a declarar un estado de excepción y al establecimiento por legislación extraordinaria de alguna medida para conjurar la crisis.

En efecto, dado que el impuesto al patrimonio actual estará vigente hasta el año 2010 y que la deducción especial del 40% por inversión en activos fijos reales productivos lo estará hasta el año gravable 2009 (impuesto sobre la renta a ser pagado en el año 2010), la reforma tributaria del año 2009 sólo produciría efectos en el recaudo en el año 2011 pero, desafortunadamente, en el próximo año ya estaría produciendo efecto en la confianza inversionista.

En resumen, los cambios introducidos en esta reforma tributaria no darían solución al déficit fiscal en 2010 sino en 2011, para cuando las entidades internacionales proyectan que la crisis va a ser menos fuerte. Lo que sí logran estas medidas es desestimular la inversión y pausar la decisión de nuevos proyectos en el país. Esto finalmente va en detrimento del recaudo pues la base es menor.

 

 *Economista Jefe América del Sur. Servicio de Estudios BBVA

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