El cuerpo humano emite luz

Un grupo de investigadores japonés logró confirmar que el hombre, al igual que todos los organismos vivos, generan pequeñas cantidades de luminosidad. Mediante el uso de una cámara ultrasensible, los científicos tomaron las fotografías.

Es bien sabido, al menos por científicos, que todos los organismos vivos emiten una cierta cantidad de luz. En algunas criaturas, como libélulas o medusas, este fenómeno es necesario para los rituales de apareamiento, por ejemplo. Sin embargo, aún no era claro si los humanos también emitían alguna especie de luz. Hasta hoy.

Un grupo de investigadores en Japón logró tomar las primeras fotografías de este fenómeno en humanos. Mediante el uso de una cámara especializada, que debe mantenerse a una temperatura promedio de -120 grados centígrados, los científicos descubrieron que el hombre promedio emite una ínfima cantidad de luz, 1.000 veces menor que lo necesario para ser percibida por nuestros ojos, pero que la hay, la hay.

La investigación se realizó con cinco voluntarios de un poco más de veinte años, quienes fueron sometidos a condiciones de luz normal, además de permitirles dormir siete horas antes de ser fotografiados. Las imágenes de los sujetos fueron tomadas en un cuarto completamente oscuro en el que los voluntarios pasaron media hora, en promedio, desnudos para no interferir la sensibilidad del dispositivo.

Además de ser fotografiados en busca de la bioluminosidad, a los participantes en el experimento les fueron tomadas una serie de imágenes térmicas para intentar encontrar una relación entre la temperatura del cuerpo y la emisión de luz. Los investigadores encontraron que el rostro es la zona del cuerpo que más emite luz y que el área central, que rodea la boca y las mejillas, es el punto que más brilla.

Como la producción de este tipo de luz depende de cambios en el metabolismo, las cantidades de emisión varían en el transcurso del día. Durante la mañana es el momento en el que menos brillamos. La cantidad de luz que emitimos aumenta en la tarde y a eso de las 4:00 p.m. es el punto más alto de luminiscencia del humano para disminuir a su punto más bajo de nuevo entre la 1:00 a.m. y las 7:00 a.m.

Las mediciones se hicieron una cada tres horas durante las 10:00 a.m. y las 8:00 p.m. a lo largo de tres días continuos y las pruebas también incluyeron una muestra de saliva después de las fotografías para calcular el nivel de varios componentes que estarían involucrados en los cambios metabólicos que generan esta bioluminosidad.

Los resultados prácticos de esta investigación, dirigida por Masaki Kobayashi, Daisuke Kikuchi y Hitoshi Okamura, aún son difíciles de imaginar. Lo que sí queda claro es que el cuerpo humano sigue siendo un campo de juego y sorpresas para la ciencia y que al final del día la especie es todavía hoy una compleja construcción cuyos misterios aún no han sido revelados del todo.

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