Una historia para ser domesticada

Escritor, ensayista y periodista, el mexicano Juan Villoro cuenta cómo cabalga sobre varios géneros literarios.

Es verano y aprovechando su trabajo en la Universidad de Barcelona, Juan Villoro decide desde la distancia trabajar en esa novela escurridiza, que tiene su natal México como escenario y que lleva varios años en proceso. Como él dice, “la escritura puede ser esquiva, como un potro”, por eso recurre a las mejores estrategias para domarla: saltar de un género a otro, alejarse del territorio para escribir con nostalgia y hacerlo hasta que ese texto indómito sea domesticado.

El libro salvaje, su más reciente obra publicada en Colombia, es una historia para niños en la que desarrolla esta idea de la conquista de las letras.

En el ‘El libro salvaje’ uno no lee una historia infantil...

Pienso que las historias para niños deben funcionar para cualquier lector, así como La isla del tesoro o El Principito.

Aquí los libros también son protagonistas...

Quería escribir un libro sobre la aventura de leer para un joven que no estuviera acostumbrado a hacerlo. Pensé en la idea de un libro que huye de los lectores, que es como un caballo sin herradura y no quiere tener jinete. De manera que la lectura fuera la conquista de ese libro salvaje. Así, la lectura se hace tan activa como la escritura misma de un libro. Cuando uno escribe, el libro se resiste, es como un potro salvaje que debes ir domando. Leyendo el libro, el lector vive todos estos desafíos y se enfrenta a retos.

Aquí los lectores no son ratones de biblioteca, aislados de la vida.

A veces se cree que un buen lector es un cerebro suspendido lleno de ideas pero que no tiene contacto con la realidad. Pero lo cierto es que la lectura se engrandece cuando la mezclamos con la vida. La lectura es una forma del afecto, cuando la madre le lee al hijo, éste asocia la historia con su voz. Nada mejor que compartir un buen libro.

Su escritura es también indómita, viaja por todos los géneros...

Nunca he escrito poesía, que es la forma más alta de la literatura. Lo que hago son distintos formatos de prosa, eso tiene que ver con un temperamento disperso. Me gustan muchas cosas al mismo tiempo y al escribir no me ha quedado más remedio que ser fiel a esta dispersión.

¿Cómo ve la relación entre el periodismo y la ficción?

Yo creo que puede ser muy fecunda, pero al tiempo peligrosa. Ha habido novelistas que metidos en las redacciones de los periódicos pierden el poder de su prosa. Sin embargo, García Márquez logró llevar la voz fecunda del periodismo y luego utilizar los recursos para la ficción. Vargas Llosa, Hemingway o Camus encontraron en el estímulo de lo cotidiano las claves de algo perdurable. Las novelas están hechas de esos instantes que buscan volverse perdurables. Para mí, el periodismo es una gran escuela, necesito el estímulo del periodismo y el ansiolítico de la novela donde te pierdes cinco años.

¿Cuál es el libro salvaje en el que está trabajando?

Siempre el próximo. Siempre la historia se te resiste. Yo en ningún genero me siento muy cómodo y es bueno, porque me presenta desafíos. Mientras disfruto de la prensa la inmediatez y la fidelidad a los hechos, en la novela encuentro los desafíos que tiene una historia larga y compleja.

Usted ha vivido mucho tiempo en España, siempre regresa como ahora, ¿tiene que ver con la escritura?

Yo creo que se escribe mejor con la nostalgia de las cosas cuando se trata de la ficción. El periodista es testigo de cargo y debe estar cerca. Pero el novelista escribe más desde una pérdida de lo que pudo ser y no fue. Estoy en Barcelona tratando de avanzar en esta novela que llevo años escribiendo, pues para escribir ficción sobre México prefiero estar lejos. Acabo de terminar una obra de teatro. Al parecer en el tercer acto de mi vida habrá mucho teatro.

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