Colombia le muestra los dientes a Correa

El rifirrafe fronterizo sigue al rojo vivo.

La Cancillería de Colombia pidió a otros Estados no inmiscuirse en asuntos propios del país y recordó que nunca ha emitido alguna opinión sobre la presencia de naves rusas en Venezuela.

Luego de 16 meses de calma chicha y justamente cuando el gobierno del presidente Uribe formalizó el acuerdo con Estados Unidos para que puedan operar desde tres bases militares colombianas, el contenido de un video incautado por la Policía hace dos meses a Adela Pérez Aguirre, presunta integrante del bloque oriental de las Farc y conocida con el alias de Camila, en el que de boca del Mono Jojoy, el entonces máximo jefe de las Farc, Manuel Marulanda Vélez, reconoció ayuda en dólares a la campaña del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, tiene al vecindario más alborotado que nunca.

“Es una falsedad absoluta”, dijo Quito; “el video es claro en todo su contenido”, ripostó Bogotá; “el video dice lo que decían que dice, pero está incompleto”, terció José Miguel Insulza, secretario general de la OEA; “se trata de una ofensiva política, mediática y judicial para justificar el bombardeo”, apreció el ministro de Seguridad del vecino país, Miguel Carvajal; “el presidente Correa tendrá que buscar la manera de manejar el tema ante la opinión de su país”, añadió el general Freddy Padilla; “las Farc pudieron entregar dinero a gente que las engañó haciéndose pasar como cercana al presidente Correa”, dijo el ministro ecuatoriano de la Política, Ricardo Patiño.

En el entretanto de la encendida pugna bilateral, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le metió baza al asunto al amenazar con revisar las relaciones con Colombia por cuenta de la inminente llegada de personal norteamericano a tres bases militares colombianas, mientras el canciller de Colombia, Jaime Bermúdez, en su acostumbrado tono diplomático, le mostró los dientes al recordarle que el Gobierno jamás ha opinado sobre la presencia de naves rusas en aguas venezolanas o cualquier otro acuerdo de ese país con otros de la región y solicitó que no se interfiriera con los asuntos internos del Estado colombiano.

Al calor de las opiniones encontradas y de las acusaciones manifiestas, el ex presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez afirmó que en el vecino país se sienten indignados por el video del Mono Jojoy y que fue sobre el “dinero sucio y manchado de sangre” de las Farc que se pagó la multimillonaria campaña que llevó al poder a Correa. No obstante, el jefe de Estado ecuatoriano recibió con desdén la denuncia del Gobierno colombiano y simplemente atinó a decir que se trata de una tontería más para deslegitimarlo porque Ecuador tiene demandado a Colombia en dos frentes internacionales; ante la Corte Internacional de la Haya por las fumigaciones con glifosato en la frontera, y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el bombardeo en el que murió su ciudadano Franklin Aisalla.

Es la primera vez, en 16 meses de tensas relaciones con Ecuador, que el Gobierno colombiano es tan frontal para afirmar la autenticidad de lo dicho por el Mono Jojoy y las relaciones de las Farc con la cúpula del gobierno de esa nación. Desde el ataque al campamento de Raúl Reyes trascendieron correos comprometedores que fueron capoteados con habilidad por Correa y sus colaboradores, pero el video del Mono Jojoy refuerza la idea de que en Quito sabían que las Farc se movían en la frontera como pez en el agua. Curiosamente, en la larga misiva firmada por Manuel Marulanda y que leyó el Mono Jojoy, se dice que nunca fue informado de que Reyes tuviera una base en Ecuador.

En el toma y dame de señalamientos mutuos, el último que se conoció fue divulgado por el propio ex subsecretario del Ministerio de Gobierno ecuatoriano, José Chauvín, investigado por nexos con las Farc. Responsabilizó a las agencias de inteligencia colombianas de las amenazas que, dice, ha recibido, así como de lo que pueda sucederle. Al tiempo que la pugna se sale cada vez más de los canales diplomáticos, la Policía y el Ejército colombianos alistan un arsenal de más evidencias que comprometerían al gobierno de Ecuador. Y mientras tanto, la economía colombiana en la región fronteriza sufre la imposición ecuatoriana de las salvaguardias a 1.346 productos nacionales. La confrontación no parece bajar de temperatura.