Latinos en la mira

Entre el racismo existente y el nerviosismo a ser deportados, muchos latinoamericanos en Estados Unidos no duermen tranquilos.

“Lárguense de este pueblo y dígales a todos los latinos que se vayan de Shenandoah o de lo contrario terminarán tendidos en el suelo como su amigo”, le dijo Dereck Danchek a José S., luego de haber rematado a golpes, junto con otros tres amigos, a Luis Ramírez, un joven cuyo único pecado era el color de su piel y su identidad latina.

Ramírez, padre de dos hijos, era un humilde trabajador de 25 años quien había emigrado a Pennsylvania a mediados de los años noventa desde su natal México. Sin embargo, el 12 de julio del año pasado, en el mismo lugar donde parecía que había alcanzado el sueño americano, tuvo todas las de perder. Luego de increparlo con todo tipo de insultos raciales, cuatro jóvenes blancos lo golpearon hasta la muerte. Lo alarmante para muchos es que hoy ninguno de los agresores esté tras las rejas.

“Si usted es latino y, peor aún, un indocumentado, y lo golpean hasta la muerte, para usted ni su familia habrá justicia”, asegura John Amaya, abogado del Fondo para la Defensa Legal y la Educación (Maldef), entidad que ha seguido minuciosamente este caso. “Es increíble que los culpables hayan sido puestos bajo fianza con una condena de tan sólo seis meses”, añade. Seguramente si hubiese sido un grupo de latinos que hubieran asesinado a un joven blanco habrían recibido la pena de muerte, coinciden sectores de la comunidad latina en todo el país, la cual recuerda un año de este trágico acontecimiento como símbolo de la impunidad y del odio racial en contra de los latinos en este país.

Según el FBI, en Estados Unidos se presenta un crimen de odio cada hora todos los días del año, hecho que, sumado a un aumento del 40% en los crímenes contra latinos desde 2007, da muestra del alarmante crecimiento del sentimiento antihispano. Tan sólo el último reporte nacional del Southern Poverty Law Center, con sede en Alabama, identifica la existencia de 926 grupos de odio antiemigrantes.

Nadie se olvida del asesinato de Marcelo Lucero, el ecuatoriano brutalmente apuñalado por un grupo de jóvenes en Long Island, Nueva York, quienes aun después de haber confesado que salieron la noche del incidente a cazar latinos, gozan hoy de libertad. Ni qué decir del caso de José Sucuzhañay o del colombiano Wílter Sánchez, quienes, uno muerto y el otro con vida, no terminan por encontrar justicia plena.

Para el senador demócrata Robert Menéndez, coautor del proyecto de ley que busca combatir este tipo de crímenes en todo el país y quien aguarda por su último debate el próximo mes de septiembre, el odio no se podrá eliminar con esta sola iniciativa, pero sí se podrá hacer justicia con más frecuencia. “Con esta ley podemos enviar un mensaje firme a los que responden a la tolerancia con odio. Un crimen de este tipo es un crimen en contra de toda la comunidad”, asegura el senador de Nueva Jersey, estado con uno de los mayores índices de crímenes contra hispanos.

Si bien la ley conseguiría mayores recursos estatales para investigar este tipo de crímenes, así como que extenderá las penas contra violaciones a la comunidad homosexual, quedan aspectos por tratar, como el tema de las sentencias y de la imparcialidad de los jurados, explica Amaya.

Por ahora y en lo que todos los sectores coinciden en concentrar esfuerzos es en la necesidad de denunciar, pues la mayoría de crímenes de odio en contra de latinos no se reportarán por parte de los afectados debido al miedo a ser deportados por falta de documentos.