El dinero de las alianzas venezolanas

Crisis financiera ha frenado proyectos con sus aliados en Nicaragua y Ecuador. El anuncio de suspensión del suministro de crudo a Honduras es la última de sus maniobras.

La crisis en Honduras nuevamente moviliza a una red de alianzas que tiene a Venezuela como uno de sus principales líderes. El presidente Hugo Chávez en ningún momento ha querido esconder que está consolidando un bloque de poder en la región, y uno de sus ejes son las inversiones que Venezuela, gracias al auge petrolero, ha realizado en proyectos de infraestructura, de energía y en obras sociales para otros países.

El primero en la lista de beneficiados es Cuba, que recibe 90.000 barriles diarios de crudo por parte de Venezuela. Buena parte de ellos se venden en mercados centroamericanos y de allí la isla obtiene US$1.200 millones anuales, el 20% del total de sus ingresos en divisas. A cambio, el gobierno cubano envía médicos y docentes a Venezuela y otros países del Alba. El resultado es una hermandad política que también ha contribuido a reducir los niveles de analfabetismo en Venezuela y Nicaragua, principalmente.

Los US$100 millones invertidos en bonos de deuda bolivianos en 2007 facilitaron al presidente Evo Morales la nacionalización de dos refinerías de Petrobras. Casi al tiempo anunció US$600 millones en exploración de hidrocarburos en Bolivia a través de la alianza Petroandina: una sociedad mixta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y Pdvsa. En febrero de 2009, Morales anunció también una inversión de US$80 millones por parte de Venezuela en una fábrica de casas prefabricadas.

Las “petrocasas” donadas a los damnificados del terremoto de Chincha, en Perú, donde se construyeron 100, son un contraejemplo. No todas las inversiones van a países cuyos gobiernos son aliados de Venezuela, como también lo demuestran los subsidios que ofrece Venezuela al gas en barriadas de algunas ciudades estadounidenses.

Argentina, que ha sido un país estratégico para facilitar una futura entrada de Venezuela a Mercosur, será socia en la construcción de 200 “fábricas socialistas” sobre suelo venezolano, para las que Chávez destinará US$300 millones. Sin embargo, para que este proyecto se consolide hace falta un trabajo organizativo profundo que vaya más allá de la financiación inicial. En el acto de presentación del proyecto, el mandatario venezolano dijo que el pueblo argentino estaba realizando avances importantes y “luego fue muy golpeado por el neoliberalismo de la década perdida, de la larga noche neoliberal”.

El gobierno venezolano hizo mucho por ayudar a Argentina a solventar la deuda adquirida durante aquella década. Cuando los precios del petróleo aún estaban altos y la crisis económica no había golpeado al continente, el gobierno de Néstor Kirchner recibió US$500 millones por bonos argentinos de vencimiento al año 2015, y US$5.147 millones en otros títulos públicos. Esto le permitió a Argentina solventar su deuda con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Gracias en parte a los dólares venezolanos, buena parte de América Latina ha podido reducir su dependencia de los dineros de estos organismos. En el continente, la deuda contraída con estas instituciones decreció de US$49.000 millones en 2003 a US$694 millones en 2007.

El 2007 fue el año dorado para la economía venezolana. El gobierno de Chávez comenzó a financiar el 25% del petróleo adquirido por Uruguay a través de préstamos a 15 años con un 2% de interés; donó plantas de energía y camiones de basura a Haití, y construyó viviendas en Dominica. Invirtió US$8.800 millones para ayuda a la región, en comparación con los US$1.600 millones de Estados Unidos.


A partir de 2008, sin embargo, algunos de los proyectos más ambiciosos entre Chávez y sus vecinos han debido ser pospuestos. Aunque el acuerdo de intercambiar petróleo por derivados le ha significado a Ecuador un ahorro de US$200 millones al año, la refinería para la que los presidentes Chávez y Correa colocaron la primera piedra, un proyecto que la haría la más grande del Pacífico y tendría la capacidad de procesar 300.000 barriles diarios, fue pospuesta hasta que se hallaran más inversionistas, para completar los US$5.000 millones que cuesta el proyecto.

En Nicaragua también se tuvo que frenar la construcción de la refinería, cuyo costo se calcula en US$4.000 millones. Lo que recibió el gobierno de Managua este año fue la construcción de 100 “petroviviendas” en los barrios menos favorecidos de la ciudad.

La iniciativa económica más exitosa de Venezuela para consolidarse como un eje de poder regional sigue siendo Petrocaribe, a la que están inscritos 18 países de distintas tendencias políticas. Entre ellos Panamá, donde el multimillonario Ricardo Martinelli fue elegido presidente, y pocas semanas después su ministro de Comercio e Industrias, Roberto Henríquez, anunció: “Claro que vamos a seguir adscritos (a Petrocaribe) porque en el ministerio de Comercio e Industrias las ideologías no cuentan”.

A través de Petrocaribe se han invertido más de US$222 millones para 124 proyectos de desarrollo y sus 17 países miembros (Honduras fue suspendida luego del golpe de Estado) reciben en conjunto 121.000 barriles diarios; de ellos, Tegucigalpa solía recibir 20.000.

Serán los precios del petróleo los que determinen si esta tendencia se profundizará o se aplazarán los proyectos más ambiciosos. Una caída brusca podría hacer que cesen por completo. Entre tanto, nada más allá de los precios de este combustible o de un cambio de gobierno indicaría que la tendencia cambie. Sus ayudas energéticas, e inversiones en complejos industriales, proyectos de infraestructura y vivienda seguirán siendo las más altas de un país hacia otros en el continente.

A revisión relaciones con Colombia

Una semana después de que Colombia anunciara el posible permiso para que tropas de EE.UU. operen desde tres bases militares en su territorio, el presidente venezolano, Hugo Chávez, tomó cartas en el asunto.

El martes, en entrevista con el canal estatal Venezolana de Televisión, Chávez hizo un anuncio esperado en el Palacio de Nariño: “Las tropas norteamericanas en Colombia hacen y deshacen y son una amenaza para Venezuela. Por eso, nosotros lamentamos esta situación, pero nos vemos obligados a revisar las relaciones con Colombia”.

El mandatario venezolano aseguró que la presencia de militares estadounidenses significa una amenaza para su país.