Instantes capturados

Guillermo Cano, colombiano residente en Nueva York, le apuesta a una fotografía gráfica.

Su abuelo, el fundador de la Galería Cano, un devoto de la conservación y de la promoción del arte precolombino y responsable de llevar a los cuellos y las muñecas de las mujeres un pedazo de historia bañado en oro, fue esa figura de admiración y su principal aliado por el gusto de las imágenes.

Más allá de esa cámara Fisher Price que tuvo a los cinco años, Guillermo Cano (nieto) tuvo su primer encuentro con el mundo fotográfico por medio de las miles de revistas que coleccionaba su abuelo, especialmente las National Geographic. A eso se le sumaba que este último era el contacto de referencia para cualquier fotógrafo que viniera al país por su conocimiento de la cultura precolombina.

Ya en la época del colegio, Guillermo tuvo la suerte de tener a la artista Erika Diettes como su profesora de fotografía, quien hasta ahora ha sido una gran influencia. Es ahí donde descubre que el hilo de los días los cosería con imágenes y los viviría a través de los instantes captados. Por eso, viaja a Nueva York para estudiar fotografía en Parsons, y desde el comienzo hace prácticas como ser asistente de KT Auleta, una de las grandes fotógrafas de moda. A pesar de que la moda no es su foco principal de interés, es una manera de acercarse a otros escenarios y de trabajar con gente que no trata lo mismo que él.

Desde el principio estuvo interesado en fotografiar la arquitectura de los lugares, buscar esos elementos esculturales que tiene un edificio, seguir las líneas de una estructura y ver cómo interactúa la gente con los espacios que ocupa. Pioneros de la fotografía gráfica, como el alemán Thomas Struth, han permeado su óptica. Por otra parte, también tiene esa inquietud de crear sus propias obras escultóricas para fotografiarlas después. “Creo un esqueleto en metal, vidrio o plástico y luego lo intervengo con pinturas, con agua, con humo, y juego con las temperaturas... La gracia es que el objeto tenga su propia vida durante una ventana de tiempo y hacer lo mejor para capturar ese instante”, afirma Guillermo.

Vive y trabaja en Nueva York, esa ciudad donde el tiempo no alcanza, donde hay acceso a todo con un solo paso, donde todos los días se aprende de los temas más disímiles. Es, sin duda, en sus propias palabras, “el mejor ambiente para formarse como fotógrafo” y para adentrarse en el mundo de las galerías donde le gustaría ver sus imágenes.

www.guillermocanoperez.com

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