Lenny Kravitz, viajando por instrumentos a través del rock

Hace poco presentó el álbum ‘Let love rule 20th anniversary’, que ya está en las discotiendas del país.

Lo único que puede resultar peor que tener un vecino con pretensiones de baterista es que sea el hijo de uno el que tenga como afición aporrear los cueros día y noche. Eso fue lo que le pasó a la pareja integrada por Sy Kravitz, destacado productor de noticias, y Roxie Roker, actriz de la serie norteamericana The Jeffersons, aunque la única diferencia es que a su pequeño Lenny no le interesaba rodearse por modernas y finas baterías, sino que se proveía de ollas, sartenes y demás utensilios de la cocina para hacer lo que él consideraba buena música de vanguardia.

Esa aproximación al arte de las notas musicales a través de improvisados bombos, redoblantes y platillos se convirtió en el primer paso en la consolidación de un músico ambicioso que comenzó a brillar en un coro infantil en California, después aprendió a tocar guitarra y, no contento con el manejo de ese instrumento y con las potencialidades de su voz, se aventuró a descifrar los más recónditos secretos de los teclados. De esta manera, el ya joven Lenny, cuyo verdadero nombre es Leonard Albert Kravitz, se volvió un multiinstrumentista, aquel músico capaz de interpretar con destreza y sabor varios instrumentos musicales.

Además de su condición multifacética, este personaje en el que se reúnen dos razas y varias influencias, ha sabido aprovechar los legados ajenos. Por eso se deleita con las piezas del compositor y pianista Duke Ellington, con la voz particular de Sarah Vaughan, con la magia letrística de los Beatles, con la fuerza escénica de James Brown y con el sonido de los Jackson Five. De cada uno de ellos, y de otros tan importantes como Jimi Hendrix y Led Zeppelin, aprendió la esencia de la música, lo particular del funk y lo novedoso del rock.

Con el nombre artístico de Romeo Blue logró un reconocimiento local a mediados de la década del 70, época en la que se relacionó con personajes como Saul Hudson, más conocido en el ámbito de la música como Slash, y la vocalista Maria McKee. Desde entonces se ha encargado de inmortalizar su nombre dentro de la escena del rock. Al comienzo se le criticaba que su estilo no tenía vínculos con la raza negra y que todas las influencias africanas se diluían en un pop con poco futuro. Sin embargo, en el camino conoció a Henry Hirsh, un ingeniero de amplia trayectoria que se dio a la tarea de otorgarle un sonido característico a esta figura llamativa para los ojos femeninos y centro de crítica para las cabezas masculinas. Con la asesoría de Hirsh, Lenny Kravitz publicó Let Love Rule (1989), su primer registro musical con el que se convirtió en el cómplice más apto para una fanaticada que cada día fue multiplicándose de una manera insospechada.

Hace veinte años apareció en el mercado discográfico Let Love Rule y desde entonces la pasión por la música nunca ha cesado. “La música es mi vida, es una reflexión de lo que vivo día tras días. Para mí es algo muy sencillo. Sólo estoy interesado en escribir canciones y lo más lógico es que sus letras hagan referencia a lo que he vivido”, comentó hace algunos años el rockero.

Esa vocación de escribir sin parar y esa intención de pensar en términos musicales se transformaron en una indescriptible capacidad para envolver al público con una historia de vida y conquistar con melodías rítmicas y pegajosas de aceptación masiva. El amor, su más genuina inspiración, le dio cuerda para lanzar álbumes de alta recordación como Mama Said (1991), Are you gonna go my way (1993), Circus (1995) y 5 (1998).

 El cambio de siglo le otorgó a Lenny Kravitz la oportunidad de resumir su vida artística en un disco de grandes éxitos que arrasó en ventas durante su primera semana de exposición pública. La exigencia de sus fans lo obligó a producir rápidamente un nuevo registro y salió airoso de este reto con el inolvidable Lenny (2001).


Lo que vino para él fue un camino ya recorrido, un sendero lleno de éxito en el que las adversidades amorosas alimentaron su capacidad para producir, su ingenio para conquistar y su destreza para crear mundos alternos a lo que se conoce como rock. Prueba de ello son los álbumes Bamptism (2004), Greatest hits limited tour edition (2005) y It is time for a revolution (2008), en el que ratificó, por si quedaba alguna duda, que su principal motor es el amor.

“Cambiar es crecer. Estoy creciendo como persona y este disco refleja dónde estoy ahora mismo. Para mí ha sido como volver a nacer espiritual y musicalmente, y aquí es donde me encuentro ahora mismo, en un momento en que quiero volver a empezar. Estoy viviendo un instante particular, se trata de una especie de proceso de aprendizaje y ahora estoy aprendiendo a aplicar mejor lo que conozco para mi vida y para aquellos a quienes amo”, manifestó durante la presentación de su anterior trabajo.

En estos veinte años de trayectoria artística, Lenny Kravitz sigue vigente marcando los derroteros de cientos de bandas en el planeta. Sus adeptos continúan fieles a su estilo y por eso en todas sus presentaciones se agotan las localidades. Hace un poco más de un año se rumoró la posibilidad de que el norteamericano realizara un concierto en Colombia, y a las pocas horas del anuncio las páginas en internet colapsaron por la demanda de sus fans buscando confirmar la buena nueva. Al final, el evento se canceló.

En este momento Lenny Kravitz está de gira presentando su más reciente álbum: Let love rule 20th anniversary (2009) y con dos décadas de experiencia, este artista sigue sintiendo los nervios de un debutante y el pánico escénico de aquel niño que se sentaba frente a las ollas pensando que era una batería.

La pasión desconocida del rockero

Después de que muchos amigos le pidieran el favor de intervenir en la decoración de sus casas, Lenny Kravitz decidió abrir su propia compañía de decoración en 2003, a la que llamó por su nombre: Lenny Kravitz Design Inc.

Más que un diseñador se considera un consultor, y por esta razón reunió a arquitectos y diseñadores que conforman la oficina en Nueva York para llevar su estilo de vida global y ecléctico a los ambientes y los objetos.

Uno de sus últimos proyectos en esta área fue el rediseño del lounge del Hotel Delano, en South Beach, Miami, al que nombró ‘El cuarto de Florida’ y al que no le pudo faltar uno de sus objetos más preciados, un gran piano Lucite. Su inspiración fueron los años 50 y Cuba. 

Su estilo siempre tiene toques retro como también muchos elementos del art deco. La paleta de dorados, negros y blancos también están presentes en los espacios que interviene.

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