Zelaya cruzó la frontera

A pesar de que el gobierno de facto de Honduras blindó la zona limítrofe, el presidente depuesto Manuel Zelaya estuvo en su país.

Durante dos horas Manuel Zelaya, el derrocado mandatario hondureño, pudo sentir el aire en su país de origen. Tras un día de viaje por las carreteras de Nicaragua, acompañado del canciller venezolano, Nicolás Maduro, y funcionarios de otros países, Mel, como es conocido entre sus seguidores, pudo cumplir por poco tiempo su tan anunciado regreso.

No fue una hazaña fácil de lograr. El régimen de Roberto Micheletti había decretado el toque de queda en sus fronteras con Nicaragua y El Salvador ante la publicitada llegada, el viernes en la tarde, de Zelaya.

Entre la comitiva se encontraba el periodista colombiano Hollman Morris, quien en diálogo con El Espectador denunció violaciones contra los Derechos Humanos de los ciudadanos hondureños: “En la carretera que desde Tegucigalpa conduce a Nicaragua, se presentaron varias movilizaciones de campesinos que fueron detenidos arbitrariamente  por policías y miembros del ejercito”.

El reportero, quien se encuentra en la zona realizando un documental para el canal de televisión por cable The History Channel, agregó que aparentemente “la prensa de Honduras sostiene a Roberto Micheletti, evitando registrar estas violaciones ocurridas en las últimas semana. Muchos fueron detenidos, algunos fueron golpeados, sobre todo gente humilde, campesinos pidiendo el regreso del presidente Zelaya”.

El depuesto mandatario había llegado el jueves a la ciudad nicaragüense de Estelí, en la frontera con Honduras. Allí se reunió con varios de sus simpatizantes, quienes lo escoltaron hacia el poblado limítrofe de Las Manos.

Ya en suelo hondureño, expresó su más ferviente deseo: “Vengo a buscar un diálogo con el pueblo y los golpistas. Quiero hablar con el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas”.

Rodeado por el ruido de los helicópteros que sobrevolaban y los rumores de que la policía estaba dispersando con gases lacrimógenos a sus seguidores en otros puntos del país, Zelaya lanzó pullas al gobierno de facto de Roberto Micheletti, su antiguo copartidario liberal. “Aquí los políticos se van a las fiestas y ponen a los militares a dar los golpes de Estado”, comentó a los periodistas que lo acompañaron.

Pero Zelaya tenía una razón especial para estar allí, estaba esperando a su familia, que se encontraba a 20 kilómetros de ese lugar. En conversación telefónica, ellos le aconsejaron devolverse porque no veían las condiciones para su regreso al poder. Momentos después, el derrocado presidente retornó a Nicaragua para planear su próxima estrategia.