Pura mecánica y cálculo político

La derrota que sufrió el uribismo con la elección de Javier Cáceres a la presidencia del Congreso y de Édgar Gómez a la de la Cámara, no fue ideológica ni tiene connotaciones de largo plazo.

A la Casa de Nariño la vencieron con las mismas armas que ha usado durante siete años: desbaratar las bancadas de los partidos y conquistar a sus miembros por debajo de cuerda.

Javier Cáceres, nuevo presidente del Congreso

“Se durmieron en sus laureles”

Cecilia Orozco Tascón.- ¿La ruptura del uribismo hizo posible su elección?

Senador Javier Cáceres.- No creo que haya que asociar mi acceso a la presidencia del Congreso como una ruptura del uribismo. Todos saben que he militado dentro de la coalición mayoritaria, pero también que he sido muy respetuoso de otorgarle garantías a la oposición. Eso les dio tranquilidad a muchos.

C.O.T.- Su voto cantado por Vargas Lleras para 2010 le debe generar mucha desconfianza al Presidente sobre el trámite del referendo.

J.C.- He dicho que no le haré un traspié a ningún proyecto de ley ni de reforma constitucional. Estoy seguro de que el Presidente está tranquilo porque me conoce.

C.O.T.- El día de la elección se le vio reunido con César Gaviria, varias veces en la mañana. ¿Qué significan entonces esas reuniones?

J.C.- Hablé con varios senadores del Partido Liberal y también con el doctor Gaviria y había conversado con él antes del 20 de julio. Siendo consciente de mi cercanía con la coalición mayoritaria, Gaviria también sabe que le doy garantías al liberalismo.

C.O.T.- ¿Qué le dijo el ex presidente?

J.C.- Que se había sentido muy bien con Hernán Andrade porque había sido neutral en el manejo de la presidencia. Yo le dije que les podía preguntar a los liberales sobre mis condiciones y mi comportamiento. Pero él estaba bien informado.

C.O.T.- Si un líder del peso político del ex presidente Gaviria tiene que estar pidiendo anticipadamente que le den garantías, significa que la coalición ha sido atropelladora.

J.C.- Aclarémoslo: él no me pidió nada. Me dijo que el doctor Andrade le había dado garantías y que no estaba de acuerdo con el comportamiento que habían asumido otros presidentes del Congreso.

C.O.T.- ¿Quiénes? Deme los nombres.

J.C.- No se los voy a repetir.

C.O.T.- ¿Por qué su elección y la de Édgar Gómez en la Cámara generaron semejante crisis en la coalición y en la U?

J.C.- Luis Carlos Restrepo había manifestado que el cálculo interno de la U sobre la votación era diez por Zapata, diez por Cáceres. Yo estaba seguro de que las cuentas eran distintas, pero había algunos que no querían “darse la pela” y se habían quedado callados. Para ese momento yo había hecho un trabajo con los compañeros de la U, con los demás colegas y con los costeños. Ese trabajo había dado su fruto. Por eso no creo que se le pueda echar la culpa ni a Fabio Valencia ni a nadie en especial. Tal vez el doctor Zapata quiso hacer valer los acuerdos, pero sin pedirles el voto individualmente a los senadores.

C.O.T.- Lo cierto es que hay muchas fisuras en la coalición gubernamental.

J.C.- La coalición del Senado sigue siendo mayoritaria y trabaja igual que antes. Algunos congresistas de varios partidos van a buscar otras orillas, pero tampoco podríamos adelantar esa realidad que creo que es inocultable.

C.O.T.- ¿El reacomodamiento de las fuerzas políticas se debe a la posibilidad de la segunda reelección presidencial?

J.C.- No. Se debe a que el paso a otro partido es permitido ahora y también a que hay muchos congresistas que no se sienten bien en su partido actual porque les han tratado de montar competencia en sus regiones.

C.O.T.- ¿No cree que también hubo exceso de soberbia entre los directores de los partidos de la coalición y algunos funcionarios de la Casa de Nariño?

J.C.- No diría eso porque soy respetuoso. Más bien me parece que todos se durmieron en sus laureles y trataron de llevar a los congresistas de la mano a que votaran según los acuerdos que se habían hecho, cuando los parlamentarios votan por razones más personales: si tienen garantías; si sienten que a quien van a elegir es amigo o no; si alguna vez quien les pide hoy el voto, dejó de saludarlos, etc. Cada congresista toma su determinación al margen de la filosofía política y de los partidos.


C.O.T.- ¿La norma del ‘transfuguismo’ político que se aprobó recientemente con el apoyo de la coalición oficial se volvió en contra del Gobierno?

J.C.- Todavía no sabemos cuáles van a ser sus repercusiones, pero sí hay múltiples comentarios de los colegas según los cuales ellos están considerando migrar. Entre otros motivos, el que más les preocupa es que su propio partido trate de montarles contrincantes en sus zonas. Por decirlo así, cada senador tiene la disponibilidad de quitar o poner los avales para candidatos a la Cámara. En la medida en que el senador esté solo como jefe regional, tiene la posibilidad de entregar todos esos avales. Si comparte la jefatura con un nuevo aspirante, tendría que ceder algunos espacios.

C.O.T.- ¿Leyó la columna de Óscar Collazos, comentarista de su tierra?

J.C.- No.

C.O.T.- Habla precisamente del ‘voltiarepismo’ y lo puso a usted como ejemplo de ese fenómeno, ¿qué opina de ese comentario?

J.C.- Como le dije, soy respetuoso de lo que piensan los demás, pero tengo mis explicaciones: estuve en el Partido Liberal hasta cuando me pusieron unas condiciones que yo sabía que no iba a cumplir. Yo tenía un movimiento que se llamaba Sin Corrupción Colombia y nos unimos con otros integrantes de ese partido. Allí logramos que me reeligieran por segunda vez. Después, las cosas se pusieron difíciles porque muchos de los miembros del movimiento empezaron a buscar otros partidos. Entonces fundamos el Polo Democrático con la intención de morirme allí. Pero cuando hice el debate sobre cómo se habían robado la plata de la reinserción en Colombia, me tropecé con muchos de los directivos que me hicieron la vida imposible y decidí retirarme. Esa es mi historia de ‘transfuguista’.

C.O.T.- ¿Qué opina del escándalo por la presunta entrega de notarías a los congresistas a cambio de su voto por la reelección en 2004?

J.C.- Nosotros éramos del Polo Democrático Independiente y no votamos la reelección de Uribe. Acuérdese de que yo encabecé el movimiento para votar por Lucho Garzón a la Presidencia y posteriormente a la Alcaldía de Bogotá. No sé nada sobre notarías.

C.O.T.- ¿No ha recibido cargos oficiales del Gobierno como cuota política por sus apoyos?

J.C.- No es mi estilo. Indudablemente tengo muchos amigos en la administración, pero nunca le he pedido al Gobierno un cargo. Los cargos son del Partido.

Cáceres: “No se trata de populismo”

C.O.T.- Según dicen, a usted le gusta conservar un estilo de vida popular.

S.J.C.- Nací en Cartagena en un sector que en aquel entonces era el basurero de la ciudad. Mis padres invadieron ese terreno. Allí nacimos y crecimos. Nunca he tenido expectativas de ser rico. No puedo negar que tengo un buen sueldo, pero mantenemos nuestra humildad. Vivo en un barrio en las afueras de Cartagena que se llama El Recreo. No se trata de populismo ni nada por el estilo. Mi origen es humilde y mi capacidad también.

C.O.T.- No lo digo con sentido peyorativo, pero la boda de su hija fue muy comentada en los medios de comunicación como una cumbre social y política.

S.J.C.- Al contrario de lo que ha dicho la prensa, no había tantos políticos invitados. Fuera de los senadores de Bolívar, los otros invitados eran Toño Guerra, Camilo Sánchez y mi compadre y hermano Jaime Dussán. Y lógicamente, invité a Germán Vargas, pues es nuestro jefe y amigo, pero no es cierto que hubiera existido alguna pretensión de mi parte.

C.O.T.-  ¿Cuál fue su última votación?

S.J.C.- 18 mil votos entre Cartagena y Bolívar. En total, 38 mil.

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