Colisión de Gobierno

Tras la crisis uribista por la elección de las mesas directivas del Congreso, comienza el reacomodamiento de cara al proceso electoral.

En todos los mentideros de la política nacional se habla de lo mismo: la fractura en los acuerdos dentro de la coalición uribista para elegir las nuevas mesas directivas del Congreso y los consecuentes enfrentamientos en el interior del Partido de la U y de éste con el Gobierno —con solicitud de crisis ministerial de por medio—, tiene como trasfondo el reacomodamiento de fuerzas de cara al próximo proceso electoral y significa el primer trazo de un nuevo mapa político en el país.

Para nadie es un secreto, ya que en ese pulso por el Poder Legislativo entre uribismo y oposición, el ex presidente César Gaviria, director del Partido Liberal, y Germán Vargas Lleras, jefe y candidato de Cambio Radical, apostaron duro y ganaron esa primera partida colocando a Javier Cáceres, también de Cambio Radical, en la presidencia del Senado y a Édgar Gómez, de Convergencia Ciudadana, y en conversaciones para ‘voltearse’ al liberalismo, en la de la Cámara.

Una tormenta política cuyos primeros estragos comenzaron a sentirse en la Casa de Nariño desde el viernes pasado, cuando se daba por hecho el rompimiento de los pactos. Ese día había sido escogido Bernardo Moreno, secretario general de la Presidencia, como nuevo Ministro de Defensa. El decreto estaba listo, a la espera de la firma del presidente Álvaro Uribe quien, entre otras cosas, veía a Moreno como la persona ideal para suceder a Santos por conocer el manejo del Estado y no generar resistencias en los militares.

La noticia se filtró ese mismo viernes e incluso se habló de que el Primer Mandatario lo anunciaría el 20 de julio, en los actos de conmemoración del Grito de Independencia. Sin embargo, las cosas fueron cambiando durante el fin de semana y en Palacio se conocieron los comentarios que en voz baja hacían algunos uribistas, en el sentido de que el nombramiento de Moreno iba a traerle al Presidente más dolores de cabeza por las investigaciones judiciales que enfrenta por la yidispolítica y los falsos positivos.

Otro punto en su contra fue el hecho de que desde hace algunos meses eran cada vez más frecuentes las quejas de parlamentarios por la imposibilidad de reunirse con él, a pesar de ser el encargado del flujo de relaciones entre Ejecutivo y Legislativo. Incluso, se escuchó el rumor de que algunos congresistas oficialistas y de la oposición llegaron a decir que si Bernardo Moreno se posesionaba, le promoverían inmediatamente una moción de censura y que “en menos de 15 minutos recogemos más de 100 votos en su contra”.

Todos esos comentarios llegaron a oídos del Presidente, quien decidió meter en la nevera el nombramiento, esperando a que se calmaran los ánimos. Pero el 20 de julio la crisis llegó a su punto más alto cuando se confirmó que la oposición —acompañada de la bancada de la U y del Partido Conservador— votaría por Cáceres para la presidencia del Senado. Y luego se conoció la inminente elección de Gómez en la Cámara. El temor de los asesores en la Casa de Nariño giró entonces en torno a que nombrar a Moreno sin la garantía del apoyo pleno del uribismo era un salto al vacío.

Sin embargo, hay quienes creen también que el presidente Álvaro Uribe —un animal político acostumbrado a las más duras batallas— está dispuesto a dar la pelea y no está dispuesto a cederles el control a sus detractores. Por eso, el haber dejado congelado el nombramiento del nuevo mindefensa puede ser, en estos momentos de efervescencia y calor, un as bajo la manga para negociar y recuperar la gobernabilidad en el Congreso, en caso de que tanto Cáceres como Gómez no cumplan con su promesa de “no ser un obstáculo para la agenda del Gobierno”, como lo prometieron esta semana.

Por otra parte, según conoció El Espectador, algunos asesores de Palacio están considerando que el nombre de Noemí Sanín se convierta en otro punto de negociación del Gobierno. La ex embajadora en Londres tiene el respaldo de pesos pesados del uribismo y no descartan que el guiño presidencial esté muy cerca, aun por encima de Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias. “Noemí no es ni pretende ser una copia de Uribe, pero le da tranquilidad de ser algo así como la guardiana de sus intereses y podría garantizar un posible regreso en 2014”, dijo una fuente cercana al círculo presidencial.

La otra fortaleza que tiene Noemí Sanín es el manejo de la política internacional, un tema crucial en estos momentos para Colombia, cuando las relaciones con Venezuela y Ecuador se encuentran al rojo vivo. Sanín regresa a comienzos de agosto y Santos lo hará en septiembre. A estas alturas, dicen en el palacio presidencial, ya se debe tener claridad sobre el futuro del referendo y sobre la elección del Fiscal General, otro de los temas que desvela al Gobierno.

En la Casa de Nariño son conscientes también de que es fundamental rearmar la coalición. Según el analista político Alejo Vargas, si bien hay fatiga en algunos sectores uribistas que no comparten una segunda reelección y buscan el hundimiento del referendo, ello no quiere decir que se vaya a dejar de apoyar las otras iniciativas gubernamentales. “Los parlamentarios se están organizando en función de sus posibilidades y de cómo van a jugar en términos de su propia elección en 2010”, explicó Vargas.

Tanto Gobierno como oposición —incluyendo en ella a Germán Vargas Lleras— saben que hasta ahora sólo se libró la primera batalla y que la guerra es larga. Sin embargo, Gobierno y uribismo saben que desde el lunes pasado existe una nueva geografía política en la que el liberalismo ha resurgido fortalecido gracias a las movidas estratégicas de su director, César Gaviria, y que las épocas de imponer la ‘aplanadora’ en el Legislativo serán cosa del pasado. Porque si bien no existe un compromiso entre quienes impusieron a Cáceres y Gómez de formar coalición en contra del Gobierno, sí se generó una división en el uribismo y un sentido de independencia en el Congreso, que según las circunstancias y los intereses le atajarán o hundirán proyectos.

Por cierto, un hecho hasta el momento desconocido y que muestra ese liderazgo de Gaviria es la llamada que ese mismo lunes le hizo a Germán Vargas Lleras para exigirle que cumpliera lo pactado, ante las versiones de que Cambio Radical no le jalaría al apoyo a Édgar Gómez en la Cámara. “¿En qué estamos? ¿Vamos a hacer o no las cosas? Cumplamos lo que hemos hablado y seamos serios”, le dijo el ex presidente al ex senador. Gaviria habría sido también el artífice de que Cáceres no aceptara rapartir el período miti-miti con Gabriel Zapata. “¿Cómo vamos a hacer eso si tenemos las mayorías? Diga que no”, le recomendó.

En cuanto a Vargas Lleras, bien podría decirse que ganó pero perdió porque, como lo analiza el representante liberal Germán Olano, la arremetida de los ‘furibistas’ matriculándolo como “el mayor traidor” puede traducirse en un sentimiento de rechazo por parte de esa gran parte de la ciudadanía que sigue dándole al presidente Uribe una alta favorabilidad. De cualquier manera, el país político sabe hoy que para la próxima campaña electoral, tanto para Congreso como para la Presidencia, hay que contar con Germán Vargas Lleras y con el nuevo liberalismo de César Gaviria.