Expectativa por resultados de la “gira muda”

Sectores políticos y empresariales en el país reiteraron su apoyo al presidente Uribe en su recorrido por Suramérica.

Al tiempo que el presidente Álvaro Uribe emprendía una “gira muda” (prudencia en las declaraciones ante la opinión pública, según la Casa de Nariño) por siete países de Suramérica para explicar el acuerdo militar que negocia Colombia con Estados Unidos y la crisis diplomática con Venezuela y Ecuador, el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla, reveló que ya no serán cinco sino siete las bases que contarán con la presencia de tropas norteamericanas, anuncio que según los analistas incrementará la tensión ya existente con los vecinos.

Durante la Conferencia de Seguridad de Suramérica —organizada  por las Fuerzas Militares de Colombia y el Comando Sur de los Estados Unidos–, Padilla señaló que además de las bases de Apiay (Meta), Palanquero (Cundinamarca), Malambo (Atlántico), Bahía Málaga (Chocó) y la Base Naval de Cartagena, el acuerdo con los estadounidenses incluirá también la utilización de los complejos militares de Tolemaida (Cundinamarca) y Larandia (Caquetá).

“No son bases norteamericanas, son colombianas, pero brindamos la posibilidad de que accedan a nuestras instalaciones... Ya existen militares estadounidenses que están trabajando en colaboración, eso es muy abierto y es coordinado con el Congreso de Estados Unidos. Nadie distinto a los terroristas y a los narcotraficantes debe temer por este acuerdo transparente, respetuoso de soberanías, de los acuerdos internacionales y que busca simplemente fortalecer nuestra capacidad en la lucha contra ese flagelo global”, explicó Padilla.

Mientras tanto, el presidente Uribe se reunió ayer en la tarde con su homólogo del Perú, Alán García, quien le ofreció su apoyo: “La historia reconocerá mucho y muy pronto lo mucho que ha hecho usted por Colombia y por todo el continente. Siempre estaremos respaldando el trabajo fundamental que ha hecho usted”, le dijo , al término del encuentro. Y manteniendo la premisa de la “prudencia”, el presidente peruano dijo que conversaron de “diversos temas de interés continental y de las circunstancias que presenta Colombia por desafortunados hechos que no debían ocurrir”. Al cierre de esta edición, Uribe se entrevistaba con el presidente boliviano Evo Morales.

Fuentes de la Casa de Nariño indicaron que el jefe de Estado y el canciller Jaime Bermúdez se concentraron en explicar los alcances del acuerdo con EE.UU., enfatizando que se trata de cooperación, que las bases seguirán siendo colombianas y que habrá controles muy estrictos. “El Presidente lleva su cartilla de la seguridad democrática para demostrar que las relaciones con Estados Unidos son de cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”, se dijo en los círculos de Palacio.

Lo que se no pudo conocer fue si se les mostró a los mandatarios de Perú y Bolivia las pruebas que hablan de la supuesta financiación de las Farc a la campaña del presidente ecuatoriano Rafael Correa y de que ya se le había informado a Venezuela sobre los lanzacohetes adquiridos por ese país a Suecia y que aparecieron en poder de esa guerrilla. Según manifestó el vicepresidente Francisco Santos, Uribe llevaba “unas evidencias y unas pruebas supremamente fuertes”, las cuales serían mostradas sólo si era necesario o por  requerimiento de  otros gobiernos.

Es claro que ante la nueva crisis con Venezuela y Ecuador, la gira del presidente Uribe busca recuperar el terreno perdido en aquella estrategia iniciada incluso antes de posesionarse en 2002, cuando se fue a visitar los países con los cuales se comparten fronteras (Venezuela, Ecuador, Brasil, Perú y Panamá) para buscar alianzas que permitieran cerrarle el paso a la guerrilla. Desde ese entonces, el primer mandatario era consciente de que “las remotas y descuidadas regiones fronterizas eran el eslabón débil de la política de seguridad democrática”, como lo advirtiera en 2004 un informe de International Crisis Group.

Dicho estudio era claro en señalar también que el triunfo de la estrategia de Uribe contra las Farc dependía de la ayuda de los vecinos, pero que no se había hecho un esfuerzo consistente para afrontar las consecuencias socioeconómicas y de seguridad que sufren las comunidades de lado y lado de las fronteras. “Sigue siendo peligrosamente incierta la manera en que Venezuela y Ecuador reaccionen en último término frente al conflicto cada vez más intenso a lo largo de las fronteras”, señala. Y aunque mucha agua ha corrido desde 2004, llama la atención que el análisis es válido en estos momentos de tanta tensión.

Por otro lado, y como era de esperarse, la gira del presidente Uribe generó reacciones en los vecinos. El canciller ecuatoriano, Fánder Falconí, dijo que si bien tiene derecho a explicar el acuerdo que negocia con Estados Unidos, para Ecuador “no existe ningún tipo de justificación”. “En América Latina debemos ya desechar esta presencia de bases extranjeras”, subrayó Falconí, para quien lo importante es concentrarse en tener programas públicos de combate a la pobreza, reducir las desigualdades y lograr bienestar, y la preocupación no es sólo de Ecuador y Venezuela, sino de toda la región.

En Colombia, si bien el jefe de Estado ha recibido el apoyo de casi todos los sectores —incluidos los de oposición—, el debate político se centra en torno al número de bases que utilizarán los militares estadounidenses y los anuncios de la posibilidad de demandar a los presidentes Chávez y Correa ante tribunales internacionales, según admitió el canciller Bermúdez, algo que a criterio del senador liberal Héctor Helí Rojas, “nos dejó mudos a todos y de antemano se tiró la gira”.

A su vez, el también senador liberal Camilo Sánchez volvió a llamar la atención sobre la necesidad de que el acuerdo debe ser llevado previamente al Congreso de la República. “Puede que la gira sea necesaria, pero las explicaciones ha debido de entregarlas el Presidente primero en Colombia. ¿Cómo así que ahora ya son siete bases y que es uno de los pasos para aprobar el TLC? Yo soy defensor de Colombia y teniente de la reserva, pero no podemos permitir un trabajo a espaldas del Legislativo”, enfatizó Sánchez.

Mientras tanto, el martes en la noche fue suspendido un debate en la plenaria del Senado sobre el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos. Miembros del Partido Liberal que impulsan la discusión argumentaron que era mejor esperar los resultados de la gira del primer mandatario.

En medio de la tensión, el  Polo Democrático Alternativo (PDA) pidió audiencia con los presidentes de Venezuela y  Ecuador,  para tratar el tema de las deterioradas relaciones de Bogotá con Caracas y Quito.

En los sectores empresariales, la expectativa sobre el recorrido del primer mandatario se mantiene. Eugenio Marulanda, presidente de Confecámaras, reveló que la deuda de los empresarios venezolanos con el país asciende a cerca de US$270 millones. “Con ese monto venimos desde el año pasado y los compromisos que se contraen de allá para acá no se cumplen. Con la gira de Uribe quedo mudo. Ojalá sea eficaz y pertinente, porque la verdad es que tendrá unos interlocutores pesados: Brasil y Chile. Ojalá haya resultados pronto, porque son muchos los sectores que están perjudicando”, agregó el dirigente gremial.

En el Senado se conoció una propuesta en el sentido de nombrar una comisión especial para que explore diálogos directos con el gobierno venezolano. El senador Carlos Barriga, de Convergencia Ciudadana, admitió que recibió una llamada de personas cercanas al presidente Chávez que le plantearon esa opción. “La idea sería reunirse con funcionarios venezolanos para explicarles los alcances del acuerdo con los Estados Unidos. Estoy seguro de que a los funcionarios de Venezuela les han llevado información errada”, dijo Barriga.

Se espera que Uribe se entreviste hoy con los presidentes de Chile, Michelle Bachelet, y Paraguay, Fernando Lugo. Mañana será recibido por Tabaré Vázquez, de Uruguay; Cristina Fernández, de Argentina, y Luiz Inácio da Silva, de Brasil. El objetivo es claro: buscar la solidaridad de la región sin generar debates que acaben de empeorar la situación. ¿Se logrará?

 

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