El elogio a la luz

El fotógrafo Víctor Robledo exhibe su última colección, ‘Parte de mí’, como una síntesis de todas sus inquietudes como artista.

“A nosotros (los japoneses) nos gusta la claridad tenue, hecha de luz exterior y de apariencia incierta, atrapada en la superficie de las paredes de color crepuscular y que conserva apenas un último resto de vida. Para nosotros, esa claridad sobre una pared, o más bien esa penumbra, vale por todos los adornos del mundo y su visión no nos cansa jamás”, escribe el escritor japonés Junichiro Tanazaki en su libro El elogio de la sombra, de 1933.

Este párrafo esclarece en bellas palabras las fotografías de Víctor Robledo, quien se confiesa admirador de la literatura, de la poesía japonesa y su estética de miradas depuradas.

Así como los impresionistas y su fascinación por los efectos de la luz, Robledo también se adentra en un proceso íntimo y de observación por su color, su desplazamiento y su movimiento. Hace de la luz no sólo el objetivo de su lente, sino una especie de brocha con la que pinta las superficies. Como cualquier investigador, está pendiente del paso del sol y su desvanecer, del efecto de la Luna y de las sombras que se deforman.

La muestra, Parte de mí, expuesta en la galería Casas Riegner hasta el 29 de agosto, se compone de cuatro series llamadas Momentum, Levedad, Diáfano y Reflexión. La primera de estas cuatro atrapa ciertos momentos fugaces desde la ventanilla de un tren que viaja de Edimburgo a Londres en los días invernales de febrero. Las imágenes captadas, acompañadas de un texto que dice “Momentum: cambio de posición de un objeto que ocurre en el tiempo”, muestran un paisaje impreciso por el efecto de la velocidad creando una ilusión pictórica de unos campos verdes y un cielo nublado que apenas se evocan.

Las otras tres hacen alusión a la levedad y a lo diáfano, y se encargan de darle color al aire, textura a un charco, un espejo a una nube y cabida a un rayo de sol. Singulares, simples, delicadas y poéticas, estas imágenes se centran en una naturaleza casi inmaterial que crean un llamado a las sensaciones y revelan su encuentro silencioso y único con la esencia de la tierra. Sus reflejos retratan un mundo paralelo y de ilusión que habita sólo en los vidrios de las ventanas, en los espejos de agua y en las superficies atravesadas por la luz.

Pararse frente a la obra de Robledo implica una reacción emotiva que se debate entre la nostalgia y una bella tristeza. No hay artificios, no hay objetos ni distracciones, no hay manipulación, sólo lo esencial y lo importante caben en su lente.

Galería Casas Riegner Calle 70A N° 7-41. Bogotá.

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