El lado marxista del sexo

Iglesia católica arremetió contra el manual que establece los parámetros para estas clases.

En 2006, Argentina logró aprobar una ley que estableciera la obligatoriedad de la educación sexual en todas las escuelas públicas y privadas del país. Las discusiones sobre el asunto no han parado desde entonces y mucho menos ahora que la Iglesia católica arremetió contra el manual que establece los parámetros para estas clases.

Fue el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, quien además preside la Comisión de Educación Católica del Episcopado Argentino, quien tiró la primera piedra cuando calificó el manual de neomarxista y totalitario. En palabras del clérigo, el documento interpreta la educación sexual como “la reivindicación del derecho de fornicar lo más temprano posible sin olvidar el condón”.

El material de formación es un manual de 302 páginas, compilado en 2007 por los Ministerios de Educación y de Salud argentinos, que basa su contenido en los lineamientos de organismos internacionales, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su diseño se logró tras consultar a diversos sectores —entre ellos la Iglesia— para trazar los lineamientos curriculares de la materia.

El ministro de Educación, Alberto Sileoni, defendió el manual y aseguró que “promueve valores y no reduce la sexualidad a una mera genitalidad”. De hecho, el documento que hoy ha llegado a cerca de 5.000 escuelas, cuenta con textos que buscan prevenir tres problemáticas crecientes en Argentina: el abuso infantil, el embarazo no deseado y las enfermedades de transmisión sexual.

Aguer, por su parte, propone que en vez de fomentar “el uso exclusivo del preservativo como medio de protección eficaz en la relación sexual frente al VIH, se enseñe la abstinencia de las relaciones sexuales prematuras e irresponsables”, y por ello critica el pensamiento “hegemónico feminista”, que según su punto de vista contiene el manual.

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