“En mi casa no peleo”: Lely Flórez, campeona mundial de boxeo

La campeona mundial regresó a Colombia y promete más alegrías.

Las maletas estaban hechas, prácticamente cerradas, pero en pleno aeropuerto, por algo que parecía un capricho, así en realidad fuera una corazonada, de esas que las mujeres prefieren atribuirle a su sexto sentido, ella quiso abrirlas de nuevo para constatar que dentro estuviera el objeto que no podía dejar por nada del mundo.

¿Maquillaje, el cepillo del pelo o un vestido en particular? Ninguno de los anteriores. Lely Luz Flórez, antes que buscar sus guantes o protector bucal, sintió un alivio cuando vio empacado el sombrero vueltiao que la acompaña desde hace muchos años y que lució ayer orgullosa en el aeropuerto Eldorado, donde algunos aplausos le dieron la bienvenida a la nueva campeona superligera del Consejo Mundial.

Así en su cintura sobresaliera el gigante cinturón verde con el frente dorado, la monteriana intentaba, sin mucho éxito por aquello de la emoción y los nervios, acomodarse en su cabeza el símbolo que hace rato dejó de ser cordobés para convertirse en patrimonio nacional, porque para la monteriana “representa el esfuerzo de mi región, sobre todo de su gente humilde y trabajadora”.

Y si habitualmente es de pocas palabras, el lunes en medio de cámaras, la primera colombiana en lograr un título orbital de boxeo se vio intimidada y sólo pudo admitir que “el recibimiento no tiene nada que ver con mi partida el pasado jueves, cuando sólo amigos me acompañaron, pero el ver tanta gente me pone contenta y le doy muchas gracias a Dios porque pude aprovechar la oportunidad y este triunfo no sólo es mío, es para todos los colombianos”.

Su histórica victoria del sábado la emocionó, pero le da mayor valor por haberla conseguido a miles de kilómetros de Montería y en especial porque “las colombianas que iban a pelear afuera no ganaban, teníamos fama de perdedoras y ya se demostró que no es así; además, quedó en alto el nombre del país y el de las mujeres todavía más”.

Fue por eso que más se tardó en sonar la campana que salir a buscar a la uruguaya Chris Namús, quien apenas le resistió minuto y medio en el cuadrilátero. Una táctica agresiva que le representó la victoria más importante de las 14 que acumula profesionalmente y que tuvo justificación de sobra: “Fuera de Colombia no se gana por decisión, sólo por nocáut”.

Al conseguirla y ver que su víctima de a poco recobraba el sentido, no veía la hora de bajarse del ring para llamar al hogar Bravo Flórez, donde su esposo e hijo “se habían trasnochado siguiendo la pelea y esa energía que me dieron fue fundamental para ganar”.

Con Antonio Bravo vive en unión libre desde hace cinco años y, a diferencia de lo que muchos podrían pensar, en su oficio de escolta jamás le ha “servido de sparring, aunque siempre me ha apoyado en todo, entiende de los sacrificios de tener que separarnos por el deporte y por eso en mi casa no peleo como sí lo hago con los guantes puestos”.

Ha tenido que dejar muchas cosas por ir a los puños en la vida y no más el viernes experimentó como nunca la impotencia al tener que cantarle por teléfono el feliz cumpleaños a su primogénito, Keneth David, quien sopló dos velas en el ponqué.

“Fue muy duro no poder estar con ellos para esa fecha tan especial, pero les dije que el regalo se los iba a dar al otro día y así fue”, cuenta con una sonrisa Lely, ya que sólo será plena cuando los tenga al frente. “Ya me estaban esperando en el aeropuerto de Montería, pero como debí quedarme en Bogotá un día, se tuvieron que devolver”.

No serán los únicos que aguardarán por ella, ya que Montería desde la madrugada del domingo está en vela por su campeona, tal cual lo hiciera décadas atrás con otro hijo ilustre, Miguel Lora, el ídolo de Lely y del cual dice tener “la pegada contundente”.

Con el Happy espera verse, pero la fiesta que se imagina es la de un cumpleaños que fue el viernes, ella lo festejó a la distancia el sábado y sólo hasta este martes podrá ser completo cuando esté de nuevo junto a los suyos.

Una tierra de campeones

El título mundial de Lely Luz Flórez es el número 32 que consigue el boxeo colombiano. El primero lo obtuvo Antonio Cervantes Kid Pambelé, en el peso wélter júnior de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en octubre de 1972.

Otros monarcas inolvidables fueron:

Rodrigo Rocky Valdez (mediano de la AMB y el Consejo Mundial, CMB), Miguel Happy Lora (gallo del CMB), Fidel Bassa (mosca de la AMB), Jorge Eliécer Julio (gallo de la Organización Mundial, OMB), Sugar Baby Rojas (supermosca del CMB), Ricardo Cardona (Supergallo de la AMB) y Ricardo Mochuelo Torres (wélter júnior de la OMB).

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