Hilary ¡Uff!

La actriz y cantante estadounidense Hilary Duff llegó a Bogotá con el fin de colaborar con programas sociales, principalmente relacionados con la niñez.

Hilary Duff llegó casi de incógnita a Bogotá, debidamente protegida, y con los ademanes y las modas de cualquier mujer de su edad, 21 años. El vuelo que la llevó desde Los Ángeles a Eldorado había sido largo, más de siete horas. Largo y nocturno. Poco antes de aterrizar en Eldorado, Duff se arregló un poco, asuntos de vanidad y nada más, pues estaba casi segura de que cuando arribara, a las 6 de la mañana, no habría periodistas ni cámaras en el aeropuerto. Así fue. Un amplio automóvil oscuro la llevó hasta su hotel, donde durmió un rato. A esa misma hora, una decena de expertos en arreglos florales y diseños de jardines trabajaba en el Palacio de Liévano para recibirla. La Secretaría General de la Alcaldía, a través de su oficina de relaciones exteriores, había cuidado todos y cada uno de los detalles para que el suceso Duff fuera inolvidable.

A las dos de la tarde, cuando la vedette estadounidense subió los 62 escalones que la llevaron al tercer piso de la Alcaldía, un coro de niños del colegio Luis Carlos Galán Sarmiento cantó el himno de Bogotá, banderas de la ciudad en sus manos. “Entonemos un himno a tu cielo, a tu tierra y tu puro vivir...”. Los pequeños cantores la observaban como si fuera una aparición. Ella les sonreía, meneando su rubia cabellera. Al final los abrazó y les dedicó algunas palabras en su incipiente español. Minutos más tarde ingresó al salón especial del Palacio, adornado con rosas rojas, y escuchó, solemne, otro coro de niños, el del Idipron (Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud).

Hasta las ventanas del salón subían los gritos y aplausos de millares de adolescentes que se habían apostado sobre la carrera octava para ver de cerca a su estrella preferida. Unos cantaban sus éxitos, “Es tiempo de volar”, la-la-la. Otros, simplemente, llevaban el ritmo con sus manos, mezclando sus compases con gestos estilo Lizzie McGuire, el personaje que ella interpretó para Discovery Channel siendo apenas una niña, y que la transformó en la sucesora de Britney Spears.

En el salón Gonzalo Jiménez de Quesada, diversos y disímiles periodistas y camarógrafos de la cadena CNN y de People and Arts, de los medios colombianos y de la oficina de prensa del Distrito, grababan los pasos de la McGuire hecha mujer, recorrían su ajustado vestido negro y reproducían sus palabras. Yuri Chillán, el secretario general del Distrito, quien ideó y promovió su visita para que pusiera en práctica su programa “Bendiciones en un morral”, y les llevara su voz de optimismo a los niños de la ciudad, la precedía por donde iba, en medio de los cables, el alboroto y las indicaciones de los asesores.

Poco después de que uno de los antiguos relojes del Palacio diera las tres de la tarde, Duff comenzó a responder preguntas y preguntas en una prolija rueda de prensa. Dijo que agradecía sensiblemente que la hubieran invitado a compartir vidas y experiencias con gente tan especial como la colombiana, e imploró para que su trabajo dejara alguna huella. Por último, le agradeció a Samuel Moreno Rojas por haberla nombrado Embajadora de la Juventud y la Niñez. “Me siento diminuta al lado de líderes tan importantes”, afirmó.

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