Pendientes de ‘El Niño’

Cerveceros, floricultores, el sector energético, todos dependemos de las predicciones de este grupo de expertos en el clima.

Conocer de antemano si se acerca una temporada de lluvia o sequía puede resultar un asunto trivial para algunos, pero vital para muchos. Si llueve, algodoneros y arroceros duermen en paz. También el sector energético, que con embalses llenos no debe preocuparse por encender las termoeléctricas.

En cambio, si sube la temperatura y se insinúa una sequía, celebran los cerveceros y los hoteleros. Los primeros piensan en las miles de botellas que serán destapadas para calmar la sed. Los segundos, en playas soleadas repletas de turistas.

Un mes tras otro, sin falta, el meteorólogo Christian Euscátegui debe reunirse con representantes de estos gremios. Las decisiones que toman en sus negocios dependen, en buena medida, de los pronósticos climatológicos que realiza el Grupo de Predicción Climática del Ideam. Combinando información de distintos centros meteorológicos de todo el mundo, con datos aportados por 70 estaciones dispersas por todo el país, y usando complejos modelos matemáticos, los científicos pueden acercarse con cierto grado de confianza a lo que sucederá en uno, tres y hasta seis meses.

‘El Niño’ y ‘La Niña’

Los ojos de los meteorólogos por lo general están puestos en las variaciones de la temperatura superficiales del océano Pacífico. Saben, como lo sabían los pescadores del norte de Perú hace varios siglos, que cuando las aguas se calientan aumenta la probabilidad de sequías en la costa americana. Cuando se enfrían, se multiplican las lluvias. Los viejos pescadores llamaron ‘El Niño’ a esa corriente cálida porque solía aparecer en temporada de Navidad. Por oposición, más tarde se bautizó ‘La Niña’ al enfriamiento del océano Pacífico.

“Cada año es diferente al otro. Si hay ‘Niña’ llueve más en la Costa Caribe y en la zona andina. Si es ‘Niño’, hace calor”, comenta Humberto González, jefe de la Oficina de Pronósticos y Alertas. Son las dos caras del dado. Unos ganan con una. Otros con otra. Pero si el fenómeno resulta intenso, como ocurrió en 1992 y 1997, la mayoría pierde. Según la Organización Panamericana de la Salud, las pérdidas causadas por ‘El Niño’, en 97-98, en el mundo ascendieron a US$33.200 millones y se perdieron 24.120 vidas humanas.

El aumento de las temperaturas marinas calienta y humedece la atmósfera. Con el cambio de los vientos, las lluvias se desplazan a zonas donde por lo general no llueve, y donde debería llover aparece la peligrosa sequía. La naturaleza se desordena.

“En especial una zona del Pacífico tropical es la que modula el clima de Colombia”, explica Euscátegui, “la zona conocida como ‘Niño 3’”. Su antecesor, el meteorólogo Édgar Montealegre es reconocido por haber detectado esa tendencia.

La pregunta que todos se hacen es si estamos próximos a un nuevo fenómeno de ‘El Niño’ ahora que se ha detectado un calentamiento del Pacífico. Por ahora el parte es de tranquilidad. “Pensamos que ‘El Niño’ será de ligero a moderado y no tendría una repercusión tan alta”, es la predicción de Euscátegui, “nadie puede decir en este momento si las lluvias van a disminuir”. Pero como buen meteorólogo, sabe que como cualquier niño, éste también tiene sus caprichos y las cosas en cualquier momento pueden cambiar.

Un ‘Niño’ peligroso

2006 el último año en que se registró ‘El Niño’. Un aumento de 0,5°C en las aguas del Pacífico central es la señal de alerta.

5°C fue el aumento en el océano Pacífico durante el fenómeno de ‘El Niño’ 1997-1998, considerado uno de los más fuertes del siglo.

33.200 millones de dólares fueron las pérdidas en todo el mundo y 24.120, las víctimas humanas por cuenta de las sequías e inundaciones en 1997-1998.

 

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