La historia no perdona

Contrario a lo que parece, el espectáculo de resucitación del referendo reeleccionista que presenció el país la semana pasada, aparte de bochornoso, porqué dejó ver en toda su desnudez la ambición de poder del presidente, deja, para lo que viene, varias cosas en claro. <p>&nbsp;</p>

1.-Que Uribe perdió gobernabilidad. Se dice en política que gobernar es el arte de controlar los tiempos, y al presidente ya se le salió de las manos la agenda del referendo, del legislativo y de las campañas.

2.-Que los alumnos superaron al maestro. Tanto le apostó Uribe al doble juego del "sin querer queriendo" que congresistas, incluso de su bancada, que parecen sumisos frente a su voz autoritaria o seducidos por el computador del secretario general y de la doctora Claudia, aprendieron y ahora lo desobedecen una vez regresan a la realidad lejos de la influencia de Palacio.

3.-La ley del Talión. Mientras ‘pre' y candidatos que estuvieron bajo su sombra dicen a los medios que estarán en una encrucijada si Uribe se vuelve a lanzar, en privado y en sus campañas hacen todo lo posible para que eso no pase. Saben que es una oportunidad única e irrepetible y que no ellos sino sus bancadas (y deben demostrar que las tienen), son las llamadas a dar la pelea.

4.- La angustia de los mandos medios. El variopinto círculo cercano al presidente sabe que le restan menos de 355 días, y lo manifiesta impulsando tutelas, grupos en redes sociales, publicaciones, diatribas y cuanto esté a su alcance para mantener su proximidad, y la de sus intereses privados, al poder.

5.-Más que un punto de honor. El presidente sabe que ya entró a la historia, pero aún no sabe cómo. Si logra hacer pasar el referendo puede, quedándose, institucionalizar el autoritarismo; o dando un paso al costado, blindarse políticamente para su futuro cercano.

Pero si pierde sabe que la posteridad lo condenará porque lo tuvo todo, la popularidad, el Congreso, los medios y todas las instancias a su favor para introducir los cambios estructurales que el país necesitaba; y no lo hizo. Y la historia no perdona.

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