Golpe al corazón de Bagdad

Una cadena de atentados dejó cerca de 100 muertos y más de 300 heridos.

Era la zona más segura de Bagdad, o al menos eso era lo que Estados Unidos y los representantes de varias embajadas y organismos internacionales creían. La Green Zone (zona verde), creada en 2003, está rodeada por altas paredes especialmente construidas para resistir explosiones, tiene uno de los más sofisticados sistemas de seguridad y miles de soldados la custodian.

Pero el miércoles, a las 10 de la mañana, una cadena de explosiones, que dejó cerca de 100 muertos y más de 300 heridos, puso en evidencia que en Irak no hay zonas seguras. Varios carros bomba y proyectiles estallaron en diversos puntos de la capital iraquí. Los más potentes en Green Zone. Los atentados, ocurridos en menos de una hora, son los más graves que se han producido en este país desde la retirada de las tropas estadounidenses de sus ciudades, el pasado 30 de junio, y ponen en entredicho la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para enfrentar la terrible ola de violencia sin su ayuda.

La zona ya había sido blanco de los terroristas en 2004, 2007 y 2008. Sin embargo, dicen analistas, este último es el más grave de todos. “La potencia de las bombas y el nivel de coordinación son inusuales. Además, todos los objetivos fueron edificios oficiales tremendamente vigilados”, explicó a la prensa el analista español Javier Pozo.

La primera explosión se produjo en las proximidades del Ministerio de Finanzas. Un camión bomba explotó en una carretera que se hundió por el impacto de la explosión. Varios de los vehículos que pasaban por allí se precipitaron al vacío. Ocho personas murieron y más de 40 quedaron heridas. Diez minutos después, otro camión cargado de explosivos estallaba junto al Ministerio de Asuntos Exteriores. La detonación destruyó la fachada del edificio de diez pisos. La onda expansiva fue de tal calibre que hizo retumbar las paredes del Parlamento, que se encontraba reunido en sesión en ese momento.

Cuando llegaron los servicios de emergencia, encontraron un cráter de tres metros de profundidad y diez de diámetro. Todo estaba destruido en 300 metros alrededor. A los ocupantes de las casas próximas se les cayó literalmente el techo encima, según relataban los más afortunados a las cadenas de televisión.

Casi al mismo tiempo dos proyectiles de mortero cayeron dentro de la Green Zone, uno de ellos cerca de las oficinas de la ONU. Aunque no produjeron daños, el personal de esa organización conmemoraba el sexto aniversario de la destrucción de su sede en Bagdad declarando el 19 da agosto Día de los Trabajadores Humanitarios. Además, en el céntrico barrio de Bab al Muadham, muy cerca de la Universidad de Al Mustansiriya, una bomba causó seis muertos y 24 heridos. Otro carro bomba en Baya, al oeste de la capital, dejó dos muertos y 16 heridos, y más morteros impactaron en Salhiya, que alberga varios cuarteles y una emisora de televisión.

Los atentados dieron fuerza a más voces, que se sumaron a la del líder demócrata en el senado Harry Reid, quien advirtió que “la guerra en Irak está perdida”.