Perfil de Francisco Sánchez

Un enamorado de las plantas fue condecorado en el marco del programa “Amor por Bogotá”.

“En 1972 murió Enrique Pérez Arbeláez y con él pensamos que también moriría el sueño del Jardín Botánico de Bogotá”. Francisco Sánchez entrecierra un poco los ojos y parafrasea el contenido de aquel documento, escrito en el lenguaje de los burócratas, que decretaba la liquidación del Jardín. “En los últimos renglones de la carta se leía algo como: ‘La labor del doctor Pérez Arbeláez queda ahora en manos del ingeniero Francisco Sánchez’. Y así, de repente, el Jardín quedó a mi cargo: yo apenas me acababa de graduar en la universidad”.

Casi cuarenta años después, Francisco Sánchez sigue involucrado con la misión que le encomendó aquel documento público. La labor no ha sido sencilla, pues en un país obsesionado con la guerra, derruido desde adentro por la corrupción, la idea de un Jardín Botánico, planteada por primera vez en 1928, sonaba a demencia. Bien lo sabía Pérez Arbeláez, quien le decía con frecuencia a su discípulo que estaba “cansado de discutir con el analfabetismo ilustrado de los políticos colombianos”.

En un tiempo, el Jardín era un terreno lleno de fango sin mayor atractivo. Más adelante, el Concejo intentó convertirlo en una nueva sucursal del Cementerio Central. Sánchez hubo de salirles al paso a los ataques y ambiciones ajenas una y otra vez para mantener con vida el sueño de Pérez Arbeláez, junto con la colaboración de algunos personajes que desde diferentes esferas defendieron el proyecto; Sánchez los recuerda como “los amigos del Jardín”: Clara López, actual secretaria de Gobierno; el periodista José Salgar y Teresa Arango, sólo por mencionar algunos.

Fueron casi 30 años en los que se vertió tierra en el terreno de lo que antaño se conoció como el Bosque Popular para nivelar el lote, además de lograr las condiciones ideales para albergar ciertas especies vegetales que sólo crecen en condiciones diferentes a las que ofrece el clima de Bogotá.

Hoy en día el Jardín, luego de rebotar por varias entidades del Distrito durante largos años, es una institución independiente que, según Sánchez, se ha convertido en un referente alrededor del mundo. Según el discípulo de Pérez Arbeláez, el Jardín está catalogado como el más bello de América. Además, desarrolla labores únicas en su especie, como la consultoría y la asistencia en la construcción de varios espacios de recreación de la capital: los parques de El Virrey, la 93 y El Tunal han sido algunas de sus intervenciones. En palabras de Sánchez, “el Jardín se encarga de darle el pincelazo verde a Bogotá”.

El pasado 6 de agosto la ciudad lo condecoró, dentro del marco de la campaña “Amor por Bogotá”, por la devoción persistente con que ha atendido un proyecto que en un principio pareció el desvarío de un botánico y que ha llegado a convertirse en parte del engranaje con que la ciudad construye los espacios de naturaleza y esparcimiento de un lugar aficionado al ladrillo y al cemento.

Temas relacionados