“Ser ‘sapos’ será una carga que aguantaremos toda la vida”

Jorge Iván Laverde, alias ‘El Iguano’, le contó a <strong>El Espectador</strong> las tragedias de la guerra en Colombia. Dice que así como él y sus hombres le apostaron a decirle la verdad al país, espera que algún día los políticos hagan lo mismo.

Jorge Iván Laverde Zapata, el ex comandante del frente Frontera a quien sus hombres conocieron como El Iguano, ha vivido toda su vida en torno a la guerra. De niño, a él y a su familia les tocó el Urabá dominado por el Epl y las Farc. Con 17 años, bajo el mando de la casa Castaño, ingresó a las autodefensas. Hace cuatro años se postuló a la Ley de Justicia y Paz, y desde entonces ha revelado datos tan escabrosos como que sólo su frente causó más de 2.500 muertes en la región.

Fue él quien patrocinó la idea de fabricar hornos y cremar allí a las personas que los ‘paras’ asesinaban. Aunque dice que no puede justificar la muerte de nadie, explica cada uno de sus homicidios con la teoría de que eran sus enemigos y, de paso, los enemigos del país. De Urabá pasó a Chocó y, finalmente, se estableció en Norte de Santander, para operar bajo las órdenes de Mancuso hasta el día en que se desmovilizó.

El país no sale del estupor que produjo el tema de los hornos. ¿Cómo surgió esa macabra idea?

Una vez enterramos a unas 20 personas en una fosa y yo me enteré de que la Fiscalía la localizó. Se nos ocurrió que para no enfrentar un escándalo mejor hacíamos un horno, los cremábamos y listo. El comandante de Villa del Rosario, Misael, me dio la idea y yo dije ¡listo! Eso duró como dos años.

¿Pero Mancuso les había dado indicaciones similares?

No. Al principio, Mancuso nos decía que si era un guerrillero o delincuente, lo matáramos y lo dejáramos allí, como escarmiento; pero, en otros casos, nos decía que no dejáramos tantos muertos para no “calentar” la zona.

¿Cuántas personas echaron a los hornos?

Por ahí 90. Muy difícil precisarlo. Estamos cansados de pedirle al Gobierno que nos postule a los muchachos que capturaron antes de la desmovilización y que saben muchas cosas.

¿Nunca metieron gente viva?

Jamás, estoy seguro.

¿Cómo se enteró Mancuso?

Después de que nos desmovilizamos yo le conté. Estaba preocupado porque es un tema delicado. Él me dijo que eso había que contarlo. Yo he intentado trabajar con las víctimas, decirles qué personas desaparecimos allí.

Hay denuncias de que desmovilizados estarían chantajeando a políticos para no involucrarlos en la parapolítica.

Cuando empezamos este proceso supe que nos íbamos a ganar muchos enemigos, que nos iban a tildar de mentirosos. Pero, ¿quién dijo que nosotros corrompimos a los políticos? ¡Ellos nos corrompieron a nosotros! Con los políticos siempre es un tema delicado. Les he dicho a los muchachos míos que cuenten todo, aquí nos obligaron a ser “sapos”. Ojalá algún día los políticos salgan a decir que se reunieron con nosotros, como lo hicieron Eleonora Pineda y Rocío Arias.

¿Qué puede decir de los presuntos nexos de Ramiro Suárez, ex alcalde de Cúcuta, con las Auc?

En 2003 había una orden de las autodefensas para matarlo porque nos habían dicho que se reunía con las Farc. Pero el político del bloque Catatumbo, Elías Galvis, le dijo al comandante  Camilo  que nos servía más vivo que muerto y se reunió con nosotros. Una vez se posesionó, no nos cumplió lo de la Secretaría ni lo de Metroseguridad. No sé si él mandó a matar personas, le dije eso a la Fiscalía porque eso me dijeron mis muchachos, que era un favor que le habían hecho a él.

¿Conoció a José Miguel Narváez, ex subdirector del DAS?

Lo vi en dos ocasiones en la finca La 35. Muchos comandantes ya declararon que él dictaba cursos para las Auc.

¿Narváez tiene responsabilidad en la muerte de Jaime Garzón?

No puedo afirmarlo. Se lo escuché a Cero Cuatro, un comandante muy cercano a los Castaño que se desmovilizó, me dijo que Narváez era de los que más había “pedaleado” la muerte de ese señor.

¿Cómo era la relación de su frente con la Fiscalía?

La Fiscalía trabajaba con nosotros y Ana María Flórez (ex directora de Fiscalías de Cúcuta) nos daba información y nos decía dónde iba a haber operaciones; al Gato, segundo comandante urbano, le decía dónde estaban ubicados guerrilleros y sobre esa información actuábamos. Pero por contar la verdad hemos tenido serios problemas. He confesado cantidad de homicidios y apenas me han legalizado 135 crímenes en tres años. Lo que dijo Mancuso no es mentira: en 100 años no habremos terminado.

¿Justicia y Paz no sirvió?

Esa ley ha servido para esclarecer algunas cosas, pero como vamos no se van a esclarecer en su totalidad. Necesitamos más salas de versiones libres, más fiscales y que no sea tan largo el procedimiento. No nos pueden pedir la verdad cuando nos amordazan y nos quitan los celulares. Hay gente en las cárceles pagando homicidios que cometimos nosotros, mientras rogamos porque incluyan muchachos en Justicia y Paz para que digan lo que saben.

¿Qué mensaje les envía a las víctimas?

Yo quedaré como el peor bandido del mundo. No puedo justificar por qué maté a una persona, y aún sabiendo por qué las maté no puedo decirlo porque las victimizaría más, era la información que teníamos en ese momento. Pero una forma de repararlas es contando la verdad.


¿Los afectó la extradición de los 14 ex jefes paramilitares?

Tumbó el proceso. Ahora, si decimos algo sobre un político nos dicen: “Miente, llévenselo para Cómbita, ármenle un indictment, mándenlo a Estados Unidos”.

¿Lo han amenazado con la extradición?

No, porque nunca tuve que ver con el narcotráfico. Lo que pasa es que ser “sapos” será una carga que tendremos que aguantar toda la vida. Todo el mundo sale a decir que somos mentirosos y delincuentes. Y nosotros no tenemos intención de mentirle al país.

¿Ustedes colaboraron con falsos positivos?

No, ya lo hubiera dicho.

Vamos a su comienzo. ¿Por qué lo trasladaron a Norte de Santander?

A principios de 1999, Carlos Castaño organizó una estructura que iba a entrar a Norte de Santander a combatir las Farc y al Eln. Al llegar nos encontramos con que toda el área metropolitana de Cúcuta estaba dominada por la guerrilla, la Policía no salía de los puestos ni el Ejército operaba.

¿En qué fecha llegaron a Cúcuta?

Entramos el 9 de mayo de 1999 y el bloque Catatumbo el 29 de ese mes. Cuando llegaron habíamos asesinado 60 milicianos del Eln.

¿Cómo detectaban guerrilleros?

La mayoría de hombres que pertenecían al frente Frontera fueron parte del Eln y las Farc. Ellos sabían. Otros datos nos los entregaban las mismas autoridades. A oficiales de la Policía y el Ejército, que fueron retirados o expulsados, les pasaban las listas sus ex compañeros; y en el DAS también hacían labores de inteligencia y nos entregaban información porque no querían capturarlos y tener que soltarlos al año.

La Fiscalía formó una comisión especial para investigar la violencia sexual de las Auc en el Catatumbo.

Si un grupo armado, por fuerte que sea, no tiene el apoyo de la población civil, no crece. Éramos amigos de todo el mundo. Nunca nos echaron la ley. De Cúcuta bajaban los comerciantes a verme.

Eso no los exime de los abusos sexuales.

Le pido a los que se hayan sentido afectados que denuncien. No me haré responsable, ni por línea de mando, de algún caso de violación porque lo tenía totalmente prohibido en el frente.

Pero ustedes cometieron muchos excesos.

Nunca lo he negado. Somos campesinos que no nos preparamos pa’la guerra. En muchas partes se trataban de controlar los excesos pero eso es imposible, ni siquiera el Estado legalmente constituido puede.

Las víctimas reclaman por sus atropellos.

Algunos sufrieron muchísimo, pero la gran mayoría se benefició.

Según usted, su bloque no era de asesinos sino de ángeles.

No puedo justificar la muerte de personas, pero combatimos un enemigo que teníamos. ¿Se cometieron errores? Sí, como pasa en todo, pero la gente nos veía en la calle y no salía corriendo. Los ganaderos nos decían: ‘Si nosotros le tenemos que pagar impuestos al Gobierno, y aquí lo que impera es un Estado subversivo, ¿por qué no les vamos a pagar a ustedes que le están dando tranquilidad a la región?

¿Cuántos homicidios han reconocido ?

Entre 2.000 y 2.500 personas.


¿Y de su mano, usted cuántas personas asesino?

No sé, unas 80 ó 100.

¿Hubiera podido darse un final para las Auc distinto a la desmovilización?

Esta organización se desmovilizó cuando estaba en su apogeo político, militar y financiero. Militarmente nunca nos hubieran derrotado. En muchas regiones los militares confabulaban con nosotros. Fueron varios los millones de dólares en operaciones bélicas que le ahorramos al Estado. No es un secreto que en Urabá las operaciones las hacíamos en conjunto con el Ejército. Las autodefensas entraban a la Brigada XVI, y si iban 200 militares en una operación, 200 autodefensas los acompañaban.

¿Vio alguna vez al general (r) Rito Alejo del Río?

En Urabá, personalmente, no. Lo vi sólo una vez en Norte de Santander, en una reunión con el director seccional del DAS, Jorge Díaz. Eso fue como en 2002. Me sorprendió verlo, lo saludé y ya.

¿Y qué sabe de otros oficiales?

He mencionado a un resto de mayores, capitanes y tenientes que nos colaboraron en Norte de Santander. Unos fueron expulsados del Ejército y llegaron a las autodefensas. Se han ido lanza en ristre contra el Ejército, pero, ¿y la Policía? ¿Cómo explica la Policía la poca cantidad de autodefensas que capturaron mientras estuvimos en Cúcuta, con esa cantidad de muertos diarios?

Las fosas de Norte de Santander

Hace un par de semanas El Iguano fue trasladado de la cárcel La Picota, donde se encuentra recluido, a la cárcel de Cúcuta. La Fiscalía lo requería en esa zona para continuar con un trabajo que comenzaron hace cuatro años: la recuperación de los muertos que dejó la violencia paramilitar en Norte de Santander.

Hasta la fecha, la Fiscalía sólo ha podido recuperar los restos de 69 personas. En Cúcuta, El Iguano se reunió con desmovilizados que estaban bajo su mando para conseguir más información sobre fosas, pero los familiares de las víctimas también han sido de gran ayuda en este proceso. Las denuncias de desaparecidos, una vez se desmovilizaron las Auc, ha aumentado considerablemente en esta región.

Los macabros detalles de los hornos ‘paras’

Aunque El Iguano y Salvatore Mancuso habían mencionado escuetamente la siniestra práctica de los hornos para desaparecer a sus víctimas, el desmovilizado que le entregó la mayor cantidad de detalles a la justicia sobre este asunto fue Armando Rafael Mejía Guerra, alias Hernán.

El ex paramilitar confesó que, incluso sin hornos, las personas asesinadas eran cremadas entre llantas de carros para desaparecer su rastro, pues el afán de las autodefensas era que la Fiscalía no diera con sus fosas comunes. Según él, la orden de sus superiores era dar de baja al que permitiera que las autoridades hallaran una fosa.

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