La casa de los horrores

Revelaciones en el caso de Jaycee Lee Dugard

Un par de sucias carpas para acampar, cobertizos de madera a prueba de sonido, prendas de vestir amontonadas y un viejo auto abandonado. Eso fue lo que encontraron los 20 agentes de policía que allanaron el domingo la casa de Phillip Garrido, el hombre acusado por las autoridades de California de secuestrar a una niña de 11 años y mantenerla cautiva por casi dos décadas en su patio trasero.

El lugar, de dimensiones similares a una cancha de tenis, intentaba pasar desapercibido bajo un grupo de árboles que Garrido, quien estuvo preso entre 1977 y 1988 por agresión sexual, había sembrado. “Básicamente, para adaptar el jardín, él cortó la propiedad en dos”, señaló Gordon Hinkle, portavoz del Departamento de Prisiones y Rehabilitación de California, a la prensa.

Entre los múltiples hallazgos de la Policía sobresale un Ford Granada gris en total abandono, el auto en el que, según la investigación, se habría movilizado el captor el 10 de junio de 1991, día en que Jaycee Lee Dugard fue secuestrada mientras se dirigía a la escuela.

La conmoción se ha apoderado de Antioch, el pueblo de no más de 100.000 habitantes donde Dugard vivió privada de la libertad los últimos 18 años. “Nunca escuchamos un grito o un pedido de auxilio”, le confesó Heather McQuaid, quien vive junto a la residencia allanada, al diario The New York Times.

La víctima, quien concibió dos niñas, de 15 y 11 años, con su captor, se encuentra actualmente fuera de peligro luego de haber denunciado la semana pasada su propio rapto, una acción que llevó al Departamento de Policía del estado a reconocer que pudieron haber capturado a Garrido tiempo atrás.

“Soy el primero en criticar fallos de organización y en ofrecer mis disculpas a las víctimas. Tuvimos que ser más inquisitivos, más curiosos”, reconoció el alguacil Warren Rupf en rueda de prensa.

Garrido, quien en la actualidad se enfrenta a 29 cargos, entre ellos secuestro con intento de violación y agresiones sexuales, en una entrevista a un canal de televisión local dijo sentirse aliviado y realizó una impactante confesión: “Esperen a escuchar lo que ocurrió en la casa. Es algo repugnante que me ocurrió al principio, pero cambié mi vida por completo”.

 Esta vez los oficiales tomaron atenta nota. Con las pruebas recogidas en su casa intentan determinar si el acusado participó en la muerte de nueve mujeres, la mayoría de ellas prostitutas, entre 1998 y 2002, cuyos cuerpos sin vida aparecieron con signos de violación en las áreas industrializadas de Pittsburg y Bay Point, ciudades cercanas al pueblo de Antioch.

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