Facebook no sube al cerro

La oposición venezolana aprendió durante los últimos cuatro años que las convocatorias en contra de Chávez deben tener un buen motivo.

“Facebook no sube cerro”, comentaba, moviendo la cabeza, un quiosquero caraqueño la mañana del viernes cuatro, a la vista de la escasa asistencia a la marcha convocada desde Colombia a través de diversas redes sociales de internet. “La de mañana —sábado 5— sí va estar buena”. En efecto, la concentración caraqueña no guardó proporción alguna con la muchas veces probada capacidad de movilización de los sectores opositores venezolanos.

El dictamen del quiosquero alude al cerro caraqueño El Ávila y a la sabiduría convencional que afirma que las diatribas, denuncias, consignas y, para el caso, las convocatorias que circulan en la red no llegan fácilmente a los sectores más desposeídos —entre quienes Chávez aún goza de gran predicamento—, asentados desde hace más de cinco décadas en las montañas que rodean la capital venezolana.

Si bien es cierto que la “marcha Facebook” caraqueña no llenó las expectativas de récord mundial Guinness que animaron a los organizadores colombianos, y sin duda a sus epígonos multiplicadores venezolanos, el juicio del quiosquero deja afuera otros factores que vendrían a explicar la poca afluencia de manifestantes. Para empezar, está la consigna “No más Chávez”: resulta para muchos venezolanos, incluso para acérrimos opositores, absolutamente anacrónica. Diez años con Chávez parecen haber curtido a factores de peso en el movimiento opositor.

Conviene recordar que las multitudinarias marchas que caracterizaron el período 2001-2002 fueron convocadas con el espíritu de forzar la renuncia de Chávez. Ello casi fue posible en las jornadas de abril de 2002, cuando una marcha de magnitud nunca antes vista y que tuvo un desenlace sangriento, precipitó un pronunciamiento militar y la renuncia del primer mandatario. Como es sabido, Chávez estuvo fuera del poder menos de 48 horas y, a partir de ese momento, desarrolló una aversión muy explicable a las manifestaciones en su contra. Una aversión que muchos creen emana del temor de verse de nuevo en un escenario tan “bielorruso” como el registrado en 2002.

Aquellas marchas mostraban una composición que, descritas con los políticamente incorrectos términos de clase y raza, lucían consistentemente integradas por clases medias-medias y altas. Y por lo que la sorna caraqueña llama “gente blanca y de trato”. Sin embargo, hace ya mucho tiempo, y muy ostensiblemente desde las jornadas que precedieron al referéndum constitucional de diciembre de 2007 —que Chávez perdió—, que las marchas dejaron de ser un evento “oligarca” y comenzaron a atraer, cada día más, a sectores populares desencantados del “socialismo del siglo XXI”. No creo exagerar al decir que, en los tiempos que corren, las manifestaciones de protesta agrupan, por partes iguales, a tantos “escuálidos” —voz acuñada por Chávez para referirse a sus adversarios— como “desdentados”, voz esta que no necesita interpretación.

¿Por qué digo que resulta anacrónica la consigna de Facebook? Porque los últimos cuatro años han sido, para la oposición, los de un duro aprendizaje que comenzó a dar sus frutos en diciembre de 2007. La lección ha sido que sin cortejar el cada vez más descontento universo elector chavista no es posible avanzar. Y que, aun contando con el ventajismo y el descomunal poder de intimidación y extorsión del voto, Chávez ha sido derrotado en dos ocasiones para él cruciales. Que no haya reconocido los resultados de las elecciones regionales de noviembre del año pasado no es sino muestra de que la política electoral y de masas emprendida por la oposición ha dado mejores resultados.

Hasta 2005, cuando los partidos y las organizaciones opositoras cometieron el error garrafal de boicotear las elecciones parlamentarias, entregándole así a Chávez el último bastión de institucionalidad que le quedaba por perder, la consigna implícita había sido un imperioso “Chávez, vete ya”, apenas una variante semántica del “No más Chávez”. Esa política ignoraba, deliberadamente o no, el dato duro de que existía un vasto electorado chavista, encargado de refrendar una y otra vez, en elecciones en las que muy claramente imperó el ventajismo y la extorsión del voto por parte del gobierno, pero que no necesitaron de un nunca probado fraude electrónico para darle el triunfo al Comandante.


“Hicieron las trampas acostumbradas en América Latina —observó en su momento Joaquín Villalobos, ex comandante guerrillero salvadoreño durante los años 80 y hoy un perspicaz analista internacional—; además, acarrearon más electores porque los tenían”. Las cosas comenzaron a cambiar en el curso de 2007, año en el curso del cual Chávez perdió tres millones y medio de los electores que lo habían reelegido presidente apenas en diciembre de 2006. Nada indica que los haya recuperado.

La razón está clara para muchos: los desdentados aprueban a Chávez, lo encuentran “bacano”, pero desaprueban cada vez más sus propuestas estatizantes, corrupción de sus funcionarios, el militarismo y la delirante pugnacidad de su política exterior. Cada uno de esos reveses electorales, en especial los de 2008, nunca reconocidos por la vocación tiránica y antidemocrática de Chávez, ha venido precedido de intensas movilizaciones cada día más “policlasistas”, valga la palabreja.

De allí que la convocatoria para una marcha a realizarse ayer, al día siguiente de la “manifestación Facebook”, contase con más aceptación entre los caraqueños. La consigna era mucho menos vagarosa: se trataba de mostrar repudio a la intimidación que encierra la explícita amenaza del fiscal general, Luis Ortega Díaz, de criminalizar la protesta al solicitar penas de prisión que llegan hasta los 14 años de reclusión para quien manifieste desacuerdo con las leyes que la Asamblea Nacional aprueba sin mayor debate.

Tal como ocurrió el 22 de agosto. Los manifestantes mostraron su repudio a una Ley de Educación que vastos sectores encuentran atentatoria de la libertad de enseñanza. La marcha fue brutalmente reprimida, con abultado saldo de heridos y asfixiados por el gas lacrimógeno. Otra manifestación de trabajadores de la Alcaldía Mayor, más reciente, dejó el inquietante saldo de varias detenciones arbitrarias.

Los manifestantes no reclamaban la salida de Chávez: exigían el pago de pasivos laborales. El prefecto de Caracas, Richard Blanco, acompañó a los manifestantes y fue arrestado. Se le imputó haber azuzado la violencia contra un agente de policía. Los videos muestran que, por el contrario, el prefecto protegió al uniformado cuando iba a ser agredido. El prefecto y los obreros manifestantes, también detenidos y puestos a la orden de un tribunal, aguardan audiencias en dos de las cárceles más peligrosas del país.

La criminalización de la protesta, que en estos diez años ya ha afectado a más de 2.200 venezolanos sujetos a procesos judiciales por manifestar sus pareceres, se añade a las amenazas ya materializadas contra la libertad de expresión. Un buen motivo para convocar una marcha que, al momento de escribir esta nota, promete “subir cerro”.

 * Escritor, columnista y periodista venezolano

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2009-09-05T20:59:00-05:00

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Ibsen Martínez * / Especial para El Espectador

El Mundo

Facebook no sube al cerro

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