Mirando al centro de Santa Marta

El programa de recuperación de centros históricos del Mincultura empieza a dar frutos.

Ahora, recorriendo el centro de Santa Marta se encuentra otra ciudad. Al caminar por las calles adoquinadas y las plazas abiertas e iluminadas, es difícil recordar el barullo, las chazas de vendedores por todas partes y, lo más molesto: los vehículos parqueados sin espacio para caminar que dejaban a los visitantes una sensación de ruina, desorden y ahogo.

La ciudad luce impecable y elegante. La recuperación del espacio público —hermosas plazas que habían sido convertidas en parqueaderos—, las calles con adoquín rojo y el nuevo mobiliario urbano que evoca otros tiempos, resalta las construcciones coloniales con techos de teja de barro. Ahora se ven esas pequeñas casas de bahareque con ventanales de madera donde alguna vez vivieron los sirvientes de los grandes señores y los pequeños artesanos. Este puerto, uno de los más antiguos de América, no tiene el imponente señorío de Cartagena, pero es una combinación de grandes casonas con habitaciones menos ostentosas donde se aloja una población que todavía habita el centro y se sienta en mecedoras frente a las puertas cuando cae la tarde.

Santa Marta primero al centro

El pasado diez de diciembre el alcalde Juan Pablo Díez Granados, en compañía de la Ministra de Cultura y del vicepresidente inauguraron las obras. Nueve años después de haber declarado a  Santa Marta ciudad piloto junto a Barranquilla y Manizales; de haber invertido $22 mil millones por parte del Gobierno Nacional; del trabajo acucioso de un maestro de la arquitectura, el fallecido italiano Giorgio Lombardi (quien asesoró al equipo local de la Corporación Centro Histórico de Santa Marta  (Corpocentro, en el proyecto Plan Centro); del esfuerzo de años de los miembros de la Dirección de Patrimonio; de la ejecución de la obra de Carlos Cabal (ganador del concurso de la Sociedad de Arquitectos para ejecutar los diseños) y del apoyo de la dos administraciones de Santa Marta, se hace realidad lo que parecía un universo de recomendaciones, planos, normas y presupuestos.

“En realidad, estas obras que entregamos —cinco plazas y cuatro calles peatonales— son una primera fase del Plan Centro que se diseñó con la dirección de Lombardi”, explica Carlos Cabal, quien cuenta que el centro urbano de Santa Marta tiene un tejido urbano que viene de un diseño ordenado por la Ley de Indias, que exigía una retícula precisa. Tanto Cabal como la arquitecta Mónica Villalobos, quien trabajó de la mano de Lombardi, explican que una de las decisiones más importantes que se tomaron a la hora de hacer el diseño inicial fue, precisamente, respetar el trazado histórico e intervenir las superficies del espacio público para resaltar la arquitectura patrimonial y devolver el valor social de los espacios.

En el proceso era necesario respetar las características del centro, es decir, los anchos de las calles y de las plazas, devolverles a estos espacios su naturaleza peatonal “y que el mobiliario urbano, sin ser antorchas y bahareque, estuvieran inspiradas en diseños de época”, afirma Leonor Gómez, coordinadora del grupo de protección de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, quien afirma también que “por esto, además de los 88.000 metros cuadrados de trabajo, hay que complementar con un sistema de transporte masivo diseñado por la Alcaldía de la ciudad, que por cierto Carlos Vives bautizó Transamario y es el siguiente paso”, explica Gómez.

“Los samarios recuperamos nuestro centro no sólo para los turistas, sino para encontrarnos de nuevo ahí, para vivirlo, pues era una selva, y para recuperar la dignidad”, explica Rafael Méndez, arquitecto que participó en este proceso. Sin embargo, todavía hay desperfectos que generan inconformidad entre los habitantes del centro por malos olores provenientes de los desagües sobre la carrera cuarta. Al respecto, Gómez explicó que “debido al estrecho espacio de esta calle durante las obras se rompió una de las acometidas que llevan las aguas negras al tubo central, pero es un problema de fácil y próxima solución”.

Barranquilla mira al río

Uno de los grandes problemas de recuperación de centros históricos en el mundo es que las ciudades que tienen espejos de agua terminan convirtiéndolos en sus cloacas y Barranquilla —que nació al lado de Bocas de Ceniza y que es uno de los principales puertos del país—, no es la excepción. Así que una de las principales necesidades de esta ciudad era recuperar la zona del río y del puerto entregada a las actividades comerciales y toda la zona aledaña que se había perdido entre la indigencia y el abandono.

El centro de esta ciudad, que no es tan antiguo como el de Santa Marta, se caracteriza por una arquitectura enriquecida por las migraciones, con estilos republicanos, mozárabe e influencia italiana en las edificaciones. Verdaderas joyas escondidas tras el paso del tiempo y el desinterés.

En esta ciudad, igual que en Santa Marta, la prioridad es recuperar el espacio público. “El año entrante entregaremos la primera plaza, que es la de San Nicolás, con $6 mil millones que puso el Gobierno Nacional y $2.500 millones que aportó la Alcaldía de Barranquilla”, afirma Gómez. Así, la recuperación de la antigua Aduana, convertida en la Biblioteca y el Parque Cultural del Caribe, se articula con el proyecto de recuperación del centro históricos que mostrará una zona de Barranquilla a donde hace poco más de una década sólo se iba por necesidad.

Con estas dos ciudades y Manizales, que también recuperó una de sus calles, se entrega al país uno de los proyectos culturales más ambiciosos: uno que mira al centro, a la historia, al patrimonio y la dignidad de las poblaciones.

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Sara Araújo Castro

Cultura

Mirando al centro de Santa Marta

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