Cuando el amor mata

Los crímenes pasionales cobran cada vez más víctimas en el país. Los celos compulsivos son un mal patológico que requiere ayuda profesional.

Desde que la razón motivó al ser humano a escribir, el amor ha sido el tema que más páginas ha llenado. Libros, canciones y poesías han reflejado durante la historia la existencia de aquel sentimiento sublime y junto a él, el temido desamor.

La literatura ha atestiguado infinidad de historias románticas, desde Romeo y Julieta, famosos personajes de la obra del legendario Shakespeare, que ante un amor imposible deciden abandonar este mundo para gozar de su idilio por la eternidad. Y otras más desaventuradas como El Túnel, de Ernesto Sábato, que narra un crimen pasional guiado por los celos de Juan Pablo Castel. El protagonista confiesa a los lectores en las primeras páginas que mató a la única persona que lo pudo entender, María Iribarne.
Sin embargo, las tragedias de amor no sólo se limitan a las páginas literarias, últimamente también se están robando las hojas de los diarios del país. Los crímenes pasionales, guiados por los celos, cada vez cobran más víctimas. El fenómeno de la celotipia se está convirtiendo en una realidad cotidiana en Colombia.

Todo empieza como un cuento de hadas, donde el apuesto príncipe conquista a su esplendorosa princesa y deciden unir sus vidas. Pero, ¿hasta qué punto puede llegar el “amor” de una persona para matar a quien le juró fidelidad eterna? Pareciera que aquel sentimiento puro y sincero tuviera la capacidad de transformarse para algunas personas en una pesadilla.

Durante los 10 primeros días de este año se han registrado tres casos de violencia por causa de los celos. El 1° de enero, la diseñadora barranquillera Clarena Acosta Gómez fue asesinada por su ex esposo, Samuel Viñas. Tres días después, en Bogotá, Olga Lucía Galindo, de 19 años, fue atacada por su ex novio, Ernesto Vásquez, de 54 años, quien después de una discusión le roció gasolina y le prendió fuego. La joven se encuentra recluida en un centro hospitalario recuperándose de las quemaduras de tercer grado que abarcan el 70% de su cuerpo.

El caso más reciente ocurrió este viernes 8 de enero en Garzón, Huila. Wilson Bolaños, un adolescente de 16 años que se disparó luego de asesinar a su novia, Marcela Carolina Martínez, de 14 años, con quien sostenía una relación clandestina. Las cifras son reveladoras. En Cali, por ejemplo, han aumentado las denuncias de sucesos de violencia intrafamiliar. En el último año se registraron más de 10 mil, según reportes de la Secretaría de Salud.

Muchos de estos eventos están relacionados con una patología denominada celotipia. Se trata de un trastorno mental que imposibilita el control de los impulsos negativos o violentos sobre la pareja. Quien la padece suele fantasear con una realidad en donde, por lo general, crea un tercero imaginario y ejerce el papel de víctima de un supuesto engaño. La celotipia sólo puede ser tratada por especialistas, mediante psicoterapia.

A pesar de que en Colombia aún no existen estadísticas sobre esta enfermedad, cada vez es más notorio el aumento de los casos. El 3 de octubre de 2009 fue encontrado en un potrero en Ibagué el cuerpo descuartizado de Érika Generis, esposa del coronel José Joaquín Aldana, ex comandante de la Policía de Tolima, quien se entregó semanas después de cometer el crimen.

Un año atrás también ocupó las páginas de los diarios del país el caso de la barranquillera Yamilce Arámbula, quien le quitó la vida a su esposo, Wilger Carreño Poveda, después de haberlo amenazado en repetidas ocasiones. Actualmente Arámbula está siendo procesada por la justicia.

Estos trágicos sucesos parecen desenlaces sacados de las más crueles historias de amor de la literatura. Por ahora lo único cierto es que para prevenir estos crímenes hay que estar alerta y detectar los indicadores de la celotipia a tiempo. Es la única forma en la que es posible prevenir nuevas muertes.


Amores peligrosos

El psicólogo argentino Walter Riso investigó ocho tipos de amores peligrosos y publicó un libro sobre el tema. Muchos de estos amores son fruto de la manera disfuncional como se relacionan algunas personas con los demás, otros tienen un componente genético. Lo cierto es que es posible identificarlos cuando está comenzando la relación y evitar una tragedia:

1. Amor hostigante: se busca ser el centro de atención de la pareja.

2. Amor paranoide: la persona piensa que la van a lastimar y está a la defensiva todo el tiempo.

3. Amor subversivo: se ve a la pareja como una fuente de autoridad, pero existe la necesidad de rebelarse.

4. Amor perfeccionista: la espontaneidad es vista como falta de autocontrol.

5. Amor narcisista: el egoísmo protagoniza la relación.

6. Amor antisocial: cuando se desprecia al otro.

7. Amor esquizoide: es la máxima expresión de indiferencia.

8. Amor caótico: se ama a alguien y al segundo se odia.

Los celos y la literatura

“Puede que haya amor sin celos, pero sin celos no hay literatura”, dijo alguna vez el escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes en 1999 y cuya última obra, La casa de Dostoiewsy, es un tratado de amores —o desamores— por celos que va por debajo de la trama principal: la de un poeta cuyos pasos son guiados, fundamentalmente, por el amor.

Nutrieron la obra de William Shakespeare, sobre todo con Otelo, una pieza teatral inmortal que ha sobrevivido al paso del tiempo y que plantea la reflexión acerca de los celos humanos, la intriga y la desconfianza como fieras agazapadas que esperan el momento oportuno para lanzarse sobre el corazón del hombre y así darle un certero zarpazo.

Los celos, 400 años más tarde, se apoderaron de Juan Pablo Castel, en El túnel, de Ernesto Sábato, desde su primera línea, cuando el protagonista admite que mató a su amada, María Iribarne. La asesinó porque no soportaba que fuera deseada, soñada o querida por otro.

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