Médicos predican pero no aplican

Los niveles de tabaquismo, consumo de alcohol, sedentarismo y mala nutrición son mayores en estudiantes de último año de medicina que entre primíparos.

“Si queremos pacientes saludables, necesitamos médicos saludables”, dice John Duperly, internista de la Fundación Santa Fe y profesor de la Universidad de los Andes. Hace cinco años, en colaboración con el Centers for Disease Control and Prevention y la Universidad British Columbia se dio a la tarea de investigar los estilos de vida de los estudiantes de medicina en el país.

En el Congreso Colombiano de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, que se lleva a cabo en Cartagena, presentó algunos de los resultados obtenidos hasta ahora al evaluar 2.166 estudiantes de medicina de 24 facultades de salud. El diagnóstico no es nada alentador.

Los estudiantes de medicina, que en unos pocos años tendrán a su cuidado la salud de los colombianos, no sólo tienen una alta frecuencia de hábitos poco saludables como sobrepeso, obesidad, sedentarismo, consumo de alcohol y tabaco, sino que en el transcurso de la carrera la situación empeora.

En el caso del tabaquismo, el 17,6% de los hombres y el 9,5% de las mujeres fuman durante el primer año de la carrera y al terminar sus estudios los porcentajes se han elevado a 28,2 y 13,6%, respectivamente. Algo similar ocurre con el consumo de alcohol (más de dos tragos por día), que en los hombres se duplicó y en las mujeres pasó de 10 a 16%. En cuanto a la obesidad y el sobrepeso, en las mujeres se mantienen los niveles, pero entre los hombres se observó un significativo incremento del 14 al 25%.

“La explicación para este fenómeno posiblemente sea el estrés al que están sometidos los estudiantes, la falta de tiempo, un pénsum que no está orientado a este objetivo y la falta de apoyo psicológico para manejar su propia salud”, explicó Duperly.

Con la premisa “médicos sanos igual a pacientes sanos”, los investigadores buscan incentivar y apoyar a las facultades de medicina para que implementen estrategias de vida saludable entre los estudiantes. Los novatos de la Universidad de los Andes han tomado la iniciativa. Lo primero que aprenden, durante la primera semana de clases, es a cuidar su salud. Cambiar de hábitos es la mejor manera de prevenir las enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes y los males cardiovasculares, responsables del 80% de la morbi-mortalidad en todo el mundo.

“Para lograr que los pacientes cambien los hábitos con los que han vivido gran parte de sus vidas se necesitan médicos con buena credibilidad y con la capacidad de dar una consejería efectiva”, concluye Duperly. “Lo importante no es sólo lo que le dice el médico al paciente, sino lo que éste percibe cuando entra al consultorio. Si ve un médico barrigón, fumador, medio dormido, enfermo, el paciente recibe un mensaje que no es coherente con lo que le recomiendan. En cambio si el médico es delgado, no fuma, se alimenta bien, naturalmente cuando habla de estilos de vida saludables resulta más convincente”.

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