Un día sin ‘ellos’

¿Qué pasa si los inmigrantes se quedan en casa? En cuatro países europeos, miles de inmigrantes llamaron al boicot.

“Un pacífico y colorido fantasma recorre a Europa”, escribió el martes Vittorio Longhi, periodista del diario inglés The Guardian, al referirse a los miles de inmigrantes indocumentados que en cuatro países europeos se levantaron en protesta contra la discriminación y la exclusión.

No era la primera vez que su malestar se sentía. En Francia, la precaria situación de los “sin-papeles” y el controvertido debate de la identidad nacional había levantado el ánimo de millones de inmigrantes que, durante los últimos meses, expresaron de variadas maneras su inconformidad frente al rechazo y los abusos de sus derechos fundamentales.

El malestar, sin embargo, parece haber pasado a un nivel organizativo superior. Emulando al movimiento de inmigrantes en Estados Unidos, que en 2006 marchó en masa en las principales ciudades del país demandando inclusión e igualdad de derechos, el colectivo 24 horas sin nosotros, nacido en Francia y rápidamente exportado a Italia (en grado menor también a Grecia y España), organizó el pasado 1° de marzo la primera jornada sin inmigrantes en la historia del continente. El comité, con el apoyo de varios representantes sindicales, les propuso a los inmigrantes en Francia, Italia, Grecia y España evitar, durante 24 horas, participar en cualquier tipo de actividad económica para demostrar así el aporte positivo y la importancia de la inmigración en el país.

El resultado: miles de rostros, africanos en su mayoría, llenaron las calles de París. En Italia, más de sesenta ciudades se unieron a la jornada. En las plazas se daban clases de árabe y en el cielo flotaban globos amarillos, mientras que el mensajes se repetía una y otra vez en algunos medios: “Imagine un lunes con el metro vacío, donde el trabajo se detiene, y en los restaurantes dejan de cocinar. Imagine universidades sin profesores ni estudiantes, y reuniones que no pueden llevarse a cabo porque la gente está en casa. ¿Imposible? Eso es exactamente lo que pasaría si los inmigrantes y sus descendientes —un 12% de la población francesa— dejara de trabajar un día”, reflexionaba la revista Le Point.

“Con esta iniciativa, la gente comprenderá que nuestra presencia contribuye a la economía del país y que nosotros lo representamos de manera política, económica y cultural. Creemos que la inmigración es una riqueza y una necesidad. Francia se construyó gracias a sus inmigrantes y para que nuestro país funcione se necesita de todos: desde quienes caminan por las calles hasta los que trabajan en los ministerios”, le dijo a El Espectador  Nadia Lamarkbi, periodista y organizadora del evento.

Desde el mediodía, un enorme grupo de inmigrantes bailaba en París al ritmo de tambores y maracas justo en frente de la alcaldía. “Sarkozy no está aquí, Besson no está aquí, aquí estamos nosotros, los ‘sin papeles’”, repetían varias veces, exigiendo de una vez por todas una ley justa para todos.

“Aunque vivir indocumentado sigue siendo un riesgo, nosotros seguimos luchando para que el gobierno francés nos ayude a la regularización. No somos delincuentes, pagamos impuestos, cumplimos las reglas de cualquier ciudadano. Nuestros abuelos lucharon y murieron por Europa, nosotros tenemos todo el derecho de estar aquí”, asegura Fofanabakary, inmigrante senegalés, quien vive en Francia indocumentado desde 2001.

Aunque muchos de los “sin papeles” continuarán luchando por quedarse en Francia cueste lo que cueste, el panorama no es alentador. El año pasado el gobierno francés expulsó a 29 mil extranjeros en situación irregular, una cifra superior al objetivo establecido, la situación en los diversos banlieue parisinos empeora y la estigmatización y el rechazo genera cada vez más incertidumbre y preguntas.

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