“Vi olas de diez metros”

Regiones apartadas de Chile fueron borradas del mapa por el mar, que se llevó a mucha gente.

Una espesa columna de humo gris producto de incendios intencionales en medio de viaductos y edificios en ruinas, grupos de vecinos constituidos en milicias ciudadanas de autodefensa armados con palos, rifles y hasta una cimitarra ante rumores de supuestas turbas que nunca llegaron y que asaltarían los barrios residenciales, así como vehículos blindados con ametralladoras marca mowag para el transporte de tropas del Ejército y soldados vestidos de camuflaje instalándose en puntos clave para evitar saqueos de grandes tiendas y supermercados, daban en las últimas horas a Concepción, 519 kilómetros al suroeste de Santiago, el aspecto de una ciudad en guerra, o del escenario de una película de Roland Emmerich, Independence Day, El día de mañana y 2012.

A ello se sumaba una larga y lenta columna de automóviles escapando de la tercera urbe de Chile, desprovista de energía eléctrica, agua potable, gas, alimentos, gasolina y otros artículos de primera necesidad desde las 3:34:12 horas del sábado 27, cuando el violento terremoto magnitud grado 8.8 de Richter sacudió Chile. Las imágenes de otras ciudades como Talca, Linares y Curicó, y de localidades costeras, son dantescas.

La escala de Richter mide la energía liberada en el foco o hipocentro, donde se produce el choque de las placas tectónicas, en este caso de la oceánica de Nazca y la continental Sudamericana, exactamente bajo la localidad costera de Cobquecura, que quedó destruida en el 95%.

Los efectos fueron cataclísmicos en las regiones del Maule, capital Talca, 257 kilómetros al sur de la capital chilena, y del Biobío, capital Concepción, que el martes seguían sufriendo réplicas de hasta seis grados de Mercalli, la escala que mide los efectos del terremoto en números romanos. Durante el sismo del sábado marcó grado IX en las regiones del Maule y Biobío y grado VIII al norte, hasta Santiago, y al sur, hasta Temuco.

Hora tras hora aparecen en Santiago edificios nuevos en barrios populares o de clase media con daños estructurales, mientras los antiguos o de barrios residenciales acomodados resistieron sin mayores complicaciones.

La presidenta Michelle Bachelet dijo que “nunca en la historia de Chile se había registrado un terremoto de la magnitud ni la extensión” del sufrido la madrugada del sábado. Hasta ahora habían sido más bien ciudades las afectadas, pero nunca tantas regiones involucradas. “Dada la extensión, siempre lo que se haga va a parecer insuficiente”, agregó la mandataria ante las críticas por la lentitud de la ayuda.

Al mismo tiempo anunció que 11.850 efectivos del Ejército y 2.131 de la Armada (como se denomina en Chile a la Marina) se encuentran ya en Maule y Biobío para protección de orden público, sanidad y distribución de alimentos. Dijo también que cincuenta aeronaves están operando en un puente aéreo y que dos fragatas y una barcaza de la Armada están recorriendo el borde costero.

La directora de la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi), Carmen Fernández, anunció la distribución de 5.000 viviendas de emergencia en las zonas más afectadas e informó de dos millones de damnificados y 723 muertos, correspondiendo éstos a las regiones de Maule (544), Biobío (64), O’Higgins (48), Metropolitana (38), Valparaíso (16) y Araucanía (13).  El total de viviendas destruidas o dañadas es de un millón y medio y la cantidad de desaparecidos indeterminada.

La magnitud de la tragedia se fue conociendo de manera lerda, como el despertar de un gigante que en su arrogancia se negaba a aceptar de inmediato la oferta de ayuda internacional que ahora solicita con urgencia: teléfonos satelitales, puentes, hospitales de campaña con capacidades quirúrgicas, donaciones en dinero, equipos electrógenos, sistemas de purificación, particularmente de agua salina y sistemas autónomos de diálisis. Hillary Clinton estuvo este martes algunas horas en Chile y trajo ayuda tecnológica para facilitar las comunicaciones, que colapsaron las primeras 24 horas después del movimiento telúrico.

Hasta el lunes en la tarde la televisión comenzó a mostrar imágenes y testimonios desgarradores que demostraban que tras el terremoto, el mar se replegó en medio de la oscuridad de la noche y volvió en forma de varias olas de 10 y hasta 15 metros, según los sobrevivientes, que se adentraron hasta tres kilómetros en el litoral del Maule y Biobío borrando literalmente del mapa no sólo a Cobquecura, sino a balnearios como Pelluhue y Curanipe, hacia el norte y Dichato, hacia el sur, además de los puertos de Constitución y Talcahuano, donde barcos y botes quedaron apilados entre los restos de automóviles, contenedores y casas.

En algunos lugares, los carabineros alcanzaron a alertar a la gente para que huyera a los cerros. Un capitán que mostraba un poblado costero convertido literalmente en astillas, decía: “No sabemos cuántos son los muertos; quizá cuántas personas hay bajo los escombros”. En Constitución, en una isla fluvial en la desembocadura del río Maule, había un camping con cerca de 300 personas entre adultos y niños a la espera al día siguiente de celebrar una “noche veneciana”; un testigo dice que tras el terremoto alumbraban con sus celulares, luego vino el maremoto y desaparecieron. Ocho sobrevivieron en un árbol. Según un testigo de la tragedia: “El mar se recogió y de repente vi olas de hasta 10 y 15 metros. Yo alcancé a correr a un lugar más alto. Miles no lo lograron”.

El terremoto de Chile redujo la duración del día

Según los científicos, los terremotos muy fuertes causan que la Tierra se desplace, modificando no sólo la geografía, también la rotación del planeta. En un artículo publicado en la revista Business Week, el geofísico del laboratorio de la Nasa en Pasadena, California, Richard Gross, indicó que los terremotos pueden desplazar hasta cientos de kilómetros rocas en espacios  muy reducidos, lo cual provoca pequeños cambios, como que el día sea más corto. El terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter que estremeció a Chile provocó que el eje de la Tierra se moviera 8 centímetros, reduciendo la duración del día en 1,26 millonésimas de segundo.

No es la primera vez que se detectan cambios similares tras un sismo. El día se redujo en 6,8 microsegundos a finales de 2004 a causa del terremoto de 9,1 grados registrado cerca de Sumatra, que provocó el mayor tsunami de toda la historia.