Irak está entre dos polos

Este domingo, 18 millones de iraquíes están llamados a salir a votar en las elecciones nacionales.

Es una jornada determinante, tal como la han mostrado las decenas de bombas que han explotado como antesala en los últimos meses en el centro de Bagdad y otras ciudades. Los irquíes votarán por sus representantes al parlamento y de allí saldrá la coalición que determine quién será el nuevo gobernante del país.

Quien asuma el poder recibirá por fin, tras ocho años de ocupación, el mandato de darle marcha de manera soberana al país. Mientras que las tropas de Estados Unidos se retiran o desplazan a Afganistán, el sucesor del actual primer ministro, Nuri Al-Maliki (quien busca su reelección con el partido Estado de la Ley), determinará si el país se concentra en sus asuntos nacionales, profundiza sus nexos con Occidente o sella su alianza con Irán, país de mayorías chiitas que ve con buenos ojos que la Alianza Nacional Iraquí, de abiertas simpatías chiitas e iraníes, suba al poder. De hecho, se rumora que fue Teherán el responsable de que al menos 500 candidatos suníes fueran descalificados, con supuestas acusaciones de pertenecer al ilegalizado partido Baath, del depuesto Sadam Hussein.

EE.UU., que sabe lo que se juega en estas elecciones, ha manejado la situación con prudencia. Según las últimas encuestas, los moderados nacionalistas liderados por Al-Maliki lideraban la intención de voto.